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Redacción
Miércoles, 17 de Junio de 2026

Elogio del terraplanismo

España lo vuelve a hacer (y Europa, lo mismo)

Por Balsa Cirrito

[Img #293538]Seguramente los más jóvenes no saben que España tuvo un imperio. Un imperio de la leche, oídme, que supuso además que nuestro país adquiriera algo así como una hegemonía universal que duró desde finales del siglo XV - más o menos desde los Reyes Católicos - hasta la Paz de Westfalia de 1648, por la que España conservaba su imperio (en realidad, lo agrandó durante el siglo siguiente), pero perdía ese puesto de primera nación del mundo. Digamos, más o menos 150 años manejando el cotarro y partiendo el bacalao; o sea, podemos decir que cascamos cera el doble de tiempo de la actual hegemonía de EEUU (que, por cierto, parece próxima a terminar).

           

Ningún imperio o poder es eterno, y la Historia ha contemplado a varias naciones que se subían al primer puesto y luego caían dándose el porrazo, aunque la gracia del domino español se hallaba en que fue el primer dominio realmente universal de la historia de la humanidad. Las razones para que un imperio caiga, desde luego, pueden ser de muy diversa índole y no siempre es fácil indicarlas. En el caso español podemos señalar causas muy diversas: falta de población para dominar un territorio tan vasto, el impacto de los minerales preciosos en la economía española, la falta de una estructura sólida… Pero quizás la razón principal era la de meterse donde nadie la llamaba.

           

Porque lo cierto es que España se enfangó en muchas guerras que ni le iban ni le venían, sobre todo en Europa. Y la razón para meterse en estas guerras era bastante quijotesca, puesto que nuestro país no sacaba nada de ellas, ni ventaja ni beneficio. Pero España se autoproclamó defensora de la fe católica, martillo de la Iglesia y baluarte de la ortodoxia romana contra el protestantismo. En cierto sentido fue un acto ridículo porque el papado – Roma – dejó tirada a España las veces que hizo falta, y ayudó y pactó con Francia, país que no tuvo ningún empacho en aliarse con los perros protestantes que Dios confunda; incluso con los demonios mahometanos que el infierno los acoja. El caso es que la Monarquía Hispánica se desangró contra sus intereses en una actitud quizás noble, pero decididamente estúpida. Pues ahora, niños y niñas, estamos en otra igual. Si es que no aprendemos.

           

Pero no es España, es toda Europa. Seguramente pensarán ustedes que hablo de que nos estamos suicidando económicamente al mantener a ejércitos de simpáticos migrantes, lo cual no es una opinión mía, ca, sino que se demuestra con el dato de que teniendo Europa solo el 6% de la población mundial, tiene el 51% de los gastos sociales del planeta, que yo diría que peor, porque la Europa del Este es tirando a tacaña y no deja entrar a los migrantes, lo cual supone que un  puñado de países de Europa Occidental: Francia, España, Italia, Alemania, Portugal, GB, Irlanda, Austria, el Benelux y los escandinavos ejercen como los filántropos de la humanidad. Pero no voy por ahí. Hablo de ecología.

           

Y hablo de ecología porque en el apartado anterior nos puede quedar la honra (¡honra! ¡Qué palabra tan española!) de ser altruistas, pero en el apartado ecológico solo nos queda el honor de ser carajotes. Veamos. La industria europea está lastrada por una infinidad de normas que impiden su desarrollo. Desde los tapones de las botellas hasta los plásticos de las monodosis de los restaurantes. El resto del mundo también habla mucho de ecología, pero la practica poquito. Europa, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y pare usted de contar, tienen leyes muy restrictivas para salvaguardar el medio ambiente, y estas leyes, por supuesto, suponen un freno económico para los países que las ponen en práctica.

           

Mientras, EEUU, China (sobre todo China) y los países emergentes miran para otro lado y contaminan que da gusto verlos. De hecho, los llamados países emergentes ni siquiera disimulan. Argumentan que los europeos han disfrutado jodiendo al planeta durante mucho tiempo y así se desarrollaron; ahora, dicen, les toca joder a ellos. Pues muy bien, no deja de ser una opinión.

           

Solo hay una cosa que me cabrea en todo esto (igual no es una y son dos o tres). Europa se va a arruinar para nada. Dentro de quince o veinte años los europeos seremos una mierda pinchada en un palo (el palo, faltaría más, hecho de material reciclable, resiliente, sostenible e igualitario), porque nos van a adelantar por todos lados; nos iremos al garete, aunque al menos habremos conseguido… ¡nada! ¡No habremos conseguido nada! Nuestro sacrificio será en vano y no habremos ayudado al planeta ni una mijita.

           

Y lo mejor de todo: nos arruinaremos en plan salvaplanetas comprándole productos al país que más contamina, esto es China. Nuestro coches eléctricos son made in Pekín, nuestra agricultura es ecológica y no transgénica (como todo el mundo sabe, la agricultura ecológica es mucho menos productiva que la otra) lo cual nos obligará a importar alimentos de lugares a los que les importan un pito los productos bio; compraremos petróleo extraído por fracking mientras prohibimos en nuestros países ese método de extracción; idem de idem con las llamadas tierras raras…

           

Y no habremos frenado ni un minuto el calentamiento global ni el deshielo del Polo Norte ni habremos salvado las ballenas ni las focas monje ni los geranios de Greta Thumberg, que los tiene desde que fue a la universidad (se me olvidaba que Greta no fue a la universidad. Ni al instituto. Casi ni a la escuela. Pero la tía sabe un huevo, cuidado).

           

Al principio hablaba del quijotismo hispano que nos hizo perder un imperio para defender nuestras creencias. Europa correrá la misma suerte. También para defender nuestras creencias. O lo que sea. Les emplazo de aquí a quince años. Aunque quizás para entonces tengan que emigrar a la India, Pakistán o Egipto. Venga, no pongan esa cara: en algunos de esos países las mezquitas son estupendas.

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