Antonio Franco
Ver los vientos
El pasado 25 de junio tuvo lugar en nuestra localidad una jornada dedicada al “Pescado de Rota”.
El principal impulsor de que esta jornada se celebrara en Rota es Nicolás Fernández Muñoz, gerente de la Organización de Productores de Pesca número 37 y secretario general de la Federación de Cofradías de Pescadores de Cádiz (entre otros cargos) y del que tengo el orgullo de ser su amigo desde hace casi cuarenta años. Es una autoridad reconocida en el mundo de la pesca no sólo en Andalucía sino también en el ámbito nacional e internacional.
No es mi intención a la hora de redactar el artículo de esta semana, hablar de mi amigo Nicolás.
Pero sí de su labor a la hora de encausar los objetivos y la defensa de la pesca artesanal de su Conil natal.
Llevaba ya algunos años trabajando en la Sociedad Cooperativa de Pescadores del Mar de Rota cuándo descubrí Conil de la Frontera. Bueno, al sector pesquero conileño. Los años siguientes me permitieron conocer, merced a mi labor de gerente de la la OPPSACA (Organización de Productores de Pesca Artesanal de Cádiz), con más profundidad este maravilloso pueblo de la comarca de la Janda.
Me llamó la atención la profesionalidad, el esmero y el cariño que los marineros artesanales de Conil ponía en las capturas de sus pesquerías. Cuidan su caladero como patrimonio propio.
Los domingos y festivos, los marineros de Conil se dirigían a su puerto para preparar “armas persuasivas” contra los barcos arrastreros. Consistían estas en colocar varillas de hierro, de las que se utilizan en las obras, dentro de bidones. Rellenaban de hormigón los recipientes de dónde sobresalían las varillas y lo llevaban en las embarcaciones de pesca hasta sus caladeros para depositarlos en el fondo marino. Ello provocaba que los barcos que utilizaban el arte del arrastre dentro de los límites fijados para proteger la pesca artesanal enganchase sus redes en las varillas y se rompiesen. Así consiguieron librarse de los barcos depredadores que amenazaban sus caladeros. Años después la Administración pesquera competente tomó cartas en el asunto y ya no hizo falta recurrir a dichos artilugios.
Cuidan sus caladeros, pero también sus capturas.
El marinero de Conil dedica su jornada a trabajar en el mar cuándo el tiempo es bonancible.
Echan sus redes a la salida del sol y permanecen en sus barcos hasta la tarde, horas antes del comienzo de la subasta en la lonja. Ello permite que las capturas sean recogidas el mismo día en que anclan sus redes y permite mantener la frescura de las mismas. Si a eso le añadimos el hielo que portan a bordo de sus barcos para introducir los peces en él hasta la llegada a puerto, la calidad de las pesquerías está garantizada.
Comparaba esta forma de trabajar con la de los marineros de la Cooperativa. En los marineros de Rota esa actividad es muy diferente. Calan sus redes de un día para otro. Echan las redes y vuelven a puerto, lo que provoca que los peces que primero quedan enganchados en el mallaje puedan ser atacados por parásitos marinos conllevando la pérdida de calidad del pescado al llegar a tierra al día siguiente.
Otra cuestión que me llamó la atención era la de que los propios marineros auto regulan el tamaño de sus capturas. Fijan un ancho para las mallas de las redes y un número para los anzuelos en el uso de los palangres. Admito que como gerente de la Cooperativa de Pescadores sentía envidia sana por el sector pesquero de Conil.
Conseguir una serie de “marcas de origen” del pescado artesanal de Conil de la Frontera no fue demasiado complicado. Lo principal, la calidad, ya estaba garantizada. El tamaño de las capturas lo fija el propio sector. La figura de Nicolás Fernández Muñoz fue clave para llevar a buen puerto (nunca mejor dicho) la denominación de origen del pescado de Conil que garantiza para el sector pesquero unos precios dignos.
Conil se ha convertido, gracias a su sector pesquero, en todo un referente nacional. Visitar cualquier mercado de abastos de Madrid, por ejemplo, y ver etiquetada la cola de un borriquete o un pargo bocinegro, con la anilla colocada en la cola del pescado que garantiza que ese pescado ha sido capturado en Conil es el mejor símbolo del trabajo bien hecho y la dirección bien llevada por mi amigo Nicolás.
Me encanta también su tonillo al hablar. El deje de Conil me lleva a la conclusión de que allí “ven” el viento.
Si dos marineros se cruzan no preguntan qué viento hace, si no qué viento han visto.
-¿Has visto levante?
-No, hoy he visto poniente.












Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.213