España no se vende: ¿pero quién la defiende? (por Daniel Peña Benítez)
«España no se vende». Una frase que vuelve a resonar a raíz de la convocatoria de Ceuta se defiende. Más allá de siglas e ideologías, me lleva a una pregunta sencilla: ¿dónde está la gente cuando están en juego cuestiones que afectan a todos?
Durante las últimas décadas, España ha mantenido con Marruecos una relación marcada por importantes intereses económicos, diplomáticos y estratégicos. Al mismo tiempo, el Sáhara Occidental ha quedado atrapado entre Marruecos y Argelia, mientras España ha ido modificando su posición respecto a un territorio que administró hasta 1975. Cabe preguntarse si estamos defendiendo una política exterior propia y, sobre todo, si existe un verdadero debate ciudadano sobre estas decisiones.
Mientras tanto, dentro de nuestras fronteras también hay motivos para preocuparse.
La edad de jubilación ha aumentado y se pide a los trabajadores que permanezcan más años en activo para garantizar la sostenibilidad del sistema. Pero detrás de cada pensión hay una vida de trabajo y cotizaciones.
Lo vimos en los pensionistas que caminaron hasta Madrid sin afiliación política y sin más bandera que la dignidad. Personas que han entregado décadas de su vida al trabajo y que ven con preocupación cómo se deterioran servicios y derechos que ayudaron a construir.
También preocupa la vivienda. Comprar se ha convertido en algo inalcanzable para muchas familias y los alquileres absorben cada vez más salarios. Trabajar debería permitir construir un proyecto de vida, no condenar a una persona a no poder independizarse.
Y qué decir de la educación pública. En Andalucía, las políticas del Gobierno de Juan Manuel Moreno Bonilla han generado un debate sobre los recursos, las líneas educativas y el futuro de la enseñanza pública. Una educación pública fuerte no es un gasto que haya que recortar: es una garantía de igualdad de oportunidades.
Por eso la pregunta vuelve a ser la misma: ¿dónde está la gente?
Quizá nos hemos acostumbrado demasiado a discutir entre nosotros por las siglas mientras dejamos que otros decidan sobre asuntos fundamentales. España no debería pertenecer a ningún partido, gobierno, empresa ni interés extranjero. España pertenece a sus ciudadanos.
Defender España no significa enfrentarnos a nuestros vecinos ni convertir todo en una batalla ideológica. Significa exigir transparencia, vivienda accesible, pensiones dignas, educación y servicios públicos fuertes, y una política exterior que tenga en cuenta los intereses de nuestro país.
España no se vende.
Pero para que no se venda, también hace falta que la ciudadanía esté presente, participe y no permanezca indiferente.
Porque quizá la pregunta no sea solamente quién está en la calle, sino quién falta cuando está en juego nuestro futuro.
Daniel Peña Benítez





























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