¿Hay alternativa?
Cada día experimento con mayor perplejidad como los políticos de profesión, mitineros, malos actores de un reality show hecho a su medida, mercenarios que viven ajenos al sufrimiento de muchas personas; nos ofrecen sus ocurrencias simplonas y mediocres. Nos leen sus mensajes enlatados ahora llamados argumentarios, fabricados por enchufados a sueldo o mal llamados estrategas. Estos políticos convierten sus comparecencias en absurdos y malos monólogos, forman parte de un club de la comedia cutre, infantil, cínico.
Si de algo somos culpables los ciudadanos, entre los que me incluyo, es de no haber ejercido como tales, de habernos desvinculado de las decisiones que nos afectan directamente y de haber vivido con la comodidad de que “otros nos resuelvan los problemas”, dándonos igual el cómo y sobre todo su coste.
La clave de muchos de los problemas que hoy tenemos viene de la mano de la falta de control que hemos ejercido la ciudadanía, la información es poder y el poder ejercido desde la opacidad se convierte en soberbia e incluso facilita la generación de líderes populistas que van acompañados por una comitiva procesional que se mantiene fiel por un interés personal, el empleo dedocrático y clientelar. Por tanto, cualquier alternativa que proceda de la ciudadanía tiene que venir de la mano de una mayor participación. Existen estrategias que ya se han aplicado de políticas deliberativas sobre todo en EEUU, están ahí para ser estudiadas y valoradas, pero antes de aplicarlas hay que creer en ello, hay que tener voluntad e ilusión para empezar una segunda transición que abra la puerta a una mayor participación de la ciudadanía. Aquí está el primer gran campo de actuación, el primer gran reto para aquellas personas que estén dispuestas en dar ese paso, es decir, en aportar e implicarnos en nuevas iniciativas nacidas en la ciudadanía.
¿Y por qué nuevas iniciativas y no sumarse a las que existen?
Con la profesionalización de los políticos y las estructuras endogámicas de estas organizaciones, autistas y oligárquicas, es inviable cualquier nivel de aperturismo. Un ejemplo claro son las primarias que ha montado el PSOE andaluz. Han vuelto a perder una magnífica oportunidad para hacer una auténtico proceso limpio de primarias, sin obstáculos, con igualdad de oportunidades de todos los candidatos, abierto también a los simpatizantes.
Realmente el guión está ya escrito y he de decir que esto me suena. Es prácticamente imposible reunir casi 7.000 avales para competir con la designada por el aparato y así se ha demostrado. No cambian, pretenden parecer que se mueven para no cambiar nada. Otros ejemplos lo tenemos en los casos Bárcenas o los ERE. Habéis visto como se las gastan con los jueces, estos que deben ser los máximos defensores de la división de poderes, es patético, pero real como la vida misma.
Pues bien, es en los pequeños municipios a través de iniciativas de ciudadanos con pluralidad ideológica, esto último es muy importante y más en Rota, desde donde se puede empezar esta transformación. Estas Iniciativas tienen que tener fecha de caducidad, un máximo de 8 años. De lo que se trata es de demostrar que desde la ciudadanía otra forma de gestionar es totalmente posible. Sé que no es nada fácil y aquí es donde los partidos políticos tienen una gran suerte, debido fundamente a la atomización de ciudadanos y asociaciones. La ciudadanía no encuentra los medios para organizarse y conformar una respuesta que pueda ser competitiva con esas estructuras decimonónicas de los actuales partidos. Estas estructuras cuentan también con recursos económicos públicos que les proporciona mayores posibilidades, el sistema se ha creado para no facilitar la entrada de nuevos actores. Pero hay que echarle imaginación y no tenerle miedo a que esas iniciativas no resulten respaldadas en las urnas. No me gustan las palabras éxito, ni fracaso. Debemos aprender de EEUU, allí lo que más se valora en una entrevista de trabajo son las iniciativas que esa persona ha realizado, se valora el espíritu emprendedor, aquí por el contrario en seguida le ponemos el San Benito de perdedor o fracasado.
