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Carlos Roque Sánchez Carlos Roque Sánchez
Sábado, 18 de Julio de 2026

¿Hay que tomar ocho vasos de agua al día? Y más Ciencia

(Continuación) Entre las preguntas en busca de respuestas con las que me despedía la semana pasada estaban la de ¿cómo es que persiste en el inconsciente colectivo esta credulidad, si está más que demostrado que es falsa de toda falsedad? o ¿qué se nos escapa?

 

‘Mea culpa’ e intereses económicos. Bueno, pues, en primer lugar, habrá que entonar un ‘mea culpa’ pues, a pesar de la carencia de pruebas para sostenerla, incluso con pruebas en su contra, ahí sigue campando a sus anchas y gozando de buena salud como otros tantos mitos y ocurrencias, entiéndase “magufadas” del orden de: “los reptilianos existen”, el terraplanismo, “nunca estuvimos en la Luna”, el monstruo del lago Ness, o “las vacunas son perjudiciales para la salud”. Es como si la misma simplicidad de su recomendación y la aparente inocuidad de su uso debilitaran nuestra falta de escrutinio crítico, obnubilando la necesidad de buscar evidencias sólidas y haciendo que pocas personas se atrevan a cuestionar su validez. Un ejemplo más, esta recomendación cuantificadora de ingesta de agua, del escaso poder de la lógica frente a una opinión dominante, claro que, y en honor a la verdad, también han ayudado lo suyo y no poco los intereses económicos de quienes ejercen la comercialización de este líquido embotellado. En ese sentido, de nuevo la revista British Medical Journal volvía en 2011 a la carga con un artículo titulado Waterlogged?, ¿Anegados?

 

¿Qué se nos escapa? En él apuntaba a que tanta información salutífera para este consumo “litrero”, bien podía responder a determinados y concretos intereses comerciales pues puede ser que no sea casualidad que: estos “consejos” provengan de ciertos colectivos sanitarios asociados con esta industria; buena parte de los estudios, que afirman que vivimos deshidratados por falta de su consumo, estén subvencionados por los mismos actores; otras tantas comunicaciones periódicas “científicas” relativas a la hidratación, y que reciben diversos profesionales de la salud, estén vinculados a diversas empresas de bebidas. Usted mismo. A más a más, me viene a la memoria el Día Nacional de la Nutrición 2016 en España, con el lema ‘Hidratación es salud’, que estuvo patrocinado por empresas como Font Vella, Coca Cola Company, Bezoya y Nestlé-Aquarel, entre otros. Le suenan, en fin, lo evidente, la industria del agua embotellada encontró en este mito una auténtica mina de oro y naturalmente reforzó y refuerza la idea de que más agua equivale a más salud. Es así como, una interpretación errónea de un antiguo informe ha terminado por transformarse en un mandamiento casi religioso, algo aceptado sin discusión por millones de personas, incluso, por profesionales de la salud. No le digo más.

 

¿Cuánta agua debemos beber en realidad? Es otra de las pirandellianas preguntas con la que me despedía en la Opinión anterior y ni que decirle tengo que el hecho de que los “dos litros obligatorios” sea un falso mito no significa que el agua no sea vital y esencial para nuestro organismo. Todas y cada una de las células de nuestro cuerpo necesita agua para funcionar correctamente y una señal clara de si necesitamos hidratarnos nos la da la sensación de sed; es lo que nos indican tanto la ciencia como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y varias academias de nutrición que promueven un enfoque más flexible y personalizado, enfatizando la idea de que hay escuchar las señales del cuerpo. Como ya comentamos, los recientes estudios de Science (2022) demuestran que la cantidad de agua que una persona necesita consumir depende de diversos factores asociados: nivel de actividad física, clima en el que vive (temperatura y humedad), dieta de alimentación, tamaño corporal, estado de salud general o nivel socioeconómico, y la sed es la guía principal para la ingesta de líquidos. Un viejo conocido que es muy dado a responder a la gallega, aunque es aracenense, hablando de este tema me dejó esta “perla” en forma de pregunta que le traslado: Carlos, ¿cuánto hemos de parpadear para mantener una adecuada salud ocular?

 

¡Oído cocina! Evidentemente lo que le dé la gana o la que, literalmente, le pida el cuerpo y que no le cuenten milongas. Ha de beber solo por sed, no por el color de la orina ni por aquello de adelantarse antes de que aparezca la sed, porque entonces ya estaría deshidratado. Falacias. Ni litros ni vasos ni pitorro botijero, para una persona sana la sed es una guía adecuada, con solo dos o tres salvedades: los bebés, que no pueden pedir agua porque no saben hablar y lo que hay que hacer es ofrecérsela; los deportistas, naturalmente; y una parte de personas enfermas y ancianas, en los que quizás sería necesario ‘programar’ una ingesta de líquidos más allá de su sensación de sed, que se ha atenuado. Pero nada de esa hiperhidratación que la fisiología moderna y los resultados de la analítica de osmolaridad urinaria desmiente: el cuerpo humano posee un sistema de osmorregulación muy sensible y cuando la concentración de solutos en sangre aumenta apenas un 2%, muy por debajo de la deshidratación clínica, el cerebro ya activa la sensación de sed y libera la hormona necesaria para empezar a conservar el agua y que no se “vaya” por la orina. Con las excepciones apuntadas, claro. (¿Continuará?)

 

CONTACTO: [email protected]

FUENTE: Enroque de ciencia

 

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