El corredor financiero entre Europa y América Latina que analiza Susana de la Puente
Hay una conexión financiera entre España y América Latina que se ha ido tejiendo a lo largo de varias décadas, y que sin embargo conserva un enorme margen de expansión. Una lengua común, empresas españolas firmemente asentadas al otro lado del Atlántico y un entorno inversor europeo cada vez más sofisticado convergen en un país llamado a funcionar como punto natural de enlace entre el capital del continente europeo y las economías latinoamericanas. Susana de la Puente Wiese, banquera de inversión cuya carrera se extiende desde Wall Street hasta la dirección de proyectos tecnológicos en Europa, estudia desde hace tiempo esa asimetría: las razones por las que el corredor ya existe y las vías que aún quedan por recorrer para ponerlo plenamente en marcha.
Los números reflejan esa distancia. Un informe de la Universidad Complutense y el Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica, difundido en 2025, señala que la inversión española acumulada en la región se multiplicó por tres entre 2007 y 2023, alcanzando cerca de 250.000 millones de euros. Durante 2024, frente a cada compañía española que recortó su presencia en la zona, cuatro decidieron reforzarla. El lazo financiero se expande. Lo pendiente es levantar la estructura que permitiría a otros inversores del continente dirigir capital hacia esa región empleando España no ya como punto de salida, sino como plataforma de tránsito.
La fortaleza de fondo que Susana de la Puente detecta en este corredor
Según Susana de la Puente, lo que da ventaja a España en este eje no reside en su posición en el mapa ni en su pasado compartido, sino en un factor de carácter mucho más práctico. Un fondo institucional radicado en Fráncfort o Ámsterdam que aspire a ganar exposición en los mercados latinoamericanos necesita años para tejer contactos locales, descifrar normativas dispares y medir la diferencia entre el riesgo real y el percibido. Partiendo desde Madrid, gran parte de ese camino ya se ha andado.
En España existe un tejido financiero con conexiones vivas en México, Brasil, Colombia, Chile y Perú. La banca española más grande acumula más de treinta años de actividad en la zona, y eso ha ido dejando un poso de conocimiento jurídico, sectorial y de relaciones que ningún ciclo inversor logra replicar de golpe. Súmese a ello que España disfruta de acceso completo a los mercados de capital europeos, opera con normativas alineadas con las comunitarias y ocupa un lugar reconocido dentro del entramado financiero del continente. De la Puente sostiene que esa mezcla es de naturaleza estructural y no pasajera, algo que la vuelve particularmente útil justo ahora, cuando el reacomodo de los flujos globales de capital abre trayectorias inéditas.
El motivo por el que el capital europeo no fluye pese a darse las condiciones
Para Susana de la Puente, la raíz del asunto está en el desajuste entre la información que hay disponible y la habilidad efectiva para interpretarla con buen juicio. América Latina reúne economías con lógicas distintas entre sí, y abordarla como un todo homogéneo lleva a repartir el capital de un modo que subestima algunos mercados mientras exagera el riesgo de otros.
Varias naciones de la región han dado pasos notables en materia de disciplina macroeconómica, solidez institucional y entrada a los mercados internacionales. Ese progreso no siempre se refleja en las valoraciones ni en el relato que reciben los inversores europeos, quienes a menudo continúan interpretando América Latina con lentes heredadas de etapas previas. En ese punto localiza de la Puente una de las ineficiencias más nítidas del mercado: el desfase entre cómo se percibe el riesgo y cómo se comporta realmente en los mercados más consolidados de la región abre una ventaja competitiva tangible para quien sepa trazar esa diferencia.
España, gracias a su malla de vínculos activos a ambos lados del océano, está preparada para elaborar ese tipo de análisis con una hondura que muy pocas plataformas financieras alcanzan en este corredor.
Las herramientas que, a juicio de Susana de la Puente, harían falta para poner en marcha ese papel
Entre ver la ventaja y sacarle partido hay distancia. Para ella hacen falta piezas muy concretas: gestores con formación y experiencia de verdad en los dos mercados, vehículos de inversión diseñados a propósito para este corredor y una costumbre de coinvertir entre operadores europeos y latinoamericanos que todavía no está tan asentada como el momento reclamaría.
El perfil del gestor transatlántico, capaz de interpretar al mismo tiempo lo que dice un mercado europeo y lo que dice uno latinoamericano con la misma exigencia, tiene aún mucho recorrido por delante. La mayor parte de la intermediación que une ambas regiones sigue pasando por estructuras que casi siempre esquivan a España, cuando lo cierto es que una intermediación española sumaría valor en contexto, en acceso y en la gestión del riesgo específico de cada país.
Levantar esa capacidad lleva su tiempo y pide decisiones que miren más allá del corto plazo. La base ya está, y es robusta. España mantiene con América Latina un vínculo cocinado a lo largo de décadas; falta convertirlo en infraestructura financiera que funcione de verdad, y ese es el paso que queda pendiente.
La oportunidad sigue ahí, aunque la ventana, como toda ventana en un mercado que se está recolocando, no va a quedarse abierta eternamente.





























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