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Antonio Franco
Sábado, 18 de Abril de 2026

La solidaridad neoliberal

[Img #286656]Poco, o muy poco, se habla ya del secuestro por parte de los yanquis de Nicolás Maduro, el que fuera Presidente de Venezuela. Poco, o muy poco, sabemos del cambio de régimen que la oposición política del país sudamericano esperaba. ¿Se trató de un golpe de efecto por parte de Donald Trump ante los suyos? El tiempo y los analistas políticos lo dirán. Se publica en los medios que la reserva de petroleo de Venezuela representa el 17% del total mundial. El negocio es obvio. Esto se ha repetido hasta la saciedad.


Poco, o muy poco, se habla ya de la guerra de Ucrania. Desde que Putin invadiera a su país vecino, han transcurrido ya más de cuatro años. Recuerdo que nada más iniciarse las hostilidades bélicas entre Rusia y Ucrania el precio del aceite de girasol se puso por las nubes. Nos enteramos entonces que la mayor parte de ese producto procedía de Ucrania. Los especuladores, como siempre, aprovecharon la oportunidad que le ofrecía la guerra para subir el precio del aceite de girasol como si no hubiera un mañana.


La guerra de Irán que, mientras redacto el presente artículo, ha entrado en una fase de alto el fuego, ha producido un desasosiego en el Mundo por el impacto de la falta de abastecimiento de combustible. El precio de los carburantes se ha disparado y, aunque la situación ha pasado a una cierta normalidad en el Mercado, los precios no han bajado en el porcentaje que crecieron. El negocio, una vez más, está asegurado.


Si alguna vez la situación de inestabilidad se torna en normalidad, los precios de los combustibles se mantendrán. Quizás, para acallar algunas voces críticas bajen algo, pero nunca llegarán a los precios anteriores al inicio del conflicto.


El sistema capitalista es lo que tiene. Los especuladores campan a sus anchas con total libertad, caiga quién caiga, produzca la hambruna que produzca en los de siempre.


El Premio Nobel de Economía, Joseph E. Stinlitz, dice que “una parte del contrato social contempla la equidad: que los pobres compartan las ganancias de la sociedad cuando crece y que los ricos  compartan las penurias sociales en momentos de crisis”. Pero, que va. El crecimiento económico no beneficia, aunque debería, a todos. Siempre ha habido (y hay) dinero para rescatar a los bancos, pero no para mejorar la Educación y la Salud, por ejemplo.


Conviene recordar que el paso de Rusia del cerrado sistema económico comunista al capitalismo dio paso a la aparición de las mafias. Estas surgieron en el propio seno de los que hasta entonces habían dirigido los destinos del país. El proceso del cambio de sistema económico con “la caída del muro” vino acompañado de las ayudas financieras del Fondo Monetario Internacional a los países del antiguo bloque soviético.  En Rusia, estos préstamos fueron  distribuidos por el gobierno del entonces presidente de la Federación rusa, Borís Yeltsin, en su propio provecho. A lo que se ve, los antiguos soviéticos añadieron a sus condiciones corruptas las oportunidades de corrupción que les proporcionaba el sistema capitalista.


Al margen de los negocios y las corrupciones que las guerras provocan, lo más preocupante y estremecedor es la pérdida de vidas humanas. Miles de niños han muerto asesinados por  los bombardeos de israelís, rusos, estadounidenses...durante los conflictos abiertos. Miles de personas civiles han perdido la vida en una guerra que otros han iniciado. No importa el número de muertos, interesa más los índices de inflación, las caídas de los valores bursátiles y viajar al lado de la oscuro de la Luna.


El sistema neoliberal (o Capitalista, cómo prefieran) es un oxímoron de la Solidaridad. En él se practica, y no siempre, la Caridad. Qué no es lo mismo ni se le parece.

 

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