Elogio del terraplanismo
Europa Occidental es la tierra más generosa del mundo
Por Balsa Cirrito
Confieso que me irritan no poco esos comentarios del universo perroflauta donde acusan a los europeos de racistas, fachas, insolidarios y otras yerbas forrajeras. Porque nadie, en toda la historia de la humanidad, sobre la redondez de la Tierra, ha sido tan generoso como diez o doce países de Europa Occidental, entre los que España luce en lugar destacado. Repito, nadie. Europa acoge a refugiados de guerras, a refugiados económicos, a refugiados sexuales (hablo del mundo LGTBI que huye de muchos países), y a aventureros de toda laya y condición no solo con los brazos abiertos, sino, sobre todo, con la cartera abierta.
Y, amigo, estos que nos visitan no son siempre exactamente almas cándidas o salvajes buenos, no; los datos no engañan, y esos visitantes no solicitados han supuesto casi siempre un enorme incremento de la delincuencia, particularmente de ciertos delitos. Lo que era Suecia hace 25 ó 30 años y los que es ahora. Lo que era Bélgica y lo que es ahora, sobre todo Valonia. Lo que era Francia, que, aunque siempre han hecho muy buenas películas de gangsters, era una tierra segura (fuera de Marsella, claro está), y en lo que se ha convertido, en un país caótico y a ratos bárbaro.
Pero no quiero centrarme en la cuestión delictiva, que no es a lo que voy. A lo que voy es que Europa Occidental es increíble, exagerada, extraordinariamente generosa con los que llegan de fuera. Solo hay que imaginar lo que ocurriría en cualquier parte del mundo que recibiera las riadas interminables que acogemos nosotros. Y que esas riadas provocaran la inmensa cantidad de problemas que provocan en nuestros países. Y que costaran la enorme cantidad de dinero que cuestan. Para luego tener que escuchar las sandeces de que los que llegan nos llamen racistas – a menudo son los propios europeos, europeos de la variedad Perroflautus Indestructibilis, quienes lo hacen. Y que cualquier opinión que pretenda mantener cierta identidad racial en nuestros países sea considerada poco menos que un crimen xenofóbico. ¿Qué narices piensa esta gente que se reparte por el mundo? ¿Racismo? Si quieren buscar racismo de calidad que vayan al África Subsahariana, a China o a Japón, a la India o a los países árabes. Se van a enterar de lo que es racismo de puta madre, racismo high quality, racismo fetén del tren.
Este verano he viajado bastante por Europa, no siempre por razones turísticas. Y estuve en una localidad holandesa llamada Sluis. Es una población fronteriza con Bélgica, muy bonita y que siempre está abarrotada de turistas. Era la segunda vez que iba allí, y me di cuenta de algo en lo que no había caído la primera. Y era que casi todas las gentes que vagaban por las calles tenían pinta de holandeses o de belgas. Atentos al dato: ¡resulta sorprendente que en una ciudad holandesa las personas tengan aspecto de holandesas! Confieso que me pareció agradable ver tanta gente rubia y rubicunda, panzuda y de rostros cándidos. Y, antes de llamarme rutinariamente racista, piensen la impresión que recibiríamos si yendo a visitar Kenia nos encontráramos con que en Nairobi nos topáramos con más chinos que negros. O acudir a Bolivia y que la mayoría de la gente nos diera la impresión de alemanes de los que salen en las películas de nazis. O entrar en un restaurante en Japón y que todas las mujeres llevaran burka o hiyab. Francamente, yo me sentiría muy decepcionado. Pero pedir en Europa que la mayoría de la gente tenga aspecto europeo se ha convertido en anatema.
(Y, en realidad, algo así es lo que me pasó en la ciudad italiana de Bolonia. Pillé un hotel por internet. El precio era bueno y la distancia respecto al centro, según Booking, de algo menos de dos kilómetros. “Bah, un paseo”, pensé. Pero cuando llegué al hotel casi creí haber aterrizado en Rawalpindi, porque por las calles solo veía a pakistaníes. Francamente, en Italia me apetecía encontrarme italianos, igual que en Pakistán me habría apetecido ver pakistaníes. También debo decir que no tuve ningún problema de seguridad).
Pero volvamos al meollo. Lo que más me molesta es que cada vez que alguien intenta poner algo de racionalidad en esa generosidad europea, que con frecuencia resulta absurda, se le acuse de inhumano, racista e insolidario. ¿Insolidario? ¡Por los huevos de King Kong adolescente! Europa, con una población que viene a ser el 8 ó el 9 por ciento del planeta, tiene un gasto social que representa el 50 por ciento mundial. Y, digo yo, no tiene sentido que un extranjero venga a Europa para cobrar el Ingreso Mínimo Vital, que es algo que ocurre muchas veces, porque si alguien llega se supone que es para trabajar, no para vagar o vaguear, que para eso ya estamos los autóctonos. Tampoco es lógico que un MENA nos cueste más que un mayor español en una residencia de ancianos (qué digo, no solo que un mayor, también que un joven español; los MENAS al salir de los centros reciben una paga de unos 800 euros mensuales durante tres años; no conozco ningún estudiante nacional que disfrute de una beca semejante). Hace unos meses, durante una oleada de pateros en Canarias, recuerdo que el gobierno presumía orgulloso que les había destinado ¡100 millones de euros! para “alimentos de primera calidad” ¡Por todos los dioses de África y Asia! Una de dos, o el número de pateros era de decenas de miles, o de comer solo les servían faisán, lubina, caviar Beluga y tartuffi sobre rosbif de vaca gallega (jamón de pata negra, no, por las razones que sabemos). Hagan el cálculo de cuanto gastan ustedes en alimentación en sus casas diariamente por persona y luego hagan otro cálculo de cuánto tiempo y a cuánta gente se puede alimentar con 100 millones de euros.
¿Ser generoso es malo? No. Pero ser pródigo, sí. Muchos parece que no se dan cuenta de que tampoco somos tan ricos, y que nuestros recursos no son ilimitados, sino que salen de unos impuestos ya demasiado altos (en la actualidad, Hacienda se queda casi con el 50% de lo que percibimos, contando impuestos indirectos). Esto es tan palmario que hasta cuesta trabajo explicarlo, pero piensen que si un barco lo llenas demasiado de gente, termina hundiéndose. Nuestro barco, el barco europeo se está yendo a pique. Hace 30 años el PIB de Europa en conjunto era como el estadounidense. Ahora los americanos nos aventajan en mucho. Piensen cuáles son las razones, aunque igual no hay que pensar mucho.
¿Y qué es lo peor? ¿Qué es lo que nos toca más las narices? A ver, piensen… ¿Que nos hundamos? Noooo. Lo peor es que, encima, todos los que se nos han subido al barco de más y nos llevan al fondo digan: “Sois unos racistas hijos de puta”.






























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