La rueda que no se deja domar: de la abuela de El jugador al 22 de Casablanca
En las historias de ruleta suele haber alguien convencido de que puede prever la rueda o amañarla. Tres casos y una expresión permiten observar cómo se ha representado esa idea.
Dostoievski: una novela dictada en menos de un mes
Dostoievski conoció la ruleta en Wiesbaden en 1863. Con deudas, había firmado con el editor Stellovsky un contrato: si antes del 1 de noviembre de 1866 no entregaba una novela de unas 160 páginas, Stellovsky se quedaba nueve años con los derechos de sus obras. Dictó El jugador a una joven taquígrafa, Anna Snitkina, del 4 al 29 de octubre. La novela transcurre en Roulettenburg, un balneario alemán inventado, y su mesa se parecía a la ruleta que hoy se sigue en directo: una rueda, una bola y un crupier que reparte los pagos.
La novela también cuenta cómo la rueda desmiente al jugador. La abuela del narrador llega y pregunta qué es el cero. Le explican que es lo que se queda la banca. Apuesta a él, acierta tres veces en una docena de tiradas y gana 4.200 gülden. Esa misma tarde vuelve, pierde más de un centenar de apuestas de diez gülden al cero, se harta y pone 4.000 al rojo. Sale el cero y la banca se lo lleva todo.
Montecarlo, 1891: el hombre que rompió la banca
Fuera de la ficción, una leyenda de la ruleta acabó en una canción de music hall, El hombre que rompió la banca en Montecarlo, de Fred Gilbert, que Charles Coborn popularizó. Se inspiraba en Charles Wells, que ese año "rompió la banca" en Montecarlo, es decir, agotó los fondos de una mesa. El expediente es menos festivo: Wells fue detenido en 1892 y en marzo de 1893 el Old Bailey lo condenó a ocho años de cárcel por estafar a inversores con falsos inventos, no por lo que hizo en la mesa. El hombre que parecía haber vencido a la rueda era un defraudador.
Casablanca: la rueda amañada
El cine invirtió la historia: un personaje gana, pero con trampa. En Casablanca (1942), un joven matrimonio búlgaro necesita dinero para los visados de salida. Rick le pregunta al joven: "¿Ha probado el 22 esta noche?". El crupier lo oye. El 22 sale dos veces seguidas y el joven reúne lo bastante para pagar al capitán Renault, que quería aprovecharse de su mujer. La rueda estaba amañada. Aquí la ruleta ya no es azar, sino un destino que decide alguien con poder.
La ruleta rusa: un nombre que no viene de la rueda
La última parada es una palabra. Según los datos disponibles, ruleta rusa aparece, posiblemente, por primera vez en un relato de Georges Surdez publicado en la revista Collier's el 30 de enero de 1937. Las primeras apariciones independientes en prensa son de 1938. Lérmontov ya había retratado en 1840 a un oficial que desafía a la suerte, pero sin ponerle ese nombre, y nada permite afirmar que la práctica existiera en Rusia. "Ruleta" pasa a significar azar puro, aunque no haya rueda, mesa ni casino.
Quién gana en estas historias
En estas historias la rueda no premia a quien cree dominarla: la abuela pierde lo que había ganado, Wells gana en la mesa pero acaba en prisión por otro delito y solo el joven de Casablanca gana, porque alguien amañó la rueda. La expresión "ruleta rusa" conserva la idea de azar, aunque no se refiera a una mesa ni a una rueda.































Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.152