Mujeres y educación. María de Francia
De la Edad Media. A pesar de lo que podamos saber, pensar o creer, desde el siglo VI que aparecieron las abadías, hasta el siglo XII que se fundaron las primeras universidades, las mujeres europeas recibían una educación que dependía de la clase social a la que pertenecieran. Y así, entre la nobleza, esta era la misma de sus hermanos varones, como lo lee, la misma, sin distinción de sexo. Instruidas casi siempre por religiosas, aprendían desde buenos modales hasta principios de lectura, pasando por administración feudal y todos aquellos conocimientos necesarios e imprescindibles para el desempeño de su aristocrática vida, entiéndase, latín, música o bordados. Pensaban, o eso quiero creer, qué, si las mujeres eran tratadas igual que los hombres, y se empleaba con ellas el mismo tiempo y medios en instruirlas, podrían llegar a igualarlos. Lo que no está nada mal de pensamiento y obra. Incluso en la clase burguesa adinerada, además de lo relativo a la costura, también les enseñaban algo de letras y números, lo suficiente para llevar la casa y no dejarse engañar (después le cuento). Visto así, sin duda, hay creencias en el ser humano que nos alientan y exhortan.
Sin embargo, siempre hay un “pero” en esta cesta de manzanas que a veces es la vida, las mujeres de la clase baja no recibían ningún tipo de educación, las niñas campesinas y artesanas lo que aprendían de sus madres era a trabajar desde la salida del sol hasta su puesta. Bueno en realidad casi como sus hermanos varones, total para qué, qué necesidad tenían de ser instruidos, sobre todo ellas. Una mala situación social que con el surgimiento de las universidades cambió a peor, para ellas, claro, pues resulta que el privilegio de la educación terminó para la mayoría de las nobles europeas, al ser excluidas sin más, eso sí, con la excepción de España e Italia. Una singularidad a tratar pero que aparcamos por ahora en interés del interés del hombre, claro, de quién si no. Sea el santo que fuera, el caso es que también hay creencias en el ser humano que nos sojuzgan y subyugan.
‘Todo por vosotras, pero sin vosotras’. Es un remedo ex profeso para el medievo, de la conocida expresión francesa del siglo XVIII utilizada como lema del despotismo ilustrado, ya saben, ‘Tout pour le peuple, rien par le peuple’, y que en castellano se suele traducir por “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Y de él le he parafraseado el subtítulo de más arriba, para justificar la pérdida de acceso a una educación como la de los varones y que se hacía, eso sí, y esto es lo mejor, por su bien. Según los hombres, claro. Como lo lee. Prácticamente todos los manuales sobre educación de la época coincidían en advertir del gran peligro que suponía para las hijas, sólo para ellas, ojo, el hecho de ser instruidas. Y es que, al ser consideradas las mujeres seres de intelecto inferior, su instrucción no sólo se veía superflua e innecesaria, sino que se consideraba, ya lo hemos adelantado, peligrosa.
Con razón, María de Francia (116-1210), dijo lo que dijo. Considerada la primera poetisa conocida en lengua francesa, de ella desconocemos su identidad por lo que son varias las mujeres sugeridas como candidatas y su nombre, en realidad, se ha deducido de una de sus obras: ‘Marie ai nun, si sui de France...’ (“Mi nombre es María, y soy de Francia...”). Sin embargo, sabemos con certeza que: vivió en la corte de Inglaterra bajo los Plantagenet, contaba con una gran cultura, hablaba latín, inglés y bretón, firmaba sus obras (algo inusual para la época) y nos dejó sus Lais, poemas narrativos cortos escritos en anglo-normando, y centrados por lo general en glorificar conceptos del amor cortesano describiendo las aventuras de un determinado héroe. Con razón le decía, la poetisa en el siglo XII se pronunciaba al respecto, no falta de razón: “Conocemos a los hombres por sus palabras”.
A falta de pan. Dicho lo cual retomo el hilo educativo femenino del medioevo que dejé cuando, como consecuencia de esta exclusión de las universidades, la mayoría de las mujeres de la Baja Edad Media y comienzos de la Moderna dejó de recibirla, si bien, a fuer de ser sincero, habría que decir que algunas, muy pocas y de forma excepcional, la recibían en sus casas, bien de mano de sus propios padres o de un tutor particular, si es que podían pagarlo. Y otras tantas lo hacían en las casas de grandes damas donde eran instruidas en latín, artes, ciencias, filosofía y distintas lenguas, aunque de medicina ni hablar, ése era un terreno vedado para ellas si bien no del todo. (La mujer es de intelecto fino, mas, el hombre prudente no la deja estudiar...)
No del todo porque, aunque los hombres controlaron y dominaron el ejercicio médico entre la gente pudiente, dejaron en manos de comadronas y curanderas a los pobres, total para lo que pagaban; una simple cuestión de prestigio social y rentabilidad, sobre todo, como puede ver. Así y todo, con el tiempo, y por circunstancias que no hacen ahora al caso, los galenos quisieron aumentar sus ganancias a costa también de las clases menos pudientes. Ya nos contó Suetonio (siglo I-II) que el dinero no huele, venga de donde venga, Pecunia non olet. (Continuará)
CONTACTO: [email protected]
FUENTE: Enroque de ciencia












Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.162