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Redacción
Viernes, 16 de Octubre de 2026

Domingo Sánchez Rizo, amigo, hermano (por Manuel Bravo Acuña)

[Img #305534]He querido dejar pasar unos días para asumir tu pérdida, pero me es imposible. He pasado la negación y la ira, pero no la aceptación. 


No soy capaz de aceptar que ya no veré tu irónica sonrisa, tus ojillos por encima de las gafas de lectura, tu camisa por fuera, tus puros, tus pajaritas, ¡ay, tus pajaritas!, tus tangas por la playa, nuestras cervezas en la sombrilla de la playa…


Me cuesta mucho entender que ya no tomaremos nuestras cervezas en cualquier bar; las comidas con nuestro grupo de copas socialistas y las que tú siempre organizabas por cualquier motivo, ya que el motivo era lo de menos, lo importante eran las personas.


Echaré de menos que ya no llames a mi puerta cualquier día a cualquier hora para traerme algo, para comentarme lo que sea, para pedir mi opinión, para consolarte cuando hacía falta y, sobre todo, para ver la primera parte de los partidos del Real Madrid de la Champions, para lo que te preparaba tu mesita con tu jamoncito, tu queso, las patatas fritas que no faltaran y nuestra botellita de Ribera del Duero. Eso sí, la segunda parte a verla en el Zambra con tus otros amigos, porque eso sí, amigos tenías por todas partes.


Todos te recordaremos como Alcalde de tu pueblo, siempre mirando por los intereses municipales: cartelitos en los cuartos de baño para no derrochar agua; apagar las luces de los despachos cuando se terminaban las reuniones, ser extremadamente cauteloso con el dinero público, el de todos, pero no con el tuyo. Con el tuyo fuiste generoso, muy generoso, a veces, sin límites.


En tu farmacia, en tu pequeña rebotica, también hemos pasado momentos agradables y otros no tanto. Siempre atento a tus pacientes aconsejando, suministrando los medicamentos, con paciencia, con profesionalidad. Muchos de ellos sólo querían que los trataras tú y lo hacías siempre con una sonrisa y un trato agradable con todos por igual, sin distinción de ninguna clase. 


No tenías redes sociales, ninguna, decías que eras analógico, pero sí múltiples grupos de WhatsApp, con ese sonido de rana que avisaba de los mensajes. En eso, amigo, estabas enganchado y no dejabas de responder a nadie. Todo el que te escribía, te enviaba audios o fotos, a todos, a todos contestabas.


Los compañeros nunca olvidarán tus participaciones en las asambleas del partido, siempre opinando, siempre dando consejos, siempre hablando de tu experiencia, siempre la calificación del 4 al 7 de tu particular escala: ¡fuera los extremos!. Y, como no, tus opiniones siempre certeras en el grupo de los militantes de nuestro partido.

 

Te encantaba viajar, tenías tu propio grupo para ello. Siempre recordaré los viajes que hicimos juntos, especialmente los que hicimos, que fueron varios, Elvira, tú, mi mujer y yo, los cuatro solos: inolvidables. Tenemos fotos y vídeos que lo atestiguan.


Fuiste un hombre bueno, muy bueno, extremadamente bueno. Sí, José Antonio, es verdad, tal y como lo gritabas aquel fatídico día que tenemos tan reciente. Y además generoso, educado, sensible, tan sensible que nos contagiaba sus lágrimas cuando lloraba cuando tenía su motivo para hacerlo. 


No quería ser abuelo, eso le hacía mayor, nos decía. Eso sí, hasta que Domi le dio a su Emma, entonces se convirtió en el mejor de los abuelos: sólo tenía ojos para ella y, sobre todo, tiempo para recogerla de la guardería, del cole, para jugar con ella…


Estoy muy orgulloso de haber sido su asesor, su confidente, su compañero de partido, su amigo, ser su incondicional en todo, por eso me duele tanto tu pérdida que, como dice el poeta: “Tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler, me duele hasta el aliento y siento más tu muerte que mi vida”.


Elvira, amiga, se nos han secado las lágrimas, se nos acaban las palabras, por eso, vuelvo al poeta:


“Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.”


Y sigue el poeta:


“A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero”.

 

Hasta siempre amigo, hermano…

 

Manuel Bravo Acuña

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