Asuntos que no quería dejar en el tintero
Habíamos entrados ya en la recta final de las elecciones autonómicas en nuestra Andalucía, mientras sucedieron hechos que me gustaría no dejar pasar por alto aunque sea con un breve comentario.
Dado que durante la campaña electoral de las pasadas elecciones autonómicas Moreno Bonilla no quería que la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, apareciese por aquí porque su presencia conllevaría posiblemente pérdida de votantes, esta decidió viajar a México. Esta suposición mía no es gratuita. El propio Moreno Bonilla afirmó en una entrevista durante la campaña que, mayoritariamente, el voto andaluz es de centro izquierda. Así que ya ven en qué lugar del espectro ideológico de la derecha coloca el Presidente de la Junta de Andalucía a su compañera de partido.
Decía que Díaz Ayuso viajó a México. Ella considera que este país norteamericano es el más parecido a España. Seguro que estaba pensando en la afición mejicana a las corridas de toros. Pero ¡ay!, fue exaltar la figura de Hernán Cortés para que todos los mejicanos, de derechas y de izquierdas, le recriminaran tal mención. Isabel creía que estaba en Las Ventas cuando, en realidad, se encontraba en La Monumental de México. Así que, sin salir de México, tuvo que cambiar de aires y dirigirse a disfrutar del sol caribeño en la Riviera Maya.
Mientras la señora Presidenta de la Comunidad de Madrid despotricaba a diestro y siniestro, un nuevo virus ha venido a sumarse a nuestro diccionario cotidiano: el hantavirus. Quw no es un nuevo “bicho”, pero del que nosotros no teníamos noticia hasta que algún pasajero de un transatlántico se contagió o embarcó ya contagiado, que la cuestión no se ha aclarado.
Algunos no consideraron una cuestión de prioridad nacional que los turistas de abordo desembarcarán en nuestro país. Aunque había españoles entre ellos. Tal postura, me hizo recordar los episodios medievales de la peste negra sufrida en Europa.
Cuando Isabel Díaz Ayuso regresó a España, la cuestión de los pasajeros del Crucero ya se había solventado de manera eficaz, por lo que no se pudo contar con la siempre inquina opinión de esta mujer.
Donald Trump se desplazó más a Oriente. Viajó a China para reunirse con el Presidente Xi Jinping. Ambos mandatarios trataron diversos asuntos, pero sobre todo, hablaron de temas económicos. La Administración Trump es consciente de la influencia que está tomando China desde hace ya algunos años en la Economía Mundial.
A ninguna de las dos potencias les interesa un enfrentamiento abierto en el establecimiento de aranceles. EEUU lo intentó pero tuvo que recular ante la resistencia de China.
Otro asunto es el militar. China considera a Taiwan parte de su territorio y no va a renunciar a ello. Preocupa, por tanto, que una invasión de China a Taiwan genere un conflicto nada deseable para el futuro del planeta. Alarma porque China no es ni Venezuela ni Cuba en el ámbito militar frente al poderío yanqui. Sobre todo porque han pasado muchos años y bastantes acontecimientos de aquel Tratado de Tianjin por el que las potencias europeas se repartieron las riquezas de China a mediados del siglo XIX.
Donald Trump ha llenado de elogio a Xi Jinping. Lo que pasa es que el primero cambia de opinión cada despertar. Su estado de ánimo es como las mareas, ahora sube, ahora baja.












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