La pinza del desencanto (por Daniel Peña Benítez)
El panorama político actual resulta desolador. Por un lado, asistimos al desgaste de un PSOE salpicado por casos de corrupción y por una nefasta gestión en infraestructuras, con el trágico ejemplo de esos dos graves accidentes ferroviarios sufridos en apenas nueve meses sin que mediara ninguna mejora de seguridad entre ambos.
Por otro, la continua división de las izquierdas alternativas termina de allanar la alfombra roja hacia un Gobierno del PP de la mano de la extrema derecha.
A esto se le suma la asfixia de los problemas reales del día a día, como una crisis de vivienda insostenible en la que comprar o alquilar se ha vuelto un lujo inalcanzable para la mayoría, con precios escandalosos como los 3.000 euros el metro cuadrado que se alcanzan en lugares como Rota.
En la calle se respira un hartazgo evidente ante tanta pelea partidista y tan poca altura de miras mientras la ciudadanía queda desamparada, alimentando un desencanto que solo conduce a la abstención. Sin embargo, cruzarse de brazos o caer en la apatía es un lujo que no nos podemos permitir.
Conviene recordarlo antes de que sea irremediable: cuando la izquierda se fractura y da la espalda a la gente, el poder cambia de manos de forma inevitable. Y los lamentos llegarán tarde, cuando nos pasen la factura de los recortes, el desmantelamiento y las privatizaciones en la sanidad, la educación y los servicios públicos.
Daniel Peña Benítez





























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