Carlos Roque Sánchez
Hombres, eclipse solar y Rota
Trio eclíptico solar e ibérico. La concepción que los humanos tenemos sobre este fenómeno espacial y su influencia sobre nosotros ha cambiado y no poco a lo largo de la historia del hombre, desde que éste lo es. Y la de hoy es una percepción muy distinta pero no por ello menos espectacular y mágica de como debió de ser esa primera vez que un ser humano contempló a nuestra estrella ocultarse en pleno día y de manera inusual, como ocurrirá el próximo miércoles 12 de agosto en una parte del mundo. Será el primero de la terna que esta década de los años veinte nos reserva, con nuestro país como invitado destacado y mi consejo, ni que decir tiene, es que no se lo pierda, pero, eso sí, que lo haga informado. Como seguro sabe se trata de un eclipse total cuya “franja de totalidad” atravesará de oeste a este hasta treinta y dos provincias desde Galicia hasta Cataluña, la Comunidad Valenciana y Baleares, pasando por amplias zonas de Castilla y León y Castilla-La Mancha. En ellos una completa oscuridad reinará durante algo más de un minuto pudiéndose ver la corona solar entre otros fenómenos anteriores y posteriores a él. En el resto del territorio lo que se verá es un eclipse parcial, pues no se oscurecerá completamente el disco solar, es la mala noticia, si bien, en numerosos puntos, la ocultación será muy elevada, esta es la buena. Y en Rota (Cádiz), desde donde lo veré si Dios quiere, perdone que haga algo de patria chica, las circunstancias pintan bien.
Rota. Eclipse, perlas, anillo, lluvia y novilunio. En el municipio, la Luna cubrirá al astro al atardecer, comenzando sobre las 19:43 h y con su máximo de ocultación (de un 93,2 %) alrededor de las 20:38 h, coincidiendo con el Sol muy cerca del horizonte hacia el oeste, claro, sobre el océano Atlántico a una altura de 7,1 º; unos cuarenta minutos después, a las 21:20, el Sol se pondrá, todavía eclipsado en el occidente. En total unos 97 min, lo que no está nada mal. Por estas circunstancias físicas la villa roteña será un magnífico lugar para su seguimiento siendo aconsejable como espacios idóneos tanto la línea de playa orientada al oeste (Punta Candor o Costa Ballena) como, en ese mismo sentido, el pinar o el horizonte sin edificios ni obstáculos altos, recuerde que el fenómeno tendrá lugar en las horas previas al ocaso. Ya de la que va no me resisto a comentarle, aunque solo sea de pasada, otros fenómenos celestes que ocurrirán antes, durante y después del eclipse. Empiezo con dos ópticos que ocurren sucesivamente: primero las perlas de Baily, efecto visual que se produce fugazmente y a continuación el anillo de diamantes que, vaya por delante, no son exactamente lo mismo, pero están muy relacionados; y continuo con otros dos que no necesitan de ningún instrumento para su visión. En esa madrugada del 12 al 13 de agosto tendrá su máximo la más famosa lluvia de meteoros estival, las Perseidas, conocidas popularmente como las Lágrimas de San Lorenzo, y además tendremos la segunda luna nueva o novilunio del verano, por lo que no supondrá un obstáculo lumínico para la observación de los meteoros, si el tiempo lo permite. ‘Somos polvo de estrellas’, Carl Sagan. Cómo me gusta la ciencia.
Salud ocular o cuando la mirada engaña. Por último, si bien por ello no menos importante, el hecho de que un eclipse sea parcial no nos exime de ser especialmente cuidadoso y tomar todas las precauciones para su observación. Es muy, muy, importante. Desde pequeño, por propia experiencia, sabemos que mirar al sol directamente en un día normal no es una buena idea, y prueba de ello es que, uno, inmediatamente aparece la fotofobia, esa molestia que nos obliga a apartar la vista y, dos, ante tal intensidad luminosa nuestra pupila se cierra como si fuera el diafragma de una cámara reduciendo así la cantidad de luz que llega a nuestra retina. Dos acciones que nos protegen del peligro que supone exponer los ojos a los energéticos rayos ultravioletas (UV) solares. Pero no es así durante un eclipse, en el que la ocultación progresiva del sol nos hace bajar la guardia, aunque el peligro siga siendo el mismo si no mayor pues la sensación de deslumbramiento desaparece y, además, para compensar, nuestras pupilas se dilatan para ver mejor. Es decir que no hay deslumbramiento, pero las radiaciones UV y las infrarrojas (IR), no nos olvidemos de ellas, siguen muy presente en ese momento y ahora, para más inri la pupila está abierta, pudiendo concentrarse en la mácula, punto de máxima agudeza visual y causarnos daños. Tanto fotoquímicos, los UV, como fototérmicos, los IR, todos de carácter irreversible y sin que nos demos cuenta pues, en un principio no sentiremos dolor.
Precaución. No consuma noticias, entiéndalas. Nunca, nunca, se debe mirar directamente al Sol durante un eclipse, sin usar filtros solares certificados o gafas especiales homologadas; olvídese de “remedios caseros” como: un cristal ahumado, una radiografía, los CD, las gafas de soldador, las 3D o las convencionales de sol (ni siquiera las de categoría 4), sencillamente no sirven; es completamente falso de toda falsedad que protejan nuestros ojos, por el contrario, nos lo enfermarán. Igualmente, tampoco deberemos enfocar al sol con cámaras fotográficas, teléfonos móviles, prismáticos o telescopios sin la protección adecuada, dado que la luz concentrada por las lentes puede dañar los sensores de los dispositivos ópticos y provocarnos lesiones oculares irreversibles.
La observación debe realizarse únicamente con gafas que cumplan estrictamente con los requisitos técnicos y estén homologadas con el certificado ISO 12312-2:2015, incorporen marcado CE y tengan el filtro intacto. Además, se utilizarán durante periodos inferiores a un minuto, realizando pausas, poniéndoselas antes de levantar la mirada al sol y quitándoselas únicamente después de haberla apartado de él. Una forma sencilla de saber que las gafas son auténticas y están en buen estado es comprobando previamente que con ellas puestas no se ve absolutamente nada del entorno -ni luces ni edificios ni el cielo- y si miramos al sol, únicamente apreciamos un pequeño punto amarillento o anaranjado. Nos vemos en el eclipse. (¿Continuará?)
CONTACTO: [email protected]
FUENTE: Enroque de ciencia












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