Quantcast
Carlos Roque Sánchez
Sábado, 28 de Febrero de 2026

Llegó con tres heridas (y 2)

[Img #280870](Continuación) Una idea que Darwin plasmó y justificó en su obra El origen de las especies de 1859 con numerosos ejemplos extraídos de la observación de la misma naturaleza; según esta teoría todas las especies de seres vivos han evolucionado con el tiempo a partir de un antepasado común, de modo que el hombre es solo un animal más. O bien dicho. No sólo no es más que cualquier otro animal, sino que ni siquiera es la cumbre de la evolución, quizás por llegar. Trato de decirles que no descendamos del mono, sino que somos monos, de hecho, uno de los muchos primos que estamos en este planeta. Una idea que muchos sienten y viven como la mayor de las humillaciones, pero lo cierto es que somos primates evolucionados y no la culminación de un proceso creativo de un ser superior. Es la segunda afrenta, en esta ocasión acerca de la vida y contra el narcisismo humano, la biológica. Volviendo al poeta español, nos lo dice en la siguiente estrofa: Con tres heridas viene: / la de la vida, /la del amor, / la de la muerte. Pero junto a esta segunda herida decimonónica, la ciencia tuvo ocasión para una tercera, y última de ellas por ahora. Me refiero al inconsciente freudiano.

 

La de la muerte. Inconsciente freudiano. Algunos exégetas de la cosa ésta de las afrentas son de la opinión de que, a pesar de lo fuerte que resultaron ser los golpes dados por Copérnico y Darwin, el hombre como ser pensante que es, aún mantenía buena parte de su autoestima. Vamos que pensaba que era dueño de sí mismo -lo que no es poco y si se piensa, hasta cierto punto, resulta lógico que lo hiciera- de modo que nuestra propia conciencia, la percepción interna de ser dueños de ella, nos facultan tanto para tomar decisiones adecuadas a nuestras necesidades, como para desechar otras que no se ajusten a ellas. En otras palabras, inteligencia y razón son atributos exclusivamente humanos. Ya. Pero hete aquí que de nuevo la ciencia viene a fastidiarnos, esta vez de la mano del médico austríaco Sigmund Freud (1856-1939), sí el padre del psicoanálisis. Ya saben qué pienso de la susodicha teoría y de su inefable autor, nada bueno, pero es lo que toca, así que vamos a ello. El caso es que, en su opinión, muchos de los procesos mentales tienen lugar de forma inconsciente, es decir, escapan a nuestro control racional y no, no somos dueños de nosotros mismos. Así que, freudianamente hablando, el hombre no es señor del cosmos (Copérnico, dixit) ni amo de los seres vivos (Darwin, dixit), ni tampoco, ahora según él, dueño de su psiquis, tal como lo lee.

 

Esta comparativa entre las tres heridas la publicó el psicoanalista en 1917, en el artículo ‘Una dificultad del psicoanálisis’ donde, entre otras lindezas, se comparó con el biólogo y el astrónomo, colocándose, bueno era él, al mismo nivel paradigmático de ellos y sus aportaciones. En fin, Freud en estado puro, lean si no sus propias palabras: “El psicoanálisis es la última en cuanto a fecha de las graves humillaciones que el narcisismo, el amor propio del hombre en general, ha recibido hasta el presente de la investigación científica. Existió ante todo la humillación cosmológica que le infligió Copérnico, destruyendo la ilusión narcisista según la cual el habitáculo del hombre estaría en reposo en el centro de las cosas; luego fue la humillación biológica, cuando Darwin puso fin a la pretensión del hombre de hallarse escindido del reino animal. Finalmente vino la humillación psicológica: el hombre que sabía que ya no es ni el señor del cosmos, ni el señor de los seres vivos, descubre que no es ni siquiera el señor de su psiquis”. Ya ve, como quien dice para ir a mear y no echar gota, perdonen las formas y hasta aquí. Es la tercera ofensa por parte de la ciencia contra el narcisismo humano, la psicológica, y nuestro poeta de cabecera nos lo dice en la última estrofa que, como la última hora, es la que trae la muerte: Con tres heridas yo: / la de la vida, / la de la muerte, /la del amor.

 

Todo suma. Claro que, una cosa era lo que pensaba el neurólogo austriaco de origen judío, y otra que estuviera en lo cierto; hasta donde alcanzo a comprender, los efectos de los tres descubrimientos (heliocentrismo, evolucionismo e inconsciente) no fueron iguales en calidad intelectual ni tuvieron las mismas consecuencias para el hombre. Por descontado que los dos primeros sí trastocaron el orden establecido en sus campos de conocimiento: uno, el modelo heliocéntrico, dando un giro (copernicano) a todo lo que se sabía hasta el momento de astronomía y propiciando el desarrollo del moderno método científico; y otro, la evolución por selección natural, estableciendo un nuevo paradigma tanto en biología como, incluso, en medicina. No cabe la menor duda de que la ciencia no fue la misma a partir de estos dos importantes momentos. Nada que ver con lo que ocurrió con el psicoanálisis, cuyo impacto e influencia fue menor, mucho menor, es más, no puede decirse que ciencias como neurología, psicología o psiquiatría se hayan visto influenciadas por aportaciones psicoanalíticas; más bien todo lo contrario, pues han seguido su desarrollo sin tener en consideración el menor de sus presupuestos. Esto es lo que pienso, pero, qué sabré yo.

 

CONTACTO: [email protected]

FUENTE: Enroque de ciencia

 

Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia
CAPTCHA

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.114

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.