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Carlos Roque Sánchez Carlos Roque Sánchez
Sábado, 03 de Octubre de 2026

‘Efecto Mateo’

[Img #304314]Introducción. La expresión fue acuñada por el sociólogo estadounidense Robert King Merton (1910-2003) para describir la menor consideración que recibían los trabajos y las obras de escritores, científicos o artistas no conocidos, en comparación con trabajos similares en importancia intelectual de otros ya consagrados o famosos. Una discriminación en base al renombre o prestigio que tuviera y que provenía de la posición que ocupara, más o menos alta, en las relaciones estructurales impuestas en los grupos de investigación, pero, con una paradoja. El lugar que ocupaba era consecuencia directa del renombre que poseyera dicha persona y que, curiosamente, provenía del lugar que ocupaba en las estructuras, que a su vez derivaba del renombre que... Vamos, para que se haga una idea, como esos personajes de los programas televisivos “del corazón” que salen sin más mérito para ello que el de ser “famosos”, una peculiaridad social que deben, precisamente, al hecho de haber salido en la “tele”, presencia pública que les hace más “famosos” y causa de que puedan ir nuevamente, lo que los hará más famosos y justificación de  que … O sea, la pescadilla que se muerde la cola que diría el castizo o el latinajo ‘ad infinitum’ que diría el clásico.

 

Se trata de un fenómeno, ya lo habrá pensado, que se puede aplicar a casi cualquier ámbito de la vida humana léase: economía y sociedad, con la acumulación de riqueza y oportunidades a través de generaciones; educación, donde niños con buena comprensión lectora a tiempo logran más éxitos académicos, mientras que su carencia puede generarles nuevas dificultades que, con los años, deriven en fracaso o abandono escolar; o en ciencias, campo al que Merton se circunscribió al publicar en la prestigiosa revista Science, el artículo titulado ‘The Matthew Effect in Science’ (1968) según el cual, las investigaciones realizadas por científicos jóvenes, o no tan conocidos por la comunidad universitaria o la sociedad en general, aunque sean mejores que las de sus compañeros ya consagrados, recibirán menor cantidad de menciones. Incluso es bastante posible que sean olvidados o relegados a un segundo plano, ocultos por la sombra del más famoso, (casi) siempre tan alargada.

 

¿Y por qué lo llamó así? ¿Por qué en ciencias? Respecto al nombre todo apunta a que fue por inspiración bíblica, digamos que por cierta semejanza circunstancial que Merton encontró con la conocida ‘parábola de los talentos’ de uno de los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento, el de Mateo (25, 14-30) en cuyo final podemos leer una aseveración de lo más inquietante: “A todo el que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”. Caramba con el santo y su espeto bíblico, que dejo ahí, pero sigo con el sociólogo que lo cierto es que anduvo bastante fino al denominar con su nombre esta sobreestimación que se hace del trabajo de los científicos que ya gozan de reconocimiento público, en detrimento de los que no tienen tanto. O al menos así me lo parece. En cualquier caso y ante semejante situación, usted se preguntará, ¿por qué en ciencias? es más, ¿qué tipo de investigación llevó a cabo el sociólogo a partir de la cual pudo llegar a semejante idea? Pues resulta que, por supuesto, de santo no tenía nada, normal por otro lado, pero es que de investigador tenía más bien poco, lo que ya no es normal; es como dice el aserto, aquello de “cuando nada es lo que parece, aunque lo parezca”. Verá porqué le digo esto.

 

El estadounidense, para definir el concepto y acuñar la expresión, no se basó en un trabajo empírico propio, sino que utilizó buena parte de una serie de entrevistas y materiales diversos, realizados por una joven componente de su propio grupo investigador en la Universidad de Columbia. Harriet Zuckerman (1937), especializada en sociología de la ciencia, que a comienzos de la década de los 60 realizaba su tesis doctoral sobre determinadas características personales y profesionales de la élite del mundo científico. Y en este contexto entrevistó a investigadores estadounidenses en posesión del premio Nobel quienes, mayoritariamente, le reconocieron el papel determinante que jugaron en la consecución del laureado galardón el trabajo y las aportaciones de los jóvenes investigadores que formaban parte del grupo y con los que trabajaban a la par, codo con codo. Una paridad laboral que sin embargo a la hora de los reconocimientos se rompía ya que la comunidad científica les otorgaba todo el mérito a los investigadores de renombre, ninguneándolos a ellos. Vamos, calcadito a las palabras del evangelista “A todo el que tiene se le dará y…”.

 

De Mateo a Matilda. De ahí que Zuckerman, entre otras conclusiones, planteara en su tesis la idea de que la menor visibilidad de los científicos e investigadores con menor adjudicación de méritos, se debía a las relaciones estructurales que se imponían en los grupos de investigación. Y así lo expuso en la defensa que realizó de la misma en 1965 y que, como tantas otras tesis, pasó desapercibida para dormir el sueño de los justos en un cajón cerrado con llave. Los que no durmieron, o lo hicieron muy poco tiempo, fueron los resultados en ella expuestos, de los que él se apropió y utilizó en la identificación, explicación y definición de su, nada desapercibido, ‘Efecto Mateo’ en el que las aportaciones de ella fueron bastante más que fundamentales. Hasta aquí solo parte de la historia, la que resulta, digamos, extramuros pero existe otra no menos curiosa, intramuros, que además lleva una carga de efecto perverso (Continuará)

 

CONTACTO: [email protected]

FUENTE: Enroque de ciencia

 

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