Carlos Roque Sánchez
Desmontando el “mundo Miura”. Mito y realidad (y 3)
(Continuación) Y si bien le digo que no es cierta dicha asociación entre peligro y color de capa, no lo es menos que la idea caló en el mundo taurino y ahí permanece desde entonces como así lo prueba la expresión anterior o su variante “pasarse de castaño oscuro”, indicativas de que si el pelo del animal se pasaba en el tono del color y se hacía más oscuro, la lidia podía ir a peor.
Credulidades de la tauromaquia. Tanto caló la expresión, que del mundo taurino pasó a formar parte del léxico de la vida cotidiana para designar con ella cualquier situación con dificultad o pocas posibilidades de éxito. En este contexto el Diccionario de la Lengua Española (DLE) recoge la locución ‘pasar de castaño oscuro’ (sin la preposición ‘a’) como la adecuada para referir el momento en que se sobrepasan los límites tolerables de una situación o circunstancia, desaconsejando ‘pasar de castaño a oscuro’ (con la preposición ‘a’) para significar de algo que es demasiado enojoso o grave. En este mismo sentido, el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD) explica que “de castaño oscuro” es la designación de un solo color dentro de su gama, por lo que se desaconseja la ‘de castaño a oscuro’, como si se tratara de dos colores diferentes. Descartada por indocumentada, ya en el primer tercio de varas, la categoría de naturaleza histórica, recuerden el “han matado más toreros que ninguna otra”, como explicación incierta del peligro cierto que el encaste tiene. Y hecho lo propio en el segundo, de banderillas, la de naturaleza morfológica, por ser una fantasiosa peculiaridad biológica, ya saben de la falacia del “tienen una vértebra de más”. Cambiemos una vez más de tercio y en el último, muleta y estocada de muerte, veamos si una tercera hipótesis nos puede aclarar algo sobre el peligroso instinto de este encaste Miura.
De naturaleza psicológica: “Te mira y te pega una bofetada”. Un peligro que proviene tanto de su variable comportamiento en la plaza durante los tres tercios de la lidia, que les hace ser unos astados imprevisibles, cambiantes y nerviosos; animales que exigen estar, siempre, muy atentos a ellos porque, en cualquier momento, pueden manifestar actitudes inesperadas, lo que nunca es bueno. Como de la rapidez con la que suelen reaccionar, y es que tienen algo de látigo en la facilidad con que se revuelven que les hace ser tan certeros y contundentes cuando alargan el cuello o ‘gaita’ para dar una cornada; sin duda los miuras son de los toros más ágiles que existen y difíciles de lidiar. Pero lo que de verdad les diferencia es su psicología animal, una personalidad con reminiscencias ancestrales, complementada con una enorme capacidad para aprender mucho y rápido durante la lidia, debido al “sentido” y la listeza que desarrollan. Eso al menos es lo que dicen los entendidos que de esto entienden, al manifestar que los que pastan en la dehesa de Zahariche reflejan con su escrutadora mirada, una listeza especial, una peculiar capacidad para darse cuenta de cuándo es dueño de la situación en la arena. Es como si con un simple giro de cabeza y gracias a su ‘agaitado’ cuello pasara revista a la tropa presente.
De modo que, si el torero durante la lidia se achica, el miura se da cuenta y va por él como no lo hace ningún otro cornúpeta. No, los toreros no pueden dudar ni un solo segundo en la cara de los miuras pues “saben de qué va el toreo”. Una especial agudeza y resabios para cuya justificación y explicación los entendidos utilizan, tanto teóricos argumentos de transmisión oral, como empíricos conocimientos adquiridos en el ejercicio de la praxis. Pero el caso es que no disponemos aún de hipótesis sociales y de comportamiento al respecto, por lo que en el argumentario coexisten lo racional y lo irracional, lo real y lo imaginado, el saber académico y el popular. Mejor les dejo con unas palabras del maestro Pepe Luis Vázquez (1921-2013): “Que no se dé cuenta de que le tienes miedo. Sobre todo, que no se dé cuenta, porque entonces abusa de su poder y ya no tienes dónde meterte”. Pues eso, ojito si tiene un miura delante, lidiar un toro de esta ganadería es todo un reto al alcance de muy, muy pocos matadores, por lo que le dije más arriba, lo miras, te mira y ya te pega una bofetada.
¿“Miuras” roteños? Proto-orígenes. En la charla que mantuve tras la agosteña VIII Corrida Magallánica de Sanlúcar con este viejo conocido, buen aficionado y mejor conocedor taurómaco, también salió el origen del encaste Miura en relación con la localidad costera de Rota, del que me habló largo, tendido y extenso; una interesante historia que liga animales, hombres de Dios y localidad, remontándose a, casi, los orígenes de la propia tauromaquia, no le digo más. Todo empieza a mediados del siglo XVIII cuando el sacerdote, presbítero y ganadero navarro Marcelino Bernaldo de Quirós, que por aquellos entonces ejercía su ministerio pastoral en Rota, decide traerse unas reses que poseía su familia en Tudela o Lecumberri mediante una “peregrinación dirigida” que duró seis meses. Unos animales que cruzó en 1762 con vacas y sementales de lidia que adquirió a los monjes dominicos del Convento de San Jacinto de Sevilla, que tenían a su vez mezcla de reses bravas de los frailes cartujos de Jerez, hablamos pues de “reses fraileras”. Poco después, en 1789, Don Marcelino le vendió la vacada a otro presbítero de la misma localidad, Francisco Trapero, quien la cruza con el encaste de Vistahermosa para, tras una sucesión de ventas, cruces y divisiones con otros criadores de la zona del Puerto de Santa María y Sanlúcar constituir la base de la sangre Gallardo, la primitiva casta fundacional que hoy compone el encaste único de los toros de Miura ¿Continuará?. Hasta el rabo todo es toro.
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FUENTE: Enroque de ciencia











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