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Antonio Franco Antonio Franco
Sábado, 08 de Agosto de 2026

Vivir una cultura diferente

[Img #299284]La falta de vivienda en España no afecta sólo a los españoles. Sus efectos van más allá.


Aquí, un ciudadano español puede llegar a rechazar un puesto de trabajo por falta de un lugar donde poder habitar. Si lo encuentra, tiene que valorar sobre todo el coste del mismo con respecto al sueldo que percibe. Ocurre en las Islas Baleares y en otros lugares que padecen la masificación turística.


He leído que la comunidad rumana, que llegó a contar con ochocientas mil personas afincadas en nuestro país en la primera década de este siglo, ha disminuido en una cuarta parte. Tal merma se debe a varios factores. Rumanía ha conseguido un crecimiento económico en los últimos años y ofrece a sus ciudadanos salarios competitivos y mayores oportunidades laborales.


Los jóvenes rumanos ya no siguen la estela de sus padres sino que optan por quedarse. En España ganan más, pero el nivel de vida en nuestro país sigue siendo alto, sobre todo a la hora de alquilar una vivienda.  La balanza de ingresos y gastos se inclina por no abandonar su país. De hecho, sectores como la agricultura y la construcción empiezan a notar la falta de mano de obra en algunas zonas de España. El mercado laboral español ha dejado de ser atractivo para las nuevas generaciones de rumanos.


Dentro de un par de décadas, los migrantes que llegan a España procedentes de otras zonas del Globo tal vez no se vean en la tesitura de tener que abandonar sus hogares para buscarse la vida, como está ocurriendo con la ciudadanía rumana. El éxodo puede dejar de ser la única salida para los pobres del planeta.


Situar a la población laboral española en ese futuro inmediato entraría de lleno en el campo de la conjetura y la teorización. Pero ya que estamos, supongamos.


Habrá falta de mano de obra para aquellas labores que en estos momentos delegamos en manos de las personas migrantes. La atención personalizada a nuestros mayores tendrá que correr a cargo sólo y exclusivamente de profesionales españoles. Con un mayor coste, claro.


La agricultura se resentirá en cada campaña. Será complicado encontrar por el mismo precio a españoles que recolecten nuestras fresas, nuestras naranjas, nuestras manzanas...sin perder competitividad en el Mercado. Si se fijan, la competitividad en un gran porcentaje se consigue a base de salarios siempre mejorables.
Buscar un fontanero, un albañil, un carpintero... será ardua tarea. Hoy ya casi lo es, dicho sea de paso. No se tratará sólo de pagar un alto precio, sino encontrar quién lo haga.


En el sector primario de la pesca es ya habitual la presencia de personal migrante en los barcos de nuestra flota. Los españoles no quieren ser marineros. Si ese personal regresa a sus países de orígenes, ya nos podemos imaginar el número de embarcaciones que dejará de faenar. Siempre nos quedarán las piscifactorías, que hoy por hoy ya son una realidad.


Si nuestros jóvenes universitarios del ámbito de la Investigación no encuentran una vivienda digna para desarrollar su vida, se verán obligados a emigrar. Ya sucede, de hecho. Otros países aprovecharán el talento de nuestros jóvenes científicos.


Si seguimos especulando, tal vez dentro de quince o veinte años, el camarero que nos sirva el café sea español. Bien pagado, por supuesto. Y bien cobrado. El café, digo.


Ante la falta de vivienda y ante el alto precio para adquirir una, o alquilar a un precio asequible de acuerdo con los ingresos de las nóminas, quizás nos convirtamos en emigrantes.


Nadie se sorprenderá que en la selección nacional de... yo que sé... ¿Camerún? jueguen descendientes de españoles que han echado raíces en ese país africano. Si así ocurriese, siempre habría algún ex político metido a comentarista deportivo explicando que Camerún es una buena selección de fútbol pero que tiene demasiados blancos en sus filas. 


Como he mencionado anteriormente, se trata sólo de una teoría y, por lo tanto, es sólo  un pensamiento especulativo sin ninguna base.


Para terminar, transcribo una estrofa de una canción de Ana Belén, que puede venir bien al artículo de esta semana:


“Sólo le pido a Dios
que el futuro no me sea indiferente.
Desahuciado está el que tiene que marchar
a vivir una Cultura diferente”.

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