Para mí lo más importante es creer en la idea de participación, sin esa conciencia todo lo que se legisle será de cara al escaparate, un ejemplo lo tienes en el artículo de Manuel Chaves hace unos días, ahora ve la necesidad de listas abiertas, de cambios en la ley electoral, de abrir los partidos a la ciudadanía. Son camaleónicos, sólo buscan acomodarse para continuar en la política, pero ya no son creíbles. Las alternativas en las que creo deben iniciar un diálogo imprescindible con los ciudadanos y para este cometido hay que crear consejos de ciudadanos que trabajen a modo de laboratorio de ideas con el objetivo de decidir por donde se ha de comenzar para ir caminando de forma firme y decisiva hacia una toma de decisiones más participativa.
Hace unos días salía un informe basado en un estudio estadístico de cómo nos vemos los españoles, los resultados han sido muy clarificadores. Nos vemos corruptos, superficiales y con baja autoestima. En su último artículo titulado “el triunfo de los mediocres”, Forges decía: "Quizás ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo. Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general. Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel. Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre. Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente. Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan. Porque son de los nuestros".
Y yo, añado que cuando los recursos económicos de todo un país están en manos de los más mediocres el resultado no puede ser otro. Aunque soy de los que no culpan a los mediocres, culpo fundamentalmente a los más capacitados por su gran aburguesamiento. Y tampoco estoy totalmente seguro si los ciudadanos, al menos los españoles, quieren que los gobiernen los más capacitados. Lo que pretendo deciros es que hay un aspecto social y cultural que puede obstaculizar muy mucho cualquier cambio. Mal vamos retirando la asignatura de Educación para la Ciudadanía, debemos formar a las nuevas generaciones en esa idea de participación en las decisiones públicas, esta asignatura era una magnífica herramienta para lograr esos grandes objetivos transformadores hacia una ciudadanía más activa, responsable, crítica y participativa.
El interrogante que le da título a mi artículo, no responde ni mucho menos a mí creencia, tengo el convencimiento de que existe alternativa, la dificultad radica posiblemente en el aspecto colectivo de un proyecto ciudadano que debe ser muy bien madurado y sobre todo conformar equipos con personas capacitadas, personas que les respalde su independencia económica, personas que crean en que los ciudadanos podemos dar un giro real y no teatral al actual momento de corrupción y opacidad, personas honestas y honradas. Debemos anteponer los equipos a los líderes.
Soy consciente también que cualquier alternativa tiene que ir de la mano de dos principios básicos: transparencia y participación. De estos principios vendrán otras propuestas pero siempre desde estas dos grandes ventanas que deben dar luz a la actuación de quienes gestionan nuestros recursos y a la vez es la mejor manera de afrontar la falta de ética y calidad democrática. Nunca debemos olvidar que los euros los ponemos nosotros, los ciudadanos.
En cuanto a la transparencia, los españoles practicamos la falta de transparencia en todos los órdenes de la vida, cualquiera que tiene un cargo es la primera norma que aprende, cuanto menos sepan de la gestión mejor y no te digo nada de cómo la practican los estados justificándose como una necesidad, por seguridad nacional. La transparencia va de la mano de la honestidad, no es posible la una sin la otra. Tierno Galván hablaba mucho de que los políticos debían de tener los bolsillos de cristal, pero vuelvo a lo mismo en esto hay que creer para después transformar. Si lo pensamos es sólo un tema de voluntad y por tanto, si no lo hacen es por mala conciencia, con la intención de mantener sus privilegios y a la vez mantener su enorme poder.
El otro problema es cuando presenciamos que en nuestro país lo normal es que los más capaces, los mejores formados no ocupen cargos de responsabilidad y mucho cuidadito en manifestar en público que estudias o tienes una buena formación, he podido comprobar como incluso puedes servir de cachondeo, te miran mal y les molesta. Para muchos la buena gestión es hacer trabajar a los demás y los méritos para el jefe que para eso es el jefe.
Termino mis reflexiones con otro párrafo del mismo artículo de Forges: “Mediocre es un país que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad".
Francisco Sánchez Alonso































Julio Malvido Garcia | Miércoles, 31 de Julio de 2013 a las 00:08:47 horas
Estoy totalmente de acuerdo con tu visión de la situación actual. Espero que entre todos podamos dar una respuesta adecuada a tanto desatino y barrotes a tanto ladrón.
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