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Carlos Roque Sánchez Carlos Roque Sánchez
Sábado, 15 de Agosto de 2026

“Alga asiática”. Introducción y problemática

[Img #299919]Por desgracia viene siendo un tema recurrente de conversación de (casi) cada día, no solo al bajar a algunas de las playas españolas y evidenciar su epatante visión sobre la arena y el agua, sino año tras año pues van ya un par de manitas largo de ellos que “convivimos” con ellas; y es que, lo que comenzó como un fenómeno puntual y supuestamente aislado, ha terminado por convertirse en un más que principal y preocupante problema de todo tipo. Aunque le supongo al tanto le expongo, por si no es así o no cae ahora, lo que sé al respecto.

 

‘Rugulopteryx okamurae’. El latinajo del subtítulo es el nombre científico con el que se conoce a un alga parda invasora, originaria del Pacífico noroccidental (Japón, Corea y China), que fuera de su hábitat natural se detectó en 2002 en la laguna costera de Étang de Thau de Francia, donde llegó probablemente como consecuencia de una contaminación a través de ostras procedentes de Japón (Crassostrea gigas) para la acuicultura. Si bien no fue hasta 2015 que se detectó en España, primero en las aguas próximas al estrecho de Gibraltar, después en las costas de Galicia y Cataluña (2024) y, para 2025, proliferar ya por el Mar Cantábrico. Lo que se dice una expansión rápida y agresiva al comportarse como especie “okupa” causante de graves perjuicios a los ecosistemas naturales donde se instala. Un alga multicelular que, nota cultureta, pertenece a la familia Dictyotaceae, género Rugulopteryx, especie Okamurae, una de las cuatro que existen, y debe su nombre al botánico, ficólogo y pedagogo japonés Kintaro Okamura (1867-1935).

 

Polifacética problemática gaditana. Se cree llegó adherida a los cascos o en las aguas de lastre de barcos mercantes y, tras encontrarse con aguas templadas y pocos depredadores, disparó su crecimiento hasta el punto de ser todo un poliédrico problema (ambiental, económico, logístico) para algunas costas, máxime cuando el viento y las corrientes favorecen su llegada a las costas en frecuentes arribazones de toneladas de esta biomasa (materia orgánica, vegetal o animal, susceptible de ser utilizada, por ejemplo, como fuente de energía). Poliédrico porque son varias las caras conflictivas que presenta este prisma “alguero” y, con ellas, las afiladas aristas que forman sus intersecciones y cortan en diferentes contextos de nuestra sociedad, sea a nivel de vecino o visitante, municipal, del sector pesquero o del medio marino. Así es al menos en la costa gaditana -Chipiona, El Puerto de Santa María, Cádiz, Conil, Barbate, Tarifa, San Roque, Algeciras o La Línea de la Concepción- frente a cuyas aguas escribo estas líneas mientras la contemplo de vez en vez; pongamos que hablo de Rota, Ribat Ruta. Sin duda su desagradable presencia, me refiero a la Rugulopteryx okamurae, el alga invasora, es el impacto más visible para vecinos y visitantes, que empieza con la dificultad para disfrutar del baño o del paseo por la orilla pero que, por desgracia, no queda ahí pues va más allá de los evidentes inconvenientes físicos y el nada estético impacto visual. Hay otros sectores sociales afectados.

 

Afectación turística y sobrecarga municipal. Una afectación turística que empieza cuando este organismo marino, capaz de realizar la fotosíntesis oxigénica y obtener el carbono orgánico con la energía de la luz del Sol pero de manera diferente a una planta terrestre (embriofita), lleva varios días depositado sobre la arena. E inicia un natural proceso de descomposición que se acelera con las altas temperaturas estivales, de manera que esta biomasa pierde agua, cambia de color y entra en putrefacción; una alteración orgánica que libera gases provocadores de desagradables olores y, además, atrae insectos lo que podría desembocar en una emergencia sanitaria. Lo que, no hay duda, reduce la calidad paisajística de las playas circunstancia que, siendo ya mala, no es ni la única ni la peor, empezando porque, en prevención, los ayuntamientos tienen que intensificar las labores de limpieza para mantener los arenales en condiciones. Una retirada de algas, con transporte a instalaciones autorizadas para su tratamiento y gestión de residuos, que supone no solo un esfuerzo extraordinario para los servicios municipales, sino un importante desembolso económico extra a los que tienen que responder con recursos propios, ayudas de otras administraciones y una planificación constante.

 

Impacto ecológico y pesquero. Pero es evidente que el alga asiática no llegó a nuestras costas el día que la vimos aparecer en la arena de la orilla, no, antes ya llevaba tiempo viviendo a profundidades comprendidas entre 0,5 y 5 m, donde forma tupidas alfombras que bloquean la luz solar, impidiendo la fotosíntesis y desplazando a las especies de flora y fauna nativas. Además, la okamurae, genera compuestos químicos que la hacen tóxica y poco atractiva para los herbívoros marinos, y coloniza los fondos marinos, rocas y zonas sumergidas formando densos mantos que los cubren, con la consiguiente alteración del equilibrio natural del ecosistema (peces, moluscos, crustáceos). Ciertamente, en espacios abiertos el problema ambiental es claro, no en vano esta especie ocupante modifica hábitat, condiciones de luz, refugio y alimento de muchas especies. (Continuará)

 

CONTACTO: [email protected]

FUENTE: Enroque de ciencia

 

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