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Redacción
Miércoles, 14 de Octubre de 2026

Elogio del terraplanismo

Domingo...

Por Balsa Cirrito

[Img #305407]Estoy a punto de mandar mi artículo semanal cuando me llama mi hija para decirme que Domingo Sánchez Rizo ha fallecido. Por supuesto, pospongo lo que tengo escrito y, a vuelapluma, afectado, conmovido, entristecido y abrumado por la noticia, le dedico un pequeño homenaje.

             

Domingo fue una gran, gran persona y un formidable, formidable alcalde; eficiente, honrado hasta extremos que a veces llegaba – lo confieso - a irritarme. Y puedo decirlo sin rebozo porque trabajé con él en varias campañas electorales, circunstancia donde mucha gente saca lo peor de sí, que no fue su caso, sino al contrario, fue cuando dio lo mejor. No quiero compararlo con otras cosas que se ven en la actualidad en la política nacional, pero Domingo era obsesivo en el respeto de las reglas democráticas. Tenía, por ejemplo, un auténtico horror a la utilización de los medios municipales para su propio beneficio político. Cuento un par de anécdotas, no sé si alguna será un poco indiscreta.

           

Recuerdo que en la segunda precampaña electoral le propuse que le dedicáramos una calle al exalcalde del PP Felipe Benítez Ruiz-Mateos. Mi intención (creo que es evidente, aunque yo la considerara muy astuta) era la de intentar atraernos a ese electorado moderado que votaba a Felipe Benítez por él mismo más que por pertenecer al PP, al mismo tiempo que presentábamos a Domingo como un alcalde de Rota, con mayúsculas, sin peajes de partido.

           

Cuando se lo dije a Domingo le pareció no bien, sino muy bien. Es más “en vez de una calle, dijo, le vamos a dedicar una avenida; o, mejor, el paseo marítimo de la Costilla, que no tiene nombre propiamente dicho, lo vamos a llamar paseo Felipe Benítez”. “Estupendo – respondí – nos apuntamos un buen tanto”. Pero seguramente debí de haberme quedado callado con mi última frase, porque, tras pensar unos segundos añadió: “pero será después de las elecciones; si lo hacemos ahora es como si nos estuviéramos aprovechando”. Por más que intenté convencerlo de que cambiara de opinión, no lo logré”. No conseguimos la mayoría absoluta por diez u once votos.

           

También por aquellos días, unos ocho o nueve meses antes de las elecciones, le propuse cambiar los eslóganes del ayuntamiento. O sea, que toda obra o actividad municipal tuviera una nueva marca de fábrica, para distinguir su etapa en el ayuntamiento, ya que todo lo que se realizaba  aparecía bajo el eslogan de la corporación anterior (creo que era “Rota, un balcón al mar”). Domingo me dijo que era una buena idea. Sin embargo, a la semana siguiente me llamó. “Balsa – me dijo – me he estado informando y no lo vamos a hacer”. “¡Cómo!” En ese momento yo quería ahorcarlo. “Pero, ¿por qué?”. “He estado preguntando a los funcionarios municipales, respondió, y me han dicho que cambiar todos los logotipos municipales sale muy caro. El dinero del ayuntamiento es para los roteños, no para beneficiarme yo”. Parece una respuesta de película, pero juro que fue lo que me dijo.

           

Era lo contrario de un vivales. Cuando tenía que hacer un viaje no aprovechaba, como es tan frecuente, para darse la gran vida de buenos hoteles y grandes restaurantes a costa del erario. Si había que ir a Madrid, ida y vuelta en el mismo día, y para comer, sandwiches volanderos y cuidadito si no se ayunaba. Como alcalde tenía derecho a una tarjeta de gastos de representación - que no había de justificar - por un valor no recuerdo de si tres o cuatro mil euros. Nunca la utilizó.

           

Y no conozco a mucha gente que disfrutara tanto haciendo favores. Se desvivía por ayudar a los demás, y sé de lo que hablo porque más de un favor le pedí, e hizo siempre un gran esfuerzo por asistirme en esos asuntos, y lo mismo puedo decir de gente que me es allegada. E, igualmente, fui testigo de cómo muchas veces intentaba favorecer a otras personas, con casos que no cuento para no ser indiscreto, y estoy hablando de la esfera privada, cuidado, no de la pública... Es más, precisamente tenía previsto ir a hacerle una visita uno de estos días para pedirle un favor. Ya no va a poder ser. Encontrarse alguien así no resulta muy habitual. Es como encontrar una pepita de oro de muchos, muchos kilates.

           

Me queda un pequeño consuelo, y es que no le escribo un panegírico después de muerto, sino que en vida, en este mismo medio, tuve la oportunidad de dedicarle un sincero elogio.

           

Que Domingo descanse en paz; el mundo es ahora un poco peor.

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