Carlos Roque Sánchez
¿Hay que tomar ocho vasos de agua al día? Sentido común y Ciencia
(Continuación) Sentido común. Lo primero que destacó dicho estudio de primeros de siglo (2002) fue la excesiva y desafortunada simplificación que se hizo del consejo hidratante de la guía nutricional de 1945, al visibilizarlo sólo en su primera parte, ‘Una asignación de consumo diario de agua para un adulto podría establecerse en unos 2,5 litros de agua…’ y omitiendo la segunda ‘… la mayor parte de esa cantidad está contenida en los alimentos que se consumen habitualmente’. Algo de sentido común – ya sabe, esa capacidad natural para juzgar, razonar y tomar decisiones acertadas de manera espontánea en situaciones cotidianas- referido a la extensísima revisión bibliográfica de Valtin de la que, ya que estamos, aprovecho para comentarle que la “regla 8x8” debe su nombre al ya desmentido, por carecer de base científica, mito según el cual hay que beber 8 vasos de agua de 8 onzas líquidas cada uno. Nota aritmética. Dado que cada onza equivale a 29,57 ml si es estadounidense o 28,41 ml si es británica, en cocina se suele redondear a 30 ml, cada vaso tendrá una capacidad de unos 240 ml, por lo que los ocho sumarán cerca de los 2 L de marra.
Precuela bibliografía científica. Por su parte, la ciencia, ya en el siglo pasado apuntaba a que el valor del consumo humano de agua tenía matices y no era fijo y único para todos, ya que las necesidades de hidratación varían según cada persona, nivel de actividad, edad, peso, clima o alimentos que consuma. Sin embargo, y a pesar de que las bases científicas que sustentaban el aserto salutífero eran sorprendentemente débiles e, incluso, inexistentes, la creencia en esta recomendación para mantener una salud óptima ha continuado muy arraigada en nuestra sociedad a lo largo del tiempo; de hecho, es un ejemplo perfecto de cómo una recomendación científica antigua y malinterpretada se convierte en un dogma cultural. Y de ejemplo le traigo el libro publicado en 1974, Nutrition for Good Health: Eating Less and Living Longer! (“Para una buena salud: ¡comer menos y vivir más!”) de F. J. Stare y M. McWilliams donde, al final del mismo, se aborda el tema hidratante si bien algo de pasada: “¿Cuál ha de ser la cantidad de agua diaria? Es algo que generalmente está bien regulado por diversos mecanismos fisiológicos, pero para un adulto medio, alrededor de seis a ocho vasos cada 24 horas, pudiendo llegar a esta cantidad con otras bebidas en forma de café, té, leche, refrescos, cerveza, etc. Las frutas y verduras son también buenas fuentes de agua”.
Y aunque los doctores no aportaban ninguna evidencia científica en la que sustentar el beneficio de dicho consejo de tal ingesta diaria de agua, al menos explicitaban que los líquidos que consumimos no vienen solo en este formato. Una persona que tome en una comida gazpacho o sopa fría, ensalada y fruta típica de verano como sandía o melón no tendrá la misma necesidad de beber agua que alguien que se coma una paella; también “el agua se come” y cuenta. No es el único ejemplo, si bien el libro tuvo cierto éxito comercial, pero, como el resto de publicaciones del siglo pasado no caló en el ideario nutricionista, como por cierto sigue sin hacerlo en nuestros días y eso que no faltan estudios e instituciones encargadas de ello, sobre todo a partir del ensayo en American Journal of Physiology, 2002.
Secuela bibliografía científica. Desde entonces ésta no es la única voz discordante al respecto, si bien fue la primera vez en la que se rebatió con fundamento, y han aparecido unos cuantos más. Entre otros las recomendaciones del Institute of Medicine (IOM) de EEUU en 2005, sugiriendo que las cifras totales de agua deben ser de 2,7 L/ día para mujeres y 3,7 L/día para hombres, aclarando que se refiere a toda la ingesta dietética y no solo a los vasos de agua. O las del artículo ‘Medical myths’ publicado en 2007 en la relevante revista British Medical Journal que también lo pone de relieve desde sus primeros párrafos, trayendo a colación precisamente la extensa y prolija revisión antes mencionada. Y por supuesto las del Comité Científico y los Paneles Científicos de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) de 2010, estableciendo la ingesta adecuada de agua en 2 L/día para mujeres y 2,5 L/día para hombres referida al agua total, es decir, la de bebidas y alimentos. Más recientemente es un estudio de 2022 publicado en Science que utilizó la técnica de los isótopos trazadores de hidrógeno y oxígeno en una investigación en la que participaron 5604 personas de entre 8 días y 96 años, provenientes de 23 países, que demostró cómo las necesidades reales varían mucho entre las personas. Un estudio que no está aislado pues ese mismo año la revista Scientific Reports publicaba otra investigación donde se reforzaba la misma idea. Pues bien, si esto es así y no falta información acerca de esta falsa creencia, ¿cómo es que persiste en el inconsciente colectivo? ¿Qué se nos escapa? ¿Cuánta agua debemos beber en realidad? ¿Cuándo debemos hacerlo? Preguntas en busca de respuestas. (Continuará)
CONTACTO: [email protected]
FUENTE: Enroque de ciencia












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