El lienzo de Turín. Iglesia
¿Reliquia o icono? Dando ya los coletazos esta Semana Santa del Señor de 2026, me dispongo a escribir unas líneas relacionadas con un icono cristiano, que no reliquia, asociado con la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. El mismo objeto que es conocido como Santo Sudario, Sábana Santa o Síndone y se custodia en la Cappella della Sacra Sindone del ábside de la Catedral de San Juan Bautista en Turín, que fue diseñada entre 1667 y 1690 por Guarino Guarini por encargo de la Casa de Saboya. Pero antes de proseguir con lo que nos trae, puede ampliar información en Enroque de Ciencia, puntualizar la matización de más arriba con respecto a su naturaleza, dado que existe cierto consenso en considerar su diferencia. Reliquia: “Cuerpo de una persona santa, o parte de él, que es venerado. Se consideran también reliquias, los ropajes y objetos que pudieran haber pertenecido al santo en cuestión o haber estado en contacto con él. Icono o ícono: “Toda aquella representación religiosa de Jesús, María, los santos, los ángeles, diferentes sucedidos bíblicos, etcétera, realizada por el hombre”. Es decir, que puede ser un icono una pintura plana realizada sobre distintos soportes, pero también puede estar en relieve, hecho de metal, esculpido en piedra, bordado, fabricado en papel, un mosaico o un repujado. De iconos estáticos tenemos nuestras iglesias y templos llenas y, estos días, nuestras calles procesionando por ella; pues eso es la denominada Sábana Santa, un icono más, una reproducción hecha por el hombre como otras muchas imágenes y objetos religiosos, pero no una reliquia, no un resto auténtico de Jesucristo; en la tercera posible opción, que sea una falsa reliquia, mejor no entramos hoy dados los significativos días que vivimos, ya habrá mejor ocasión para esta deriva “sindonita”. Vade retro Satana.
¿Qué es el lienzo de Turín? Poco que decirle aquí que usted no sepa sobre este trozo de lienzo de espiga de lino, tejido a la forma de sarga o “cola de pescado”, de 430 centímetros de largo por 110 de ancho y que tiene impresa sólo sobre una de sus caras las difusas improntas, frontal y dorsal, de un hombre con algunas de las supuestas señales de la Pasión de Cristo y en presunto ‘rigor mortis’. Algo en principio realmente pasmoso pues, según la tradición cristiana, muestra la imagen del cuerpo de un crucificado que muchos miles de creyentes consideran que no es otra que la del mismo Jesús de Nazaret al que envolvió tras su muerte. Un objeto cuya primera ubicación documentada la sitúa en el centro de Francia (1354) como propiedad de un caballero templario -aparece así, sin previo anuncio y sin la menor explicación de cuál es su origen o cómo llegó allí-, para ser trasladada en 1758 definitivamente a la Catedral de Turín llevada por el duque de Saboya. Lo que sí se sabe de forma cierta es que al poco de aparecer el Papa Clemente VII, familiar de los Médici, descubrió que se trataba de una falsificación, una impostura creada para atraer a peregrinos y sus numerosas donaciones, por lo que denunció el fraude; o sea que ya a mediados del siglo XIV, para la Iglesia, estaba claro que se trataba de una reproducción hecha por el hombre, además con intenciones, digamos, nada confesables. Un mal comienzo y un feo asunto si es la misma iglesia la que ya informa de que se trata de una falsa reliquia a fin de recaudar dinero a costa de una falsa credulidad. Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.
De la Iglesia y el lienzo. Y es que, si se piensa, resulta muy extraño que de este objeto, supuestamente una reliquia y de las más importante de la cristiandad para algunos, no se supiera absolutamente nada durante 1400 años, sí, es muy, muy, raro; y, casi nada, entre los siglos XVII y XX, también raro, raro. Es más, solo a finales del siglo XIX empieza a tener cierta notoriedad cuando, unos autodenominados “sindonólogos”, se empeñaron en decir que este lienzo y no otro era el auténtico; éste en concreto entre los más de cuarenta que pululan por el mundo, porque ha de saber que hay contabilizadas casi cuatro docenas, sorprendente, ¿verdad? ¿o quizás no? Y a lo que hemos de añadir un hecho que es todo un baño de realidad. Si bien la creencia popular atribuye la imagen del lienzo al cuerpo inerte de Jesús de Nazaret después de sufrir la crucifixión, los Evangelios, sin embargo, no mencionan en absoluto la presencia del sudario con la imagen de Jesús grabada en él. En ninguno de ellos se han encontrado testimonios históricos de su existencia anteriores al año 650, y eso en el mejor, mejor, de los casos y visto con los más crédulos e ingenuos ojos; porque estará conmigo que es algo inaudito que ni en el Nuevo Testamento se hable de un lienzo impreso milagrosamente ni los primeros cristianos lo mencionaran nunca. A decir verdad, no figura en los relatos de la resurrección ni lo citan tampoco los Hechos de los Apóstoles o las Epístolas, algo bastante raro porque son escritos donde se aprovecha cualquier posible testimonio de la divinidad de Jesús. Lo normal en estos casos. Y no queda aquí la oscura sombra de la rareza pues los Evangelios nombran expresamente que el cuerpo de Jesús fue lavado y ungido con aceites, por lo que las manchas de sangre que dicen que existen en la Síndone no son coherentes con la veracidad del relato evangélico. Como vemos todo son contrapruebas del origen divino del lienzo y lo peor es que no son las únicas ¡Vaya por Dios! (Continuará)
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FUENTE: Enroque de ciencia












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