Elogio del terraplanismo
Corran, corran, que sale el ferry
Por Balsa Cirrito
Hace unas semanas, durante la celebración del Orgullo Gay en la ciudad alemana de Berlín, un adepto a la religión de Mahoma embistió con una furgoneta a la multitud. El resultado fue una mujer muerta y 29 personas heridas. Sin duda, un atentado terrible (aunque en Alemania, el hecho de que un musulmán se lance con un vehículo contra una multitud indefensa es ya casi una tradición tan consolidada como la Oktober Fest), bien que lo más sorprendente llegó después. El comité organizador del evento, tras el hecho, lanzó un comunicado donde pedía: “no politizar el atentado”. ¡Tócate los huevos! (O, teniendo en cuenta que se trataba de una marcha del orgullo gay, ¡Tócale los huevos a ese chico tan guapo que tienes al lado!) ¿Que no se politice un atentado? Entonces, ¿qué se puede politizar? ¿La Fashion Week? ¿Alguien se puede imaginar lo que habrían dicho si el atentado lo hubiera cometido un miembro del partido ultraderechista AFD?
Tampoco deja de resultar grotesca esa imagen que se suele ver en todas las marchas del Orgullo Gay, donde un grupo de pimpolluelos, vestidos al estilo de las otakus japonesas, sostiene una pancarta con su lema de “Queers for Palestine”. ¡Almas de Dios! En Palestina el grupo de queers duraría menos que un porro en una manifestación de Podemos, porque los lanzarían desde un minarete para que se estrellaran bien estrellados. No por nada todos los gais del mundo árabe-musulmán se desplazan a la ciudad judía de Tel-Aviv cuando quieren tener una aventurilla.
Pero no quiero desviarme. La ultraizquierda y el perroflautismo sufren de un extraño complejo frente al Islam. Se niegan a condenar el régimen de Irán que asesina a su pueblo, particularmente a las mujeres. Ellos, los ultraizquierdistas, que son la mayor fábrica de prohibiciones que haya conocido la humanidad, se resisten también a prohibir el burka. Hay un tipo de Podemos que sale en la tele, Pablo no sé qué, ya saben, el que parece que se pasa la vida en la peluquería, más tiempo aún que Yolanda Díaz; pues a este tipo le escucho frases como que España es: “un país de gais y musulmanes”, que escuchándolo dan ganas de pillarlo dormido y pelarlo a rape. O Gemma Nierga, periodista de la cadena SER, que en un premio ONDAS que le dieron hace poco exclamó: “¡Ojalá el año que viene el ganador se llame Mohamed!”.
¿De dónde sale esta gente? ¿Qué comen? ¿Qué leen? ¿Dónde viven? ¿Marchan por el mundo con las gafas de Dare Devil? Porque, al menos en principio, el Islam representa lo más alejado de lo que es – o de lo que debería ser – la izquierda. De entrada, democracia e Islam no parecen hacer buenas migas. De los cincuenta y tantos países del mundo con mayoría mahometana el número de democracias es… cero. Cero. Ningún país musulmán del mundo es democrático, lo cual, para ser coincidencia, es mucha coincidencia. Es verdad que la izquierda perroflauta tampoco es muy amiga de la democracia, pero de boquilla dicen cosas diferentes. Otra. El Islam es teocrático por esencia, lo cual, si no estoy equivocado, se da de hostias, quiero decir de tortas, con lo que defiende la izquierda perroflauta. Recordemos aquello de que “la religión es el opio del pueblo”. Pues en los países islámicos el opio se reparte a arrobas, a toneladas, a quintales. ¿Saben cuántos países islámicos tienen auténtica libertad religiosa e igualdad de creencias? Pues el número es el mismo que el de democracias. Cero. Ninguno. Otra. En los últimos tiempos a la ultraizquierda no se le cae la palabra feminismo de la boca, aunque sea un posicionamiento más retórico que real. Pues bien, decir que el Islam es machista no resulta ni siquiera adecuado, porque el Islam muestra el machismo materializado; tan tangible y sólido como el peñón de Gibraltar, tan duro como la cabeza de Irene Montero, tan bestia como un congreso de cirujanos que practican la ablación de clítoris.
Podría seguir, pero no quiero resultar fastidioso ni quiero hacerme mala sangre. ¿Por qué, entonces, la izquierda perroflauta apoya el Islam dictatorial, machista y teocrático? Pues entiendo que por dos razones. La primera es por odio a al cristianismo en general y a la Iglesia Católica en particular, lo cual muestra un puntito paradójico muy marcado, ya que la izquierda tiene un origen doctrinal enraizado en el pensamiento judeocristiano, y por algo será que los movimientos socialistas nacen en países cristianos occidentales. Eso sin mencionar que la actual Iglesia Católica, exceptuando en el asunto LGTBI, suelta un saborcillo perroflauta que no hay más que pedir.
La segunda razón es más práctica. Recientemente, Jean Luc Melenchon, lider de la izquierda francesa, ha manifestado que con el apoyo de la población blanca cristiana nunca llegarán a implantar el socialismo, porque los cristianos blancos, los muy hijos de puta, se resisten a ser socialistizados, por lo que hay que recurrir al mundo moro. La contradicción estriba en que el mundo moro, en general, no comulga tampoco con las ideas de la izquierda, por lo que, para atraerlo, hay que darle todo lo que pida. ¿Comida halal en los colegios? Comida halal. ¿Burka? Pues burka. ¿Mezquitas más grandes que la catedral de Sevilla? Nada, macromezquitas en todos lados. ¿Día festivo la Fiesta del Cordero? Venga, haremos día festivo la Fiesta del Cordero.
En España no hay más que recordar aquel famoso discurso de Irene Montero, que no dudo en calificar de ignominioso, y que podía figurar como ejemplo de eso que se llama “discurso del odio”, en el que pedía que los inmigrantes desplazaran a los españoles fachas, que los eliminaran como una excrecencia social, por supuesto, dando por hecho de estos moros recién llegados la iban a votar a ella. El hecho de que persona que pronuncia semejantes palabras aún disponga de un sitio como diputada en el Parlamento Europeo, es un misterio mayor que el de las caras de Belmez.
Pero tengo una idea que darle a Jean Luc Melenchon (por cierto, de origen español por sus cuatro costados), a Irene Montero, a Pablo el que se peina como la Barbie. Una idea estupenda. Una idea súper chachi: váyanse a un país islámico. Vayan para un desierto bonito con sus palmeritas cada cincuenta kilómetros y sus pozos de agua como el de Lawrence de Arabia. Quédense allí y proclamen esas cosas tan cuquis que ustedes proclaman; así, cuando los moros nos invadan otra vez, ya vendrán adoctrinados y tendrán casi todo el trabajo hecho. No me digan que no es una ventaja. Venga, churris, cojan el ferry, que lo van a perder. A las doce y cuarto sale uno para Tánger. Corran, corran.































Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.222