Quantcast
Carlos Roque Sánchez
Sábado, 17 de Diciembre de 2022

Futbol y literatura. Miscelánea y Borges

[Img #181869]¿Hoy como ayer? Pues ya se imagina que, como (casi) siempre ocurre en esta vida, hay de todo al igual que en botica. No hace mucho un diario español, perdone no recuerdo cuál ni cuándo, reunió a Fernando Sánchez Dragó, Román Gubern y Salvador Pániker para que declararan sobre el futbol, si les gustaba o no, y lo que opinaban de los intelectuales que escribían sobre él o no. Juzgue usted mismo. El escritor espetó que casi todos los intelectuales son ahora animalillos domésticos y apesebrados”; el historiador llegó a inferir que la pasión de los intelectuales por el fútbol forma parte de un esnobismo generalizado; y el filósofo, con cierta ironía, manifestó que el balompié en una época fue denostado en ambientes cultos, mientras que ahora había muchos intelectuales que presumían de sus camisetas. Ya le avisé.

 

De la religión, el futbol y el opio. Del popular vínculo entre la creencia y la adormidera, ‘La religión es el opio del pueblo’, me gustaría aclarar algo. Si bien es cierto que se trata de una cita que aparece en el libro Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel (1844) del intelectual alemán Karl Marx, no es lo menos que esta comparación resulta no ser suya pues aparece con anterioridad en escritos de Kant, Feuerbach, Bauer o Heine. De modo que a cada cual lo suyo. Y ya de la que va, por mera justicia simétrica, parece necesario puntualizar quién fue el autor del vínculo condenatorio entre este deporte y la adormidera, ‘El futbol es el opio del pueblo’. Por lo que tengo leído, todo apunta a que fue un hombre de iglesia, el cardenal Michele Giordano, arzobispo a la sazón de Nápoles, quien en 1997 remedó al filósofo y, de manera algo contestona y desvergonzada, lanzó ese anatema contra el fútbol.

 

Y lo hizo argumentando que era el juego de los veintidós hombres en calzonas tras el balón, el auténtico opio del pueblo, o al menos de los fieles católicos, ¿qué me dice? Pero antes espere a saber por qué lo hizo, ya que al parecer vino motivado por una aciaga coincidencia temporal: la hora a la que se jugaba un partido entre el Nápoles y el Milán, coincidía con la de la celebración dominical de una de sus misas y, ya se lo imagina, fueron muchos feligreses que faltaron, lo que le hizo montar en cólera. Una conducta poco propia de un hombre religioso como él, pero qué quiere, al fin y al cabo todos somos humanos, a veces, demasiado humanos. Nada más que decir sobre la estulta profecía de Marx y mucho menos de la idiocia del argumentario del hombre de Dios, resulta evidente, a poco que se piense, que no hay por dónde coger a ninguna de las dos.

 

El futbol y Borges. El genial escritor argentino no solo nos dejó su conocida y reconocida dimensión intelectual, no fue su inmensa obra literaria el único legado, también somos deudos de sus críticas al mundo del deporte, especialmente al del deporte rey, el fútbol, “un juego donde se corría detrás de una pelotita”. Son más que conocidos tanto su desprecio por él, como el hecho de que no desaprovechaba ocasión para meter una despectiva puya futbolera, “esa cosa estúpida de ingleses”. Porque el malevo ensayista atribuía la innegable popularidad futbolera, a una circunstancia algo suspecta y también innegable, la de que “no hay nada más popular que la estupidez”.

 

De hecho, ya antes se había dejado caer con otra de sus boutades, le supongo al tanto de la catadura del elitista porteño, “Once jugadores contra otros once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos”, claro que aquí erró el tiro. Con la susodicha, a la vez que mostraba su enorme desprecio futbolero, dejaba bien a las claras su no menor desconocimiento de las reglas futbolísticas, pues como seguro sabe, lo habitual es que solo corran diez jugadores por equipo al permanecer cada cancerbero en su portería. Ya, de acuerdo que erró, eso es fácil de saber y decir, pero a ver quién era el guapo que se lo decía al autor de El Aleph. O sea.

 

Mundial del 78 y conferencia borgeana. Una prueba más de su excentricidad la marcó nuestro hombre durante la celebración de la Copa Mundial de Futbol 1978, que tuvo lugar en Argentina. No se le ocurrió otra cosa que anunciar una conferencia sobre la inmortalidad, el mismo viernes 2 de junio y un cuarto de hora más tarde (19:30) de inaugurar Argentina su mundial contra Hungría. Un torneo en el que no participó Maradona, en ese momento con 17 años, y un partido que ganaron los argentinos (2-1), o sea que bien y la conferencia también. Se celebró en el auditorio de la Universidad de Belgrano, completamente lleno a pesar de ser viernes por la tarde. Con la selección nacional jugando en el estadio Monumental, a no muchos metros de ella, Y en el mismo momento que el país festejaba el pronto empate de Luque, el conferenciante iniciaba su charla citando al filósofo y psicólogo estadounidense William James. Más que bien diría yo, pero a saber.

 

No le canso, ya en otro orden de asuntos, ¿cree que la altura creativa de Borges lo convirtió en portavoz de muchos, quizás de todos, intelectuales que despreciaron, o aún desprecian, el fútbol? ¿Considera que es la causa por la que le negaron, o niegan, el acceso a las páginas de sus textos? Y ya de la que va, ¿considera que Messi es el mejor jugador de futbol de todos los tiempos?

 

CONTACTO: [email protected]

FUENTE: Enroque de ciencia

 

Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.22

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.