Antonio Franco
Ellas siempre pierden
Los avances de las mujeres en derechos conseguidos durante la Segunda República española se suprimieron nada más ganar los fascistas la guerra civil.
Es totalmente objetivo que el régimen franquista limitó los derechos de las mujeres. Se implementaron, nada más acabar la guerra, medidas que incapacitaban legalmente a las mujeres convirtiéndolas en dependiente de sus maridos, de sus padres y del Estado.
Las leyes impuestas por los franquistas en ese sentido recordaban a las del siglo XIX que trataban a las mujeres casi como si su condición de mujer fuera una discapacidad.
El nacionalcatolicismo, pilar fundamental del régimen franquista, convirtió a las mujeres en personas tuteladas. Dependían de sus maridos, padres y hermanos para poder trabajar fuera de casa. Necesitaban permiso para solicitar un empleo, abrir una cuenta bancaria o salir de viaje. La ley permitía incluso que los maridos pudiesen matar a sus esposas si la sorprendían en un acto de adulterio. Ni que decir tiene que se abolió el divorcio y el matrimonio civil aprobados durante la República. Todo el mundo se tenía que casar por la Iglesia.
La República, por el contrario, había despenalizado el adulterio y había permitido la investigación de paternidad para que los hombres asumieran sus responsabilidades para con los hijos que engendraban y de los que muchos se desentendían.
La Constitución republicana recogía en su articulado que “toda persona es libre de elegir profesión y que todos los españoles, sin distinción de sexo, son admisibles a los empleos y cargos públicos según su mérito y capacidad”.
No se trata de ningún contenido ideológico, sino, como he mencionado más arriba, de constatar unos hechos objetivos que las mujeres sufrieron en este país nuestro, aunque a las nuevas generaciones pueda sonar a “cuentos de viejas”.
Es algo que ni los más defensores fascistas actuales pueden negar.
El contenido de este artículo, así como su título, surge cuándo leo que cuatro años después de que los talibanes retomaran el poder en Afganistán, las afganas están sufriendo la crisis de derechos de las mujeres más graves del mundo. Los talibanes están borrando por completo a las mujeres de la vida pública. Las niñas no pueden asistir a la escuela a partir de los treces años, las mujeres están vetadas de la mayoría de los trabajos y, por supuesto, de la vida política. Se denuncia por parte de la ONU que en muchas regiones no pueden salir a la calle sin la compañía de su padre, de un hermano o de su marido.
Puede haber algún “lumbrera” que al leer el contenido de este artículo deduzca que estoy comparando la situación de la mujer afgana actual con la vivida por nuestras abuelas y madres. Ni mucho menos. Sólo pretendo hacer ver que ellas, las mujeres, siempre pierden en cualquier régimen totalitario, ya sea teocrático o meramente político. Aunque hay excepciones hasta en el totalitarismo en este sentido.
Bastaría extender nuestra mirada y nuestro análisis por los gobiernos del planeta y a través de la Historia para descubrir que la situación de las mujeres no es la misma que la de los hombres.
La política y activista alemana Clara Zetkin, conocida principalmente por su lucha por los derechos de las mujeres y su papel en el reconocimiento del Día Internacional de la Mujer, expresó que “la lucha por el derecho de las mujeres no es sólo cuestión de igualdad, sino una cuestión de justicia y libertad”.












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