El lienzo de Turín. Iglesia y cristianismo
(Continuación) Empiezo con una manita de apuntes “sabaneros”. Uno, la reaparición en 1499 de una tela en Lieja (Bélgica) a la que el obispo Jean de Heinsberg no solo prohibió su exhibición, sino que encargó un estudio que concluyó se trataba de una impostura. Otro, de 1877, cuando Charles Lalore, un sacerdote de la diócesis de Troyes, también certificó su falsedad, aunque reconocía su valor como objeto de culto. Estotro, siguiendo los pasos del sacerdote troyano y en 1958, nada menos que el papa Pío XII autorizaba la veneración de su imagen vinculándola a la Santa Faz. Esotro, tres lustros después, en 1973, el primer gran estudio moderno realizado, amparado nada menos y nada más que por el arzobispado de Turín, también concluía de forma mayoritaria que se trataba de una falsificación. Otro sí, en 1998, hasta el propio Juan Pablo I que fomentaba no obstante su visita, afirmaba a la vez que “la síndone no es una prueba, sino una invitación cristiana a rezar", refiriéndose a ella como una reproducción, un símbolo, una obra humana que refleja el sufrimiento de la Pasión, de forma coherente con la tradición cristiana, pero que “no es materia de fe”. Tan claro lo tenía que durante la ostensión de ese año dijo estas significativas palabras “La santidad de la Sábana es una provocación a la inteligencia”. Significativas y reveladoras de que nada de naturaleza divina. Más alto seguro que se puede decir, pero más claro quizás no. Y lo dice así porque sabe cuál es la verdad. Por cierto, a todo esto, ¿qué creen los creyentes? ¿qué papel juega el lienzo en el cristianismo?
¿Qué creen los creyentes? Ni que decirle tengo que la negativa de la propia Iglesia a aceptar su divinidad, unida al descrédito que la ciencia le concede a las especulaciones que aportan, tienen a los “sabanistas” muy, muy, contrariados. Para ellos la Iglesia está equivocada y las pruebas científicas no tienen ningún valor, de modo que no es cierto lo que una afirma y la otra demuestra, porque ellos creen otra cosa. La sábana es divina y, aunque no tienen ninguna evidencia que lo demuestre y las que existen prueban que es falsa, esa es la verdad, sencillamente porque ellos así lo creen, lo quieren creer o lo tienen que creer. Y no hay más que hablar. En esas están.
Pero éstos no son los únicos disgustos que tienen. Para más inri, a la negativa de la Iglesia y el descrédito de la Ciencia, hay que añadirle la indiferencia que muestran los creyentes hacia este objeto religioso. Unas personas para quienes la tela es algo irrelevante desde el punto de vista dogmático, al fin y al cabo, durante siglos, no han necesitado de ese símbolo para creer y pueden seguir, no les quepa la menor duda, otros muchos sin él.
Son unos cristianos que no necesitan que la ciencia les confirme sus creencias, porque, ¿qué tipo de fe sería la suya si necesitan que la ciencia le demuestre que es cierto en lo que cree? ¿qué mérito tendría entonces creer? ¿qué clase de cristiano sería? Es más, si la ciencia demuestra que un hecho es cierto, ¿qué necesidad hay entonces de creérselo? No, en este sentido los creyentes lo tienen claro. Ni la autenticidad de la Sábana Santa debe ser causa, fundamento y razón de nuestra fe. Ni el origen medieval de la misma debe conmover en lo más mínimo nuestra creencia en los Evangelios, Resurrección incluida. Algo que parece comprender muy bien la gente sencilla pero que, a estos señores, parece costarle trabajo entender.
A modo de conclusión. No le canso más y créame si le digo que entiendo las quejas de los “sabanistas” acerca de la total y absoluta incomprensión social (Iglesia, Ciencia, creyentes) en la que ellos mismos reconocen encontrarse. Pero, claro, si todas las pruebas muestran de forma tozuda que confunden deseos con realidad, ¿por qué esa insistencia en el tema? ¿por qué de forma periódica, un año tras otro, vuelven a presentarse en ciertos programas de radio y televisión, dando charlas o publicando el mismo artículo en determinadas revistas de escaso o nulo prestigio científico, por cierto, las únicas que se lo publican. Unos estudios que por lo general realizan investigadores italianos vinculados a sectores muy concretos de la Iglesia y unas revistas supuestamente científicas pero que no suelen ser de referencia en ningún campo de conocimiento cierto concreto. El resto es sabido. Los periódicos rebotan la noticia de la agencia sin más, se hace viral o no, se olvida y, pasado un tiempo, el ciclo se repite ¿Para qué? ¿por quienes? ¿se le ocurre alguna respuesta?
En cierto modo me recuerdan a los vencejos que cada primavera vuelven a anidar frente a mi terraza, pero claro ellos, los animales, tienen motivos más que vitales para hacerlo, el mecanismo de la evolución a través de la selección natural lo ha conducido hasta ahí. Sin embargo, en el caso de los “sabaneros” no tengo tan clara su naturaleza: ¿fe del carbonero? ¿innoble interés crematístico?, ¿“religioso” afán de notoriedad?, ¿deseo de una publicidad pagada para un libro, una revista, un objeto, un programa de TV, una exposición, una charla o lo que sea? No lo sé, pero todo resulta humano, demasiado humano. Mal asunto. El motivo al que las pruebas apuntan, y ya sabe que la búsqueda de la verdad exige seguir sus huellas, no es otro que el de ser el enésimo intento pseudocientífico fallido por demostrar lo indemostrable. El susodicho lienzo no es una prueba de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
CONTACTO: [email protected]
FUENTE: Enroque de ciencia












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