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Carlos Roque Sánchez Carlos Roque Sánchez
Sábado, 30 de Mayo de 2026

Dos músicos, dos canciones y una playa (1)

[Img #291890]Ellos, ellas y ella. De limpieza andaba hace unos días en la carpeta digital, donde suelo amontonar los recortes que me sirven de inspiración para llenar de contenido esta roteña Opinión de cada fin de semana, cuando se me vinieron a la mirada unos archivos donde aparecían mezclados dos músicos, dos canciones y, de alguna manera, Rota, pueblo con mar y auténtica razón de la presencia hoy de estas líneas en estos predios. Así que ellos, ellas y ella. Una buena historia para contar que creo, más o menos, debió suceder tal cual prosigue, o eso quiero creer, pero que si no es así tampoco es que importe, ya conoce el dicho del bello proverbio italiano, ‘e se non e vero e ben trovato’. Pues eso. Lo mollar es que se trata de un sucedido curioso e insólito, probablemente un caso único en la música pop española al ser dos canciones mellizas que no gemelas, nacidas al mismo tiempo, cuyas autorías son reclamadas por padres diferentes y que llegan a lo más alto de las listas de éxito. O algo así. Una historia de malentendidos, suposiciones, celos y sospechas, un asunto musical que bien pudo romper la relación entre sus protagonistas, distintos pero no distantes, pues eran compañeros en eso de la creación de canciones, allá por los finales del siglo pasado. Estas cosas pasan.

 

Ellos. Y por mero respeto a la cronología de los hechos la empiezo con el par de protagonistas, dos músicos, pero no cualesquiera no, ya que uno es el artista ubetense Joaquín Sabina (1949) y otro el también artista pero matritense Enrique Urquijo (1960-1999) de Los Secretos quienes, al decir del de Úbeda, a finales de los 80 y principios de los 90 “eran prófugos primos y amigos” y compartieron no pocas horas, pongamos que hablo de Malasaña. Y parece ser que fue en alguna de aquellas de principios de 1991 entre bebidas diversas, charlas variadas y demás, que el autor de Déjame se sinceró con el autor de Yo me quedo en Madrid y la crisis de inspiración que atravesaba, justo cuando estaba ultimando el nuevo disco del grupo. Estaba “seco de ideas” y no le salían las canciones de ninguna de las maneras, fue entonces, por lo que se cuenta, cuando Joaquín le mostró unos pocos versos que había escrito recientemente y que Enrique copió en una servilleta. En aquellos momentos no quedó muy claro si eran un regalo o no, pero de lo que no hay duda, a tenor de los (maravillosos) resultados es que cada protagonista pensó algo bien diferente.

 

El matritense lo tomó como el ofrecimiento de un amigo que, hasta cierto punto, le ayudaba a salvar su bache de creatividad, de hecho, en el mismo taxi camino de vuelta al hotel, ya se puso a darle vueltas a lo anotado hasta el punto de dejar casi rematada la letra completa. Es más, en el convencimiento de que el amigo le había cedido los versos, y pasado un tiempo, propuso al grupo incluir en el próximo disco la canción a la que le había compuesto ya, incluso, la música; una proposición que, ni que decir tiene, aceptaron de inmediato. Por su parte, el ubetense, probablemente sin saber del quehacer del colega, hizo lo propio con lo que al principio sólo eran dos estrofas y completó una canción más para su nuevo álbum. Normal. El caso es que, hasta aquí, más o menos, está todo el mundo de acuerdo sobre cómo se desarrollaron los acontecimientos. ¡Ah!, los versos de la servilleta eran: 'Fue en un pueblo con mar / una noche después de un concierto / tú reinabas detrás de la barra / del único bar que vimos abierto'. Otra cuestión es lo que devino después. Estas cosas pasan también.

 

Ellas. Las canciones, a estas alturas, son una obviedad. Una es ‘Ojos de gata’, grabada por Los Secretos e incluida como quinta canción en su séptimo LP Adiós tristeza de septiembre de 1991, y lanzada un año después en formato de disco sencillo. La otra ‘Y nos dieron las diez’, grabada por Joaquín Sabina e incluida como primera canción en su octavo disco ‘Física y química’, puesto a la venta cinco meses más tarde, en abril de 1992. Dos temazos que terminarían por convertirse en clásicos para cada uno y sí, no se equivoca, ambos comienzan igual, con la letra de la servilleta, si bien cada uno toma una deriva diferente en el desarrollo de la letra. Pero no es en el comienzo donde únicamente se parecen, ojalá solo fuera eso, resulta que la música, la entonación de ambas son muy parecidas, demasiado parecidas, por no decirle que iguales ¿Cómo es posible semejante coincidencia? ¿Sabían el uno del quehacer musical del otro? ¿Hubo “influencias”? Lo digo porque, parece ser que Sabina llegó a conocer la canción de Enrique antes de componer la suya.

 

Aunque resulta más o menos evidente que el inicio de la letra es del primero y la música del segundo, lo que está documentado es el casi medio año de diferencia de las publicaciones, a favor de éste, y los créditos incluidos en los discos, negro sobre blanco: mientras que los de la canción ‘Ojos de gata’ llevan los nombres de Enrique Urquijo y Joaquín Sabina, los de ‘Y nos dieron las diez’ sólo llevan el de Joaquín Sabina como autor de letra y música; pero es que la música de ambas es la misma. Antes le hablaba de coincidencia, pero, ¿lo cree posible? ¿A quién, escuchando una de ellas, no importa cual, no se la ha venido a la mente la letra de la otra?, resulta casi inevitable, ¿por qué? De ahí que no pocos piensen que la de Sabina de 1992 es una versión de la de Urquijo de 1991. Chi lo sa. (Continuará)

 

CONTACTO: [email protected]

FUENTE: Enroque de ciencia

 

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