Carlos Roque Sánchez
Desmontando el “mundo Miura”. Mito y realidad (1)
De la VIII Corrida Magallánica. Aunque estas líneas ven ve la luz cuando el verano astronómico está a menos de dos semanas de irse de nuestras vidas, ya veremos el estío meteorológico lo que aguanta, en realidad empezaron a gestarse hace ya algo menos de un mes durante la última, por ahora, corrida celebrada en la Plaza de Toros El Pino de Sanlúcar de Barrameda. Me refiero a la VIII Corrida Magallánica en la que se lidiaron toros del encaste que pasta en la finca de la sevillana localidad de Lora del Río; en realidad toda una miurada la de la tarde del pasado 16 de agosto de 2026 y con el ruedo, como es tradición, cubierto por la característica alfombra formada con 22 000 kg de sal de colores con la que se dibujaron mapas de la época, coordenadas del viaje, naos y otras referencias relacionadas con Magallanes, Elcano y la propia ciudad de Sanlúcar de Barrameda que, supuestamente, conmemoran la gesta de la primera vuelta al mundo. Y si esto es así la cuestión es ¿por qué lo de corrida magallánica si fue a Elcano a quien el rey Carlos I de España le concedió en 1522 el archiconocido lema, Primus circumdedisti me?
En cualquier caso, no es ese el tema, una magnífica corrida tras cuya celebración mantuve una agradable e interesante charla con un viejo conocido, buen aficionado y mejor conocedor taurómaco quien, mientras la comentábamos, me recordó alguna que otra quisicosa. Una de ellas que desconocía relacionada con el primer festejo que se celebró en esta plaza, el 1 de julio de 1900, casi a punto de acabar el siglo XVIII; en realidad fue una novillada pero de Miura y por las crónicas eran más bien novillos-toros que lidiaron dos novilleros por aquel entonces, Rafael González MACHAQUITO y Rafael Milina LAGARTIJO, que quizás le suenen. Pero como buen lector de este periódico digital mi interlocutor, pongamos que se llama Jesús, aprovechó la charla para reprenderme por el abandono en el que dejé esta saga taurina a finales de la primavera pasada, dejando en el aire aspectos de este “mundo Miura” tan llamativos como las leyendas y mitos populares asociados a la ferocidad, tamaño o peligrosidad de los morlacos que campan en la finca Zahariche, y conocidos como “los miuras”.
Decires populares miureños. Y así como la leyenda urbana acerca de la existencia de cocodrilos albinos que habitan y se reproducen en las alcantarillas de Nueva York es del todo falaz, y por ende lo son sus argumentos, la leyenda taurina del peligro de los astados Miura resulta ser del todo cierta, si bien no lo son en la misma medida los argumentos más o menos conocidos y esgrimidos ¿A qué se puede deber ésta, en apariencia, paradoja entre realidad y argumentario? Pues bien, a fin de poder aportar algo de luz al asunto y por lo que tengo averiguado dichos argumentos, falsos de toda falsedad aunque no exentos de una parte de verdad, se podrían agrupar en tres grandes categorías, de distinta naturaleza, convertidas a su vez en leyendas; a saber: de naturaleza histórica, los miuras han matado a más toreros que ninguna otra ganadería; de naturaleza morfológica biológica, los miuras tienen una vértebra de más en el cuello; y de naturaleza psicológica, los miuras tienen un carácter e inteligencia de las que otros astados carecen.
De naturaleza histórica: “Han matado más toreros que ninguna otra”. Según esta leyenda instalada en el acervo popular y una de las caras oscuras de la “singularidad miura”, el peligro del encaste está probado por el mayor número de muertes que ha producido a lo largo del tiempo en las plazas de toros. Sin dejar de lado a los que quedaron gravemente heridos o lisiados y no solo entre los matadores de toros, también entre novilleros, varilargueros, toreros de plata, monosabios o peones. Una lista que, sigo con la leyenda, es más extensa que la de cualquier otro encaste y en la que no faltan hombres de renombre. Desde “Pepete”, corneado en el corazón y muerto por “Jocinero” en Las Ventas de Madrid el 20 de abril de 1862. Hasta “Manolete”, que murió por una cornada en el triángulo femoral o de Scarpa, producida por “Islero” el 28 de agosto de 1947 en Linares (Madrid). Pasando por “El Espartero”, que murió por una cornada en el vientre que recibió al entrar a matar a “Perdigón” el 27 de mayo de 1894 en Madrid.
Lo que dicho así resulta ser solo una parte de la verdad, bien visto es más bien la mentira de la verdad y me explico. Si se estudian las estadísticas en términos relativos, no es cierto que los miuras hayan provocado más cogidas mortales que cualquier otra ganadería, aunque no lo es menos que sí lo han hecho entre los toreros más renombrados. Esa es la verdad de la mentira, no han matado a más toreros, pero sí a más de los famosos o renombrados. Por no cansarles con números, que ya saben que también mienten, me remito a las palabras de uno de los grandes, el matador de toros Pepe Luis Vázquez, “Hay otras ganaderías sin esa fama, cuyos toros han matado más toreros. La mala suerte para Miura es que sus toros han matado a figuras, y por eso suena más”.
Dicho y escrito queda, aunque en puridad habría que matizar, lo dicho por el maestro del sevillano barrio de San Bernardo era cierto antes, cuando todo torero que se preciaba de serlo, y a pesar de estar ya en figura, cumplía de forma escrupulosa con un código deontológico no escrito. (Continuará)
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FUENTE: Enroque de ciencia












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