Carlos Roque Sánchez
Desmontando el “mundo Miura”. Publicidad
(Continuación) Confluencia de mundos. Y de las palabras del romano Terencio dos siglos antes de Cristo, (“Hombre soy: nada de lo humano me es ajeno”) -máxima que es todo un manifiesto clásico de humanismo, empatía y solidaridad, aunque ya le advierto de que no van por ahí mis “quites miuros”- al nacimiento en el mundo ganadero taurino del encaste de Zahariche a finales de la primera mitad del siglo XIX. Para dos siglos ya en los que, sin interrupción, el término Miura ha sido sinónimo de fuerza y fiereza, peligro y riesgo, éxito o fracaso, vida o muerte, tal era y es la imagen que transmiten a la gente, aficionada o no a los toros, los astados que pastan en la finca de la sevillana localidad de Lora del Río, por su imponente trapío y bravura en todos los tercios de la lidia. Y esta potente percepción, junto a su integración en el lenguaje popular, no pasó desapercibida al mundo comercial que pronto empezó a utilizarlo en su publicidad a fin de incrementar las ventas de sus productos, fueran cuales fueran estos, ya sabe ‘la publicidad es el arte de convencer a gente para que gaste el dinero que no tiene en cosas que no necesita’. En fin. Un signo de los tiempos sin duda y es que, para empezar, en ese mismo siglo del nacimiento de la ganadería, y tan solo un par de decenios después surgía ya la primera marca en llevar el sello distintivo del mítico nombre al que acompañaba como símbolo un toro junto a una alambrada.
Miura en la publicidad. Licores, alambiques y vino. Se trataba de la empresa de unos afamados licores, una tradicional marca de destilados conocida por su anís dulce y licor de guindas, que se elaboraban en alambiques centenarios ubicados en el antiguo convento de San Francisco o de los Diezmos allá en Cazalla de la Sierra (Sevilla), por monjes franciscanos, claro, y a partir de una receta original del siglo XV, una marca que por cierto continua a día de hoy. Del aparato en cuestión, alambique o alquitara, decir que desde siempre estos utensilios se utilizaron para la destilación simple de líquidos mediante un doble proceso de evaporación por calentamiento seguido de condensación por enfriamiento, y sobre el que existe cierto consenso acerca de su origen dado que su invención se atribuye a María la Judía, una de las fundadoras de la alquimia en la antigua Alejandría de los siglos I y III. Fabricado por lo general en metal cobre (Cu) -dada su resistencia a los ácidos, buena conducción del calor y no proporcionar sabor al alcohol- con él se han fabricado perfumes, medicinas y extraído el alcohol procedente de frutas fermentadas.
Por último, y referente a la marca, leo que en el sector vinícola una destacada casa de vinos también utiliza el término Miura para una de sus etiquetas si bien, en ninguno de los casos existe relación empresarial o familiar directa entre ellos y la familia ganadera a pesar del apellido. Una larga historia para contar en mejor ocasión, viene cargada de intrahistoria que requiere su propio espacio y tiempo, y resulta que no queda aquí, en el de la bebida, el número de sectores comerciales modernos “embestidos” por la ganadería; dada su poderosa imagen como icono cultural español, su nombre ha inspirado también al mundo de los coches deportivos de lujo. Como lo lee, tal cual.
Miura en la publicidad. Automoción de lujo. En concreto la vinculación de ambos mundos surge cuando el fabricante de tractores italiano Ferrucio Lamborghini presentó en Ginebra, Salón del Automóvil de 1966, el que está considerado como el primer superdeportivo moderno por su diseño, belleza y motor central de doce cilindros (V12), el Lamborghini Miura. Y sí, sin duda se trata de un reconocimiento del italiano al encaste sevillano, aunque no parece existir consenso acerca de la razón del mismo. Le cuento. Unos lo atribuyen a su afición a la tauromaquia; otros a su admiración, en concreto, a esta ganadería que llegó a visitar en la finca donde Eduardo Miura y él llegaron al acuerdo de utilizar el apellido de la familia ganadera para bautizar uno de los coches; y estotro a que, sencillamente, su signo zodiacal era Tauro, así que vaya usted a saber. Claro que tampoco falta una explicación más prosaica, digamos, y que no es otra que la rivalidad surgida por competir con otra afamada marca automovilística e italiana también, Ferrari, que en 1947 ya había establecido una relación entre una especie animal y una marca de coches, me refiero al famoso caballo encabritado, el ‘Cavallino Rampante’.
Volviendo al morlaco, y como es probable sepa, el vínculo no quedó en el nombre del encaste ya que el italiano continuó dando nombre de ejemplares de miuras a otros modelos y así surgieron entre otros: el Lamborghini Islero, nombre que toma del miura que en 1947 mató a Manolete en la plaza de toros de Linares (Jaén); por cierto que con este mismo nombre era bautizado el proyecto nuclear español en esa misma década de los años sesenta, el Proyecto nuclear “Islero”, un nexo científico moderno nada desdeñable. O el Lamborghini Murciélago, por el ejemplar indultado en 1879 por su bravura en la lidia del torero Lagartijo y que, como semental, terminó dando nombre a otro de los lujosos y singulares vehículos. Pero no quedó ahí la fama de la marca y su paso a la inmortalidad, en este caso taurina, también lo hizo a la cinematográfica pues un Miura de color naranja aparece, y de forma espectacular, en la primera escena de la película The Italian Job, 1969 por las carreteras de los Alpes con la melodía On days like these de Matt Monro, entremezclada con el bramido de su motor. Una icónica muestra de poderío, resistencia y elegancia que hizo de esta marca del toro objeto de deseo de no pocos famosos entre los que recuerdo a Frank Sinatra, lo mío ya es una edad, su Miura S de color naranja y la atribuida frase que marca la diferencia: “Conduces un Ferrari cuando quieres ser alguien, conduces un Lamborghini cuando ya lo eres”.
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FUENTE: Enroque de ciencia












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