Un viaje iniciático. Pablo Gargallo
Como empieza a ser habitual, siempre que tengo la ocasión de realizar una escapadita vacacional con mi mujer, no puedo olvidar esta vocación tardía de”juntador de letras” y aprovecho para convocar a la musa. Y como las circunstancias son otras, el fruto de la inspiración difiere notablemente de la temática acostumbrada.
Esta vez, y quiero empezar disculpándome por mi ignorancia, que no debería ser propia de alguien como yo que ha tenido la inmensa responsabilidad de ejercer de educador, pretendo acercarme, y hacer lo mismo con quienes me quieran acompañar, a un genio que como suponen debería conocer, y que hasta hace unos días no le había prestado la menor atención. Hasta aquí mi “mea culpa”.
Como venía anunciando, el descubrimiento se produjo en Zaragoza, una de esas maravillas a las que nos tiene acostumbrados este sufrido/brillante país nuestro. Para mí, el recuerdo que tenía de Zaragoza era que se trataba de un maravilloso almacén de edificios de una de las corrientes más bellas y genuinamente españolas, como es el arte mudéjar. Fuera de esto sólo me quedaba en la memoria la Basílica de Nuestra Señora del Pilar y poco más; sólo hizo falta volver a disfrutar de la excelsa belleza de la antigua Catedral de La Seo para comprobar la mala pasada de mis evocaciones del viaje que realicé muchos años atrás. No quiero seguir confesando más aberraciones porque seguiré olvidando citas imperdonables y señalaré que Goya, al que siempre recuerdo por muchos motivos que algunos no vienen a cuento, era la otra referencia.
Dicho esto, confesaré que sin tenerlo previsto, y mira que le di vueltas a las guías de viaje para programar la visita a lugares redomendados, caímos casi por casualidad frente al Museo Gargallo. En cuanto mi mujer reparó en la estatua ecuestre que antecede a la fachada me animó a visitarlo. Ella sí conocía a Pablo Gargallo.
He de confesar que desde ese momento comencé un viaje iniciático en un universo absolutamente fascinante. La Casa-Palacio de estilo renacentista que aloja el Museo es el marco ideal para lo que uno puede encontrarse. Goza de una espaciosidad privilegiada para albergar el amplio catálogo que muestra, aunque no creo que sea la ocasión para perderse en detalles que nos alejarían de los esencial.
Pablo Gargallo fue un artista descomunal, desconocido injustamente para el gran público, pero que alcanza unos niveles de creatividad y expresión con un talento y una sensibilidad realmente extraordinarios. En este país nuestro, que hicimos famoso el refrán de “Nadie es profeta en su tierra”, suele darse que excelsas figuras no reciban el reconocimiento que se merecen.
Gargallo es ante todo escultor, si bien para llegar a ello maneja con brillantez otras artes, no hay más que ver los proyectos en papel expuestos en el Museo que anteceden a alguna de sus obras. Se pueden encontrar, además de dibujos, grabados, plantillas de cartón.
En su obra escultórica se mezclan distintas concepciones expresivas. Realizó obras respetuosas con el clasicismo más puro, que reforzó cuando conoce a Rodin y estudia su obra. Destaca la perfección de las formas, la suavidad de las mismas y las perfectas proporciones que recuerdan incluso las esculturas griegas o renacentistas, como “Maternidad” de 1922, “Mujer del Espejo” de 1934, “Muchacho en la Playa” de 1934; también avanza en la expresividad y en el realismo más propio de la época alejandrina o del barroco, como la Estatua Ecuestre del Estadio Olímpico de Montjuich o la “Cabeza Inclinada de Mujer” de 1908.
Pero Gargallo también es un escultor moderno. Él, que desarrolla su obra entre Barcelona y París, dos referencias del modernismo, que brilla en los primeros años del siglo XX, también se expresa con las nuevas formas. Es posiblemente el introductor del cubismo en la escultura, no hay que olvidar que conoce a Picasso en 1901 y de quien se hace amigo. “Mujer sentada” de 1922, es un ejemplo de ello.
Pero el uso del espacio toma en Gargallo una importancia especial, manteniendo los conceptos, recreando el cubismo y sintetizando las formas en volúmenes creados a partir de huecos creados con el uso del material en forma de trazo o apunte. En este campo, que amplía con una variedad de matices increíble, produce obras tan distintas que van desde las grandes esculturas como la del “Gran Profeta”, quizá la más conocida; “Urano”, en la que la figura del caballo prevalece en el conjunto, o la preciosidad de la cabeza de “Kikí de Montparnasse”, o las esculturas homenaje a personajes de la época ,como la de Picasso, o las caricaturas del “Hommage à Chagall”, o las de Greta Garbo.
Gargallo, que trabajó materiales tan distintos como el bronce, el alabastro, la arcilla, el mármol, el yeso, también fue un precursor del uso de la chapa de hierro, como con el cobre. Ecléctico, moderno, variado, innovador, completo, comprometido, investigador, ¡qué más se le puede pedir a un artista!
Un artista con mayúsculas. Quizá no haya habido en España otro escultor de tan alto nivel desde los imagineros barrocos, y por ello sería muy justo que su obra fuera divulgada porque pocos se lo merecen tanto como él.
Manuel García Mata































Hermano Lobo | Jueves, 04 de Julio de 2013 a las 20:07:18 horas
Como tantas otras cosas, desconocía la historia de Pablo Gargallo; sólo sabía que era escultor. Ameno y didáctico artículo, lo que siempre es de agradecer.
Claro que por tratar lo que trata seguro que deja in albis a muchos de sus incondicionales.
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