La fuente del alcalde (por Felipe Benítez Reyes)
Cada vez que se publica en algún sitio una fotografía de la fuente que hubo hace décadas en la Plaza de España, nunca falta alguien que se pregunta con tonillo sarcástico: “¿Dónde estará la fuente?”.
Pues tengo la respuesta: en el vertedero al que fueron a parar sus cascotes tras ser demolida.
La imaginación nostálgica de algunos la equipara poco menos que con la Fontana de Trevi o con la de Cibeles, pero la realidad suele ser más prosaica que la imaginación: se instaló en 1957, tenía un diseño sencillo y bonito, pero sin valor artístico alguno, pues se trataba de una fuente seriada, de producción industrial, de hormigón, con un recubrimiento de terrazo, cuya estructura interna de hierro, al oxidarse, acabó reventándola. Durante un tiempo se le aplicaron parches muy toscos de cemento, hasta que aquello, aparte de una ruina lastimosa, tenía ya filtraciones, a consecuencia de lo cual tuvo que ser desecada y acabó sirviendo poco menos que de papelera. (Muchos testigos podrían dar fe de esa decadencia).
Bien. ¿En qué cabeza cabe que un alcalde mande desmontar la fuente de una de las plazas principales del pueblo para llevársela a su casa y colocarla con vistas a la calle para que la vea todo el mundo? Pues ahora viene lo curioso: al parecer, en la cabeza de mucha gente. (¿En cabezas lo suficientemente huecas como para que tengan cabida en ellas disparates de esa envergadura?)
Hoy mismo puede leerse en Instagram el comentario de un iluminado que asegura que un tío suyo fue el camionero que llevó la fuente a la casa del alcalde y que si alguien lo duda, que pase por allí, ya que la fuente robada se ve desde la calle. (No sabe uno, en fin, si es más delirante el tío camionero o el sobrino delirante del camionero delirante).
¿De quién partió aquel bulo malintencionado? Resulta difícil precisar quién fue su inventor, pero no sus divulgadores: dos candidatos a la alcaldía. Comoquiera que ambos viven, están a tiempo de retractarse públicamente de su cuento chino y también, aunque sea póstumamente, de pedir perdón al alcalde al que infamaron desde la certeza de estar infamándolo.
En 1978, aquel alcalde, Felipe Benítez Ruiz-Mateos, mi padre, durante las obras de remodelación de la plaza, mandó demoler la fuente porque no tenía reparación posible, no porque él necesitara una fuente que le saliera gratis para su casa (aunque lo de gratis no sé yo: hubiera tenido que contratar a un equipo de arqueólogos para desmontarla y otro de restauradores para repararla), ya que resultaba más sencillo lo que hizo: comprar en un vivero una fuentecilla rústica para la entrada de su casa.
Durante todas estas décadas de vigencia popular del chisme, cuando a alguien se le argumenta o se le demuestra que la fuente jamás estuvo allí, hay quien no duda en rizar el rizo de manera estrafalaria: sostener que la fuente “estuvo” en “el chalet del alcalde”, pero que “la quitó” cuando se descubrió el pastel. La carcajada resulta, en fin, inevitable. Esto es como lo de quien está convencido de que las vacunas llevan un microchip para el control mental: ya puede refutárselo en persona un comité de premios Nobel de Medicina que seguirá convencido de la fantasía del microchip.
“¿Por qué no desmientes en público ese bulo?”, le preguntaban al alcalde Benítez sus allegados. Y él respondía: “¿Para qué? Si eso es lo único que pueden echarme en cara, puedo estar muy tranquilo”.
Eso sí: en vez de llevarse a su casa la fuente ruinosa, aquel alcalde gestionó otros asuntos durante sus mandatos: aún como concejal de fiestas, la construcción del recinto ferial, por ejemplo; ya como alcalde, los paseos marítimos de la Costilla y del Rompidillo, el puerto deportivo-pesquero y el entorno de las murallas y las almenas (hoy avenida San Juan de Puerto Rico), la restauración integral del Castillo de Luna y de su entorno, la tramitación impulsora de Costa Ballena, la consecución de la batería Duque de Nájera como propiedad municipal, la restauración de la plaza Pío XII (Corazón de Jesús), la adquisición de inmuebles para dependencias del ayuntamiento (el de la actual biblioteca Poetas Andaluces, los dos edificios de la Plaza de España…), la carretera de acceso a Punta Candor, la construcción de la Academia Municipal de Música… ¿Seguimos? La restauración de libros de fábrica de la Parroquia de la O, el impulso de la localidad como sede del Campeonato de Mundo de Clase Vela 470, la creación de la Escuela Municipal de Vela y de los complejos deportivos Valdespino y El Palenque, la construcción de la pista de atletismo en el campo de fútbol, la creación de las escuelas taller Astaroth, la remodelación de la Plaza Bartolomé Pérez, la creación de la Escuela Hípica Municipal, la construcción del nido de empresas Santa Teresa, la construcción del parque El Mayeto y del Parque Atlántico, del Jardín Botánico, las obras de mejora del tanatorio y la construcción de su capilla, la ampliación de la residencia de ancianos, la creación de varias oficinas de turismo (Plaza de España, avenida de la Libertad, paseo marítimo de la Costilla y Base Naval)… ¿Paramos para no hacer muy larga la lista? Sí. (Y dejemos al margen su labor al frente de la Fundación, con su relevante actividad sociocultural).
A un servidor público no hay que agradecerle sus logros en beneficio de la comunidad, pues se supone que esa es la obligación que asume con el cargo. Pero sí merece respeto, sobre todo si ya no está en este mundo y lo que se le achacan son infamias sin fundamento.
De manera que, si les parece bien a algunos, demos por zanjado el asunto de la fuente, ¿de acuerdo?, y en cualquier caso, si no lo pueden remediar, que los difamadores y chismosos se inventen un bulo nuevo.
La bromita de la fuente ha durado más de la cuenta.
Felipe Benítez Reyes



























