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Carlos Roque Sánchez
Sábado, 09 de Mayo de 2026

Mujeres y educación. Felipe de Novara

[Img #289232]‘Pecunia non olet’, le decía. Y para ello no dudaron en alimentar todo tipo de habladurías y falsedades sobre estas mujeres, empezando por denostarlas de “brujas”, “abortistas”, “herejes”, “charlatanas”, con la intención de que, siendo mujeres, no pudieran públicamente predicar, curar, enseñar ¿le suena? Puesto a pensar, esto es opinión y por ende prescindible, es probable que sólo las mujeres y los médicos sepan cuán necesaria y bienhechora es la mentira en nuestra sociedad. Lo curioso del asunto es que muchas de estas curanderas aplicaban plantas para curar, utilizando unos conocimientos de herboristería que se iban transmitiendo de madres a hijas, y que eran casi los mismos que empleaban los galenos en sus prácticas, sólo que ellos no eran tachados ni de brujos, ni de herejes, ni de... nada; no cabe duda de que la mujer tiene un solo camino para superar al hombre, y no es otro que ser cada día más mujer. Y aunque no todos estos remedios curaban, ya se lo puede imaginar, el caso es que algunos eran farmacológicamente útiles, como el colocar pan enmohecido sobre una herida para prevenir la infección, estamos hablando de un empírico proto tratamiento antibiótico. Lo dejo, pero aquí hay tema.

 

Todo sea por el servicio a Dios. Únicamente las religiosas se salvaban de la común incultura femenina, tanto es así que incluso hay quien asegura que muchas mujeres prefirieron encerrarse en un convento para poder aprender lo que les era vetado como esposas y madres -filosofía, latín teología, medicina, historia, ciencias naturales, leer y escribir en otras lenguas-, si bien aquí también había clases porque no todas las monjas gozaban del mismo status dentro del convento. No. Solo las nobles tenían acceso a la cultura, algo que al hombre no le importaba e incluso le parecía bien que determinados conocimientos estuviesen en manos de ellas, pero, eso sí, dentro de los conventos siempre y, supuestamente, al servicio del Señor. Una excepción solo para la nobleza ya que, ni que decirle tengo, para el resto de las mujeres de clase baja en nada cambió su destino con la llegada de la Baja Edad Media y sus cambios; un grave error pues sólo de la igualdad entre mujeres y hombres puede salir el mejor conocimiento, sí, el saber necesita a las mujeres aunque no todos han pensado o piensan igual. Verá.

 

‘Las mujeres no deberían aprender a leer ni a escribir.’  ‘A menos que vayan a ser monjas puesto que mucho daño, han causado ya tales conocimientos’. Precaución. Semejante perla de la oratoria, explicable por la época en la que se escribió, es del polígrafo italiano Felipe de Novara (circa, 1200-1270) y parece ser que el hombre se quedó tan tranquilo no siendo, ni con mucho, lo peor que pudo pasar. Por desgracia hombres importantes la habían utilizado antes y otros tantos la suscribieron después, aunque, en honor a la verdad, hay que decir que también hubo estotros, los menos, es cierto, que apoyaron firmemente el derecho de la mujer a la educación/enseñanza. Pero no el italiano de marra, que en un ensayo sobre elegancia y moralidad nos previene sobre los peligros de enseñar a leer a las mujeres. Caución. En su opinión, y bajo ningún concepto debía existir la alfabetización femenina y la razón que esgrimía no se la va a creer, bueno de hecho ni imaginar o sospechar. Resulta que, para su “docto entender”, si sabían leer, podrían caer rendidas ante las alabanzas de las cartas de amor que les enviara cualquier pretendiente con las pérfidas, aviesas e inconfesables intenciones amatorias que todos sabemos tienen los hombres; vamos que lo de no aprender a leer y escribir era por su bien, ya se lo dije. Un nuevo y vibórico error cuando no pocos piensan que las mujeres están más avanzadas que los hombres en la evolución de sus cuerpos.

 

La voz escrita de las mujeres. Ni que decirle tengo que la literatura femenina ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad, si bien su presencia no se hizo tan expresa hasta la explosión del pasado siglo XX. Pero como tal ha existido en todas las latitudes, países, civilizaciones y lenguas a pesar no haberle resultado fácil el acceso a las diferentes disciplinas y centros del saber, nada les ha impedido que fueran capaces de plasmar sus ideas y sentimientos en palabras que todavía asombran por su belleza y sabiduría. Continente y contenido, forma y fondo. Sin ánimo de ser exhaustivo, propósito alguno de agotar el tema ni intención de ser excluyente, me vienen a la memoria este ramillete en el que incluyo a la más grande poetisa griega de todos los tiempos, Safo, nacida en la isla de Lesbos donde vivió en el siglo VI a. C. y creó una escuela en la que las jóvenes aprendían música, mística y poesía antes de su matrimonio.

 

Por no cansarle, entre otras poetisas griegas y romanas, vayan por delante autoras como Hugeburca (siglo VIII) que escribió sobre vidas de santos o Dhouda que un siglo después desarrollaba un grueso manual de consejos morales y religiosos para su hijo. O ya en el siglo XI, la japonesa Murasaki, autora de primera novela que se conoce en el mundo, ‘El cuento de Genji’, y que aún se lee. Y como no Hildegarda de Bingen un siglo después, consejera de reyes y papas, introductora de la polifonía en los cantos religiosos y compositora de la primera ópera que se conoce; por no hablar de sus manuales de medicina, farmacología, historia natural y teología y sus poesías, biografías y autos sacramentales, es decir teatro. Sin olvidarnos de la ya citada Marie de Francia, autora de fábulas y sonetos; de Cristina de Pizan, autora de la obra ‘La Ciudad de las Damas’ en la que defiende el derecho de la mujer a la educación e igualdad de oportunidades; de Teresa de Ávila, la inigualable escritora mística del XVI; de Mira Bai, poetisa india también del XVI que fue procesada por desafiar las reglas sociales; de Margarita de Navarra y su tremendo ‘Heptameron’; de...

 

CONTACTO: [email protected]

FUENTE: Enroque de ciencia

 

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