Exigir limpieza sin civismo (por Asociación Protección y Bienestar de Punta Candor)
Hay una cosa que cada vez entiende menos la gente: queremos calles limpias, playas perfectas y barrios cuidados... pero algunos siguen actuando como si la calle fuera el cubo de basura de su casa. Y luego pasa lo de siempre: quien deja las bolsas tiradas fuera del contenedor, quien abandona garrafas, muebles o basura en cualquier esquina, suele ser el primero que baja la ventanilla del coche para decir que "Rota está sucia". Hay que tener poca vergüenza.
Las imágenes hablan solas. Contenedores rodeados de residuos, bolsas abandonadas y hasta garrafas llenas de aceite usado dejadas en plena acera, a pocos centímetros de la zona de paso. Y esto ya no es solo suciedad o mala imagen. Esto es peligroso. Una garrafa mal cerrada puede derramarse y provocar resbalones y caídas, especialmente en personas mayores o con movilidad reducida. El aceite vertido en la vía pública acaba contaminando alcantarillado y suelos, además de atraer insectos y generar olores insoportables con las altas temperaturas.
Y las bolsas acumuladas fuera de los contenedores son otro problema serio. Basta que un animal rompa una bolsa o llegue una racha de viento para que la basura termine esparcida por toda la calle. Luego vienen las ratas, las cucarachas y las quejas de siempre. Pero claro, "muerto el perro se acabó la rabia", y algunos creen que dejando la basura fuera ya el problema deja de ser suyo.
Aquí hay un refrán que viene perfecto: "No es más limpio quien más limpia, sino quien menos ensucia". Y parece que algunos todavía no lo han entendido. No se puede exigir civismo mientras se actúa con egoísmo. No se puede pedir más limpieza mientras algunos convierten cada contenedor en un vertedero improvisado.
Claro que el Ayuntamiento tiene que mejorar servicios, vigilancia y limpieza. Claro que hay que exigir que los recursos públicos funcionen bien. Pero también hay que decir las cosas claras: ningún servicio de limpieza puede competir contra la falta de educación y de respeto de una parte de la ciudadanía. Porque esto ya no es solo un problema de basura, es un problema de conciencia.
Y también debemos perder el miedo a señalar estas conductas. Si vemos a alguien dejando basura fuera del contenedor, hay que decirlo. Con educación, pero sin mirar hacia otro lado. Porque callarse al final convierte el problema en normal. Y lo mismo ocurre con el Ayuntamiento: cuando las cosas no se hacen bien, cuando un punto limpio está abandonado o cuando la recogida falla, también hay que denunciarlo y exigir soluciones. Aquí no debe haber colores políticos ni amiguismos. El que incumpla, vecino o administración, debe asumir su responsabilidad.
Después nos quejamos de que si vienen ratas, de que si huele mal o de que la imagen del pueblo empeora. Pero "quien siembra vientos, recoge tempestades". Si seguimos normalizando estas conductas, acabaremos viviendo entre suciedad mientras todos miran hacia otro lado echándole la culpa siempre al de enfrente.
Desde la asociación vecinal hacemos un llamamiento al sentido común. Mantener limpio el pueblo no depende solo de un operario o de un camión de basura. Depende de todos. De enseñar a nuestros hijos a respetar lo común, de reciclar correctamente y de entender que la calle no pertenece a nadie... precisamente porque pertenece a todos.
Porque cuidar nuestro entorno no debería ser una obligación impuesta, sino una cuestión de respeto y de dignidad como vecinos.
Presidente de la Asociación de Bienestar y Protección de Punta Candor,
Tomás escudero































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