La paciencia se agota
Cuando alguien que, como yo, tiene el privilegio de poder expresar en diferentes medios sus opiniones, siente que la responsabilidad que le resulta sobrevenida exige un compromiso con las personas que lo leen. Por este motivo, antes de enfrentarme al teclado, son muchas las vueltas que le doy hasta tomar una decisión; aunque muchas veces, supongo, el resultado no cumpla las expectativas que quien lo escribe espera.
Esta semana me apareció en seguida un tema que no ha dejado en todo el tiempo de ser actualidad y que por esto me hubiera parecido muy adecuado: la horrorosa semana que está padeciendo el Partido Popular. Sin olvidar que la semana anterior ya se habían producido otros hechos que dieron comienzo al interminable Vía Crucis que aún se alarga y que con el caso Bárcenas está tomando visos de catástrofe, cabe recapacitar que como desgraciadamente este tipo de situaciones se repiten en todos los partidos que alcanzan la posibilidad de gobernar, salvo escasas excepciones que nos sorprenden por su rareza, el tema se nos hace reiterativo, y quizá dándole tanto seguimiento, más que exacerbar los ánimos y provocar una reacción proporcionada a tanto desmán, lo que está generando en la ciudadanía es un desaliento que nos aboca a la aceptación como irremediable de todo esta vergüenza esté arraigada en nuestra sociedad, como inherente a la misma, y sea inevitable que se produzca.
En el fondo todo esto no es más que una parte, aunque muy grave, de algo más importante que es la coyuntura histórica que estamos atravesando. Aparte de la tan manida, que no por ello menos escandalosa, conducta de la grey política, las altas esferas del capital más que nunca muestran su desprecio por el resto de la sociedad y no tienen otro objetivo que continuar acaparando poder y dinero, que ya no se diferencia entre ambos. Quizá no hayan colmado todavía sus ansias de notoriedad, la erótica del poder que dicen es tan absorbente como la mayor y más exigente droga debe ser el “elan vital” que les anima a seguir creciendo en su vertiginosa carrera contra sí mismos; pero si en una aventura de riesgo ese peligro sólo afecta directamente a los enloquecidos espíritus de quienes compiten hasta el final, cueste lo que cueste, en esta otra aventura aquellas personas que asumen los riesgos son los sujetos pasivos que formamos parte del resto de la sociedad. Ya hay hartazgo de escuchar voces de todos los timbres, tonos e intensidades clamando contra la locura de, esta carrera por la avaricia que a unos pocos les tiene obsesionados en su diversión particular conscientes de lo arriesgado de su adicción, pero no por ello se vislumbra un cambio de actitud. Somos juguetes en sus manos y como tal nos tratan.
Lo que no saben es que están creando tanto dolor y tanta rabia que llegará el momento en que el vaso de la resignación se desborde y las consecuencias sean imprevisibles. Hace algunas semanas, referido a la teoría de la vuelta a la Edad Media, apuntaba en uno de mis escritos que sólo de entre los que sufren puede buscarse el final de esta vorágine enloquecida; pero la torpeza y la ceguera de quienes manejan los hilos les impide ver lo que se les puede venir encima. La desafección contra los políticos está llevando a estos al sufrimiento: lo quieran o no, nadie es inmune a esta continua merma del crédito personal y aunque hace mucho tiempo que han vendido su alma al demonio del dinero, ninguno está cómodo con esta ignominia que han provocado. Sus prebendas no son más que migajas que van siendo insuficientes para tan alto servilismo a sus amos.
Ahora les va a llegar a las altas esferas y no aventuro que la reacción contra éstas se limite a desconfiar y a ponerles “a caldo”, o sea, como se merecen. Aquí, reparemos en ello antes o después, estamos perdiendo el presente y el futuro, y si el presente, por ser nuestro es más fácil de que lo soportemos con todo el estoicismo que somos capaces de demostrar, el futuro es el de nuestros hijos y por ellos no seremos tan condescendientes. Más les valdría que alguien les aconsejara un poquito de cordura, pues la paciencia tiene sus límites. No lo considero apropiado pero me viene a la cabeza el más que ácido refrán “A todos los cerdos les llega su San Martín”.
Manuel García Mata






























¿De donde habrá salido este personaje? | Miércoles, 30 de Enero de 2013 a las 15:01:26 horas
Afortunadamente creo que la mayoría de los jóvenes no piensan como este jovenzuelo, pues si así fuera menudo porvenir tendria la sociedad futura española. Dice tantas tonterías que ni me voy a molestar en rebatirlas.Solo con leer su comentario nos damos cuenta de que le espera un futuro bastante incierto, por no decir otra cosa. ¡Ah y que disfrutes de tu coche pues hiciste una elección muy acertada...!
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