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Redacción
Miércoles, 22 de Abril de 2026

Elogio del terraplanismo

Fascista eres tú

Por Balsa Cirrito

[Img #287284]Sin duda, fascista es la palabra más contaminada del idioma español, y en este momento no significa un pimiento colorado o, al menos, lo que debiera significar. En cierto sentido, para la izquierda traganiños escupefuego pecho depilado rastafari canutofílica, “fascista” quiere decir “persona de derechas”, o, incluso, “cualquier persona que me lleve la contraria”, aunque lo cierto es que estos mismos que llaman fascista a todo lo que se menea no tienen muy claro su sentido, como vemos a menudo en televisión cuando a alguno de estos bravos antifas le preguntan qué significa la palabra y se queda como el mono que descubrió la Luna. Pues para todo esto, niños y niñas, vamos a explicar unas cuantas cosas, aunque igual hay quien se lleva una sorpresa, y vamos a realizar también un ranking de partidos fascistas en España (es lo más divertido).

           

La palabra fascista se refiere al partido fundando en Italia por Beni Mussolini. Contra lo que se pueda pensar, el bueno de Mussolini no era un reaccionario de derechas, sino militante del Partido Socialista de Italia, y el fascismo, de hecho, nace como una escisión del socialismo. Mussolini era (¡ay!) profundamente anticapitalista y protector de los trabajadores y de las clases desfavorecidas. Y en este sentido casi puedo hablar como experiencia personal.

           

Mi madre era italiana, de una familia siciliana de emigrantes (en Sicilia ser emigrante casi es una profesión), familia que merodeó por el norte de África durante muchos años trabajando en las diferentes colonias europeas, y que solo volvía de cuando en cuando a Sicilia para dar a luz a nuevos sicilianitos, hasta que al final se situaron en Marruecos, en Tánger, donde lograron prosperar medianamente. Alguna vez me contaba mi madre que el recuerdo más antiguo de su niñez era el de su padre llorando por la muerte de Mussolini en 1945. ¿Y por qué lloraba mi abuelo por la muerte de un dictador? Pues porque de los gobernantes italianos era el único que se había preocupado por aquellos desgraciados que habían tenido que marcharse de su casa. Unos ejemplos para hacer boca. En Tánger los fascistas construyeron el hospital italiano para atender a los connacionales enfermos, en unos tiempos en los que la Seguridad Social universal ni existía ni se la esperaba, y en los que la asistencia médica podía arruinar a una familia. También inauguraron los fascistas la escuela italiana para dar educación a los niños emigrantes en el idioma italiano (ya quisieran los españoles de Cataluña en la actualidad tener algo parecido con la lengua castellana). Y la escuela italiana no debía ser mala, por cierto, porque alcanzó cierto prestigio. Cuando llegaban las Navidades la Vecchia Befana (equivalente transalpino de los Reyes Magos), llevaba regalos a todos los niños italianos de Tánger, regalos pagados por el consulado italiano fascista… Cito estos entre otros muchos detalles, sin pretender realizar una alabanza del fascio, en absoluto, por favor; lo que quiero decir es que pese a lo que puedan imaginar Pablo Iglesias, Bob Pop y Sarita Santaolaya, ser fascista no es ser de derechas, ca, sino que es un movimiento que está más próximo a la izquierda, y que cuando escupen lo de “¡fascista!” como insulto, igual se están escupiendo en el espejo.

           

Así, para que nadie se despiste ofrezco los siguientes trucos (si son muy horteras pueden llamarlos tips) para reconocer a los movimientos fascistas, basándome parcialmente en el historiador Íñigo Bolinaga.

           

Primero: socialismo. Bolinaga hace mucho énfasis en este punto, aunque hay que señalar que se trata de un socialismo no marxista, de hecho, un socialismo antimarxista. Los fascistas se preocupaban de mejorar el nivel de vida de las clases trabajadoras. En la España de la época se comprueba analizando el ideario de Falange.

           

Segundo: nacionalismo. El fascismo es ultranacionalista y, en realidad, se trata de la principal cuestión que lo separa del bolchevismo, que es (teóricamente) internacionalista.

           

Tercero: supremacía del estado sobre el individuo. Es decir, y hablando en términos contemporáneos españoles, Todo el poder para lo público, que, mira qué casualidad, fue exactamente el eslogan de Unidas Podemos en unas elecciones al parlamento europeo.

           

Cuarto: la libertad no es tan importante. O sea, como el estado realmente es lo que hay que ensalzar, la libertad individual no resulta tan chachi, lo cual termina convirtiendo a los regímenes fascistas en regímenes totalitarios.

           

Quinto: adoctrinamiento masivo. Los valores que propugnan los partidos fascistas han de ser inyectados a toda la población, impartidos obligatoriamente en las escuelas, y recordados al resto de los ciudadanos en todo momento.

           

Podríamos añadir algunos más, pero con estos nos vale. Y según este panorama no cabe duda que el partido más fascista de España es Esquerra Republicana de Cataluña, seguida de cerca por Podemos.

           

¿Que no? Los dos son socialistas; los dos son fanáticos de “lo público” y del poder casi absoluto del estado; Esquerra es, además, intensamente nacionalista (Podemos no, aunque ese no al nacionalismo se aplica solo al nacionalismo español, el ultranacionalismo vasco o catalán le parece a Podemos de puta madre); ninguno de los dos partidos es muy partidario de las libertades individuales, que subordinan a las públicas (Esquerra ha llegado, incluso, a señalar en su página web a los comercios catalanes que no reciben al cliente en lengua catalana, fomentando el boicot a quienes no lo hacen); y los dos, tanto Podemos como Esquerra, son fervientes amigos de adoctrinar a la población, atontándola si es necesario, en el caso de Esquerra Republicana, de hecho, viene a ser uno de los fundamentos de su actuación, aunque Podemos no se queda muy atrás.

           

Por eso, parece ridículo que se ataque a VOX llamándolo “partido fascista”. Hay muchas cosas criticables en los voxeros, pero resulta cachondo que se les suela atacar con cuestiones donde no hacen agua. VOX, si miramos el cuadro de indicios fascistas que hemos planteado, solo reúne una de las condiciones, la de nacionalismo exacerbado (ellos lo llaman patriotismo). En el resto de los puntos se sitúan justamente en el punto más alejado del fascismo, ya que están visceralmente en contra del poder excesivo del estado. ¿Y el PP y el PSOE? Pues no creo que se les pueda llamar fascistas, claro está, aunque puedan coincidir en algunos de los ingredientes. Bien es verdad que el PSOE, con la marcha bolivariana que sigue en los últimos años, me escama un poco, pero a día de hoy sería injusto aplicarle el calificativo.

           

¿Qué nos queda con todo esto? Pues una de dos, que hay que tener la lengua más corta o la cultura más larga. Cuando veo a la Belarra gritar constantemente que “con los fascistas no hay que dialogar”, está en el fondo expresando un singular trastorno de la personalidad, una negación de sí misma, un deseo de autolesionarse, porque, ¿y tú, Belarra, me preguntas quién es fascista mientras clavas tu pupila morada como tus axilas en mi pupila? Fascista… ¡eres tú!

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