Apreciada Fátima Báñez:
No quisiera dirigirme a la Ministra de Trabajo, sino a esa Fátima Báñez que se ha convertido, por la gracia de una militante de las Nuevas Generaciones del PP, en el hada madrina de los españoles. Si esto fuera una carta tradicional, enviada en su correspondiente sobre... Ups, mejor no mencionamos los sobres, que sé que le resultará un tanto espinoso. Diré, mejor, que si pudiera leer el remite, vería que le escribo desde la provincia de Île-de-France, perteneciente a la Comunidad Autónoma de París.
Agradezca en mi nombre, de paso, a su compañero el señor Pons que me aclarase que no sólo no me he movilizado exteriormente como proclamaba usted misma sino que, simplemente, ni siquiera me he ido al extranjero.
Reconozco por otra parte que eso le quita gracia al asunto, despojado del espíritu aventurero de un Indiana Jones de cercanías. ¿Y qué cuento ahora para alardear por ahí y ser el centro de atención entre mis colegas y amiguetes? Porque podría decir que he trabajado para pagarme los estudios desde los 18 años, que obtuve una licenciatura con especialidad incluida, tres idiomas, un ciclo superior, un máster... Pero, entre usted y yo…, eso no vende. Te pones a contarle a una muchacha que no veas cómo controlas la diferencia entre la “résiliation” y la “résolution” de un contrato, por las características intrínsecas de cada concepto, y te mandan poco lejos. Y la verdad, no es lo mismo decir que te vas a Teruel, que contar que por esa avidez de aventura que tenemos los descendientes del Cid Campeador te levantaste una mañana con la sonrisa en el rostro y decidiste empaquetar tus cosas, salir de Rota y recorrer el mundo. Si ahora va a resultar que irse a París es lo mismo que irse al Móstoles de las empanadillas, pues vaya perspectiva vital, ministra.
Aprovechando que entramos en confidencias más personales, como entre andaluces, he de decirle que es un respiro poder mudarme al norte del país. No, mujer, no hablo de Asturias, sino del nuevo norte del país. A París, vaya. Con tanta escasez de ofertas de trabajo, y con las condiciones no ya precarias sino lo siguiente que me proponían, empezaba a sentirme mal. Aquí me ficha la policía por estar en el 15M dando guerra, y en Francia me fichan porque me consideran idóneo para una empresa. Qué cosas tiene la vida, ¿verdad?
Lo cierto es que tengo que pedirle un favorcillo al respecto. Sí, porque aunque yo sé que me voy al nuevo norte de España, a la Comunidad Autónoma de París, mis padres todavía no lo han pillado. Cuando les anuncié que había conseguido trabajo en el nuevo norte, se echaron a llorar porque lo que dedujeron es que tenían un hijo emigrante. No entienden que no me voy al extranjero, les cuesta cambiar el chip. Ayúdeme a convencerles, ande. Y a mi abuelo, que está mayor y cree que cualquier día se nos va al otro barrio y no va a verme más. Y a mis primos pequeños, que me van a conocer lo mismo que los periodistas a Rajoy: a través de una pantalla. Ah, y a mi novia, que se queda atrapada en un trabajo sin futuro alguno porque mientras sus jefes se compran cochazos nuevos, a ella le bajan el sueldo o no le pagan por falta de liquidez. La pobre lo pasa mal sabiendo que estaremos separados por tiempo indefinido.
Yo sé que usted me comprende. Y sus compañeros de partido. Y que los que gobernaron antes también me entienden, me consta. No queda otra. Hemos gastado demasiado y ahora nos toca purgar nuestros pecados. Yo lo acepto y difundo el mensaje, como buen respetuoso y defensor de la Marca España que soy.
Sin embargo, entre usted y yo: nunca he cobrado un sobresueldo. Nunca he dirigido un banco a la ruina voluntaria, ni he estafado abuelitos moribundos con preferentes. Nunca me he aprovechado de tener un puesto donde retengo el poder. Nunca he especulado en Bolsa, ni he comprado viviendas para revenderlas más caras…
Yo lo único que he hecho es trabajar y estudiar, cuando he podido. La verdad que mi fe en ustedes empieza a quebrantarse. Y ahora que compruebo que en el nuevo norte de España las cosas son totalmente distintas, mis dudas se acrecientan. ¿Seguro que no hay alternativa? Usted, que no ha trabajado en su vida, ¿podría mirarme a los ojos y decir que me voy por espíritu aventurero, que estoy encantado y que todo es un camino de rosas? ¿Podría decirme que hacen todo lo posible, y cuando digo todo me refiero a TODO, para mejorar las cosas?
Sinceramente, pensé en no escribir esta carta. Después de la cantidad de historias y del alto número de jóvenes exiliados de este país por culpa de esta estafa a la que se empeñan en llamar crisis, consideré que no tenía nada que exponer sin que sonase repetido. Pero me niego a ser un número más, una suma a la creciente cifra de españoles mudos y exiliados. Por mi propia dignidad, quiero que mi historia, mi rabia y el fracaso que tiene este país con los jóvenes a los que ha destinado tanto en formarlos para no obtener sus frutos se conozca.
Quiero alzar mi voz. Y opino que todos/as los exiliados/as deberíamos hacer lo mismo.
Porque no nos vamos, Fátima, ministra. Ustedes nos echan.
José Alberto Niño Fernández































Alberto Niño | Miércoles, 17 de Julio de 2013 a las 14:28:59 horas
Gracias por los comentarios. Al amigo mejor no le contesto, seguro que es de los que ha pillao sobrecitos o se ha aprovechao de la mala situación (¡O eso espero, porque sino manda narices!). Por suerte mi empresa es un encanto y, por fin, puedo obtener un salario digno para vivir dignamente. Mi pena es que mi país me (nos) niegue esto mismo.
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