Elogio del terraplanismo
Un enigma irresoluble y cuál debería ser el nombre de España
Por Balsa Cirrito
Julia Salander es una activista - ¡qué horrible palabra! - del club del feminismo zombi devoracadáveres que aún no son cadáveres. Pues bien, esta mademoiselle Salander es la autora de frases tan balanceadas como aquella de “todos los hombres son violadores en potencia”, que no se sabe si la pronunció acordándose de algún miembro de su familia. Desde entonces sigo con regocijado cachondeo las andanzas de esta chica, básicamente porque soy muy aficionado a sentir vergüenza ajena.
Hace cosa de un año recuerdo haber visto un vídeo inenarrable de tornillita Salander en el que venía a decir que los patios de los colegios eran zonas profundamente machistas (¡como no!). Según currucucú paloma Salander, el fútbol es terriblemente machirulo, lo cual provoca una situación no igualitaria en los patios de los colegios, ya que se cercena el territorio de las niñas, porque, di que sí, medusa Salander, pensar que en una pista de juego donde hay porterías se pueda jugar al macromachista balompié resulta un atentado contra todo lo atentable. Cuando esta buena pieza de Salander pronunció la frasesilla de los patios, me descojoné a gusto, y pensé que todo el mundo se descojonaría igual. Pero no, y heme aquí que con el paso de los meses nos hemos topado con que un partido de esos que están a la izquierda de los testículos de Satanás ha propuesto en su programa prohibir el fútbol en los patios de los colegios, porque todo el mundo entiende que el tiempo que un niño dedica a ese deporte tan desagradable estaría mejor empleado en no sé, en ejercicios espirituales de feminismo hard core o de activismo trans corta pichas. Pero la cosa toma más cuerpo cuando vemos que recientemente el gobierno de Sánchez ha “recomendado” que los patios de los colegios sean igualitarios, con espacios al 50%, insinuando de forma bastante clara que hay que eliminar el fútbol de las escuelas, ya que, como hemos visto, se trata de una actividad teramachista. ¿Se han quedado con esta historia? ¿Sí? Pues vamos a la segunda parte.
Como supongo que saben, estamos en tiempo de Mundial. Por alguna razón, desde hace años el gobierno español se ha empeñado en inculcar el fútbol a las mujeres de nuestro país. Por ejemplo, en los partidos que retransmite RTVE parece existir una especie de obligación - cualquier día nos dicen que hay que incluirla en la Constitución – de que al menos uno de los narradores sea mujer, y lo mismo con los expertos que comentan. El caso es que las narradoras de RTVE son insoportables. Sus voces suenan chillonas, y he llegado al extremo de ver partidos sin sonido por no aguantarlas. Y no se trata de una manía mía, no, que se puede comprobar dándose una vuelta por cualquier foro donde se hable del asunto, y donde resulta que las comentaristas de RTVE son más odiadas que Yoko Ono. En otra circunstancia – por ejemplo, que fueran varones – estas comentaristas serían eliminadas con rapidez; como son tías, hay que aguantarse.
Por razones que nunca he descifrado, el gobierno está empeñado en que a las mujeres les guste el fútbol, con resultados, por cierto, bastante pobres. Me relaciono muchísimo con muchachas jóvenes, y es raro, extremadamente raro, ver a una chica hablando de fútbol o interesándose por él, porque, como regla general LAS MUJERES PASAN DEL FÚTBOL.
Por supuesto, hay que hacer la excepción de la colonia lésbica. En la selección española de fútbol la mayoría de las jugadoras son adeptas al rollo bollo, y este parece ser el único éxito obtenido por el gobierno en su difusión del deporte que nos incumbe.
Pero sospecho que ni eso. Hace unos años, y dado que algunas de las jugadoras más destacadas del ranking eran sáficas, se puso de moda entre las lesbianas la raqueta de tenis (no tengo ninguna segunda intención al decir esto), y se podía creer que ser lesbiana y jugar al tenis eran la misma cosa, igual que cuando uno ve una anchoa piensa en una aceituna (tampoco quiero hacer ninguna metáfora ahora). Pasados unos años, el tenis ha dejado de tener las connotaciones que menciono, y auguro que con el fútbol pasará igual, y que dentro de dos o tres décadas dejará de ser un deporte con las etiquetas actuales.
Aquí acaba la segunda parte del artículo.
Y ahora viene el enigma. Traten de conseguir una cosa. Conjuguen la primera parte, la del fútbol como deporte asquerosamente machista y perfumado de axilas con la segunda, con la del fútbol como deporte para las mujeres. Intenten conjuntar las dos partes, pero les digo que no lo lograrán. Pas de tout. De hecho, casi resulta absurdo hacer la prueba, aunque por algo somos ese curioso país donde todo termina por convertirse en sainete.
Y la clave está en que desde el mundo autodenominado progresista no se entiende, por norma, que haya diferencias entre hombres y mujeres. Según el credo progreti, hombres y mujeres son exactamente iguales en capacidades, intereses y marcas de los desodorantes (esto último, manifiestamente absurdo). Pero a veces descubren que no es así, lo cual genera un notable grado de esquizofrenia. Y quizás ese debiera ser el nombre oficial de España: Esquizofrenilandia, con código postal 00666. Los naturales de Esquizofrenilandia seríamos – está claro – esquizofrénicos o esquizoñoles, a elegir.
T
ermino. Una de las características más notables de la raza progreti es la de creer que la ciencia y la realidad tienen que amoldarse a sus deseos. Pero no es así. Y este caso está estudiado desde hace muchos años por la psicología. Según numerosas investigaciones, cuando más se potencien las políticas de igualdad, más se diferenciarán los intereses de los hombres y las mujeres. Lo cual, hablando en plata, significa que a medida que pase el tiempo las mujeres y los hombres no solo no serán más iguales, sino que cada vez serán más diferentes. Es lo que hay, churris, lo siento





























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