Se apagó el último gran foco de la cultura europea (por Severiano Alonso)
Desde el día 14 de marzo que conocí la noticia llevo dándole vueltas a si merecía la pena escribir algo sobre el protagonista de la misma o reservar mi opinión y comentarla sólo con aquellos a los que, de antemano, estaba seguro que les podría interesar. Sin embargo, dada la situación no sólo de nuestro país, sino del mundo presuntamente “civilizado” en el que vivimos, me he decidido a compartir mi reflexión con los que tengan curiosidad por leer algo distinto en este diario en el que solemos bucear para ver lo que ocurre en nuestro entorno más inmediato.
El 14 de marzo del año en curso murió Jürgen Habermas el pensador alemán perteneciente a la Escuela de Frankfurt, testigo directo de las atrocidades del nazismo, del desastre de la Segunda Guerra Mundial y de la construcción de la socialdemocracia alemana y vigía despierto para alertar de los peligros que esta forma de construcción política ha corrido a lo largo de estos años.
En sus 96 años de vida buscó siempre soluciones prácticas para mantener viva la democracia, impulsando la comunicación, el diálogo, la argumentación, la palabra por encima del ruido, de la pasión del forofo, de los intereses, a veces inconfesables, que hay detrás de propuestas políticas, de la algarabía y la desinformación. Habermas pensaba que los humanos podíamos ponernos de acuerdo si hablábamos, si confrontábamos argumentos de manera limpia, sin intereses, sin pretensión de vencer, con la intención de buscar la verdad antes que salirnos con la nuestra.
Su aportación al pensamiento puede resumirse en dos expresiones. “La Teoría de la Acción Comunicativa”, una interacción social que tiene como fin el entendimiento mutuo, el consenso y la “Democracia deliberativa”, donde prima el diálogo, la argumentación razonada, la reflexión colectiva más allá del simple voto.
Habermas practicó sus ideas en encuentros, diálogos de todo tipo, sin restricciones, haciéndose presente en todos los foros donde puediese dialogar.
En 1984 dió una conferencia en el Congreso de los Diputados, en Madrid, después de la llegada al gobierno de Felipe González. ¿Sería algo así posible en la actualidad?. ¿Aguantarían algunos sin dormirse, sin patear, sin interrumpir, sin abuchear?. ¡Cómo ha evolucionado nuestro parlamento! ¡Cómo se ha cambiado el argumento por el insulto, el enfrentamiento, la ridiculización del adversario, el ruido, la algarabía!
En 2004 tuvo lugar un diálogo en la Academia Católica de Baviera, en Múnich, entre un agnóstico (Habermas) y un creyente (el Cardenal Joseph Ratzinger elegido Papa un año después con el nombre de Benedicto XVI). El diálogo llevó a ambos a la necesidad de la colaboración, la complementalidad (y no el enfrentamiento) entre fe y razón para asentar unas bases morales firmes para el estado liberal y la fundamentación de la justicia.
Se puede llegar a acuerdos si hablamos con rigor y con honradez. Imposible el acuerdo si partimos del fanatismo, del dogma: imposible si nos convertimos en hooligans de nuestras convicciones políticas morales o religiosas.
Ha muerto Jürgen Habermas pero esperemos que su esfuerzo por difundir la necesidad del diálogo, de la argumentación razonada, de la comunicación no condicionada nos lleve a superar este momento de debilidad social y democrática en que nos encontramos.





























José Luis Pineda Acosta | Martes, 26 de Mayo de 2026 a las 12:36:21 horas
¡Magnifico y cristalino ¡
Muchos buenos autores intentaron abrir buenos caminos para la paz,concordia y solidaridad,el mundo desgraciadamente aún no ha seguido ninguno.
El régimen neoliberal que hegemoniza el mundo, cultural y económicamente, también la política occidental, puso de rodillas a los partidos socialdemócratas y los cooptó como eficaces gestores y... los ha ido fulminando. Cualquier campo político que aspire a ganar hegemonía ha de tener una política de alianzas (de clases, electoral, internacional...). Pero pensar que una izquierda que se autodefine 'transformadora' pueda ser relevante y estimulante con una simple 'estrategia' como fuerza accesoria, auxiliar, adjunta en los gobiernos del PSOE (desvestido de socialdemocracia desde hace décadas) es igual que amarrarse una gran piedra y arrojarse al mar.
Quizás haya más luz de 'respetabilidad' institucional y de gestión compasiva bajo las faldas del PSOE, pero la moneda (las alternativas de transformación frente a injusticias de redistribución y de reconocimiento) se perdió en otro lugar... aunque esté a oscuras, muy oscuro, es más lógico buscarla donde se perdió.
Si un filamento en la doble hélice (ADN) del régimen del 78 es el programa neoliberal (la reforma del 135 fue su clímax), la otra es el nacionalismo español (con su gran demostración en la aplicación del 155 a Cataluña).
En el reino de España es difícil concebir una contrahegemonía política y cultural de izquierdas que no se sustente en la plurinacionalidad. Porque las lógicas de distribución del neoliberalismo explican las injusticias económicas, pero las lógicas de reconocimiento que impone el nacionalismo español explican las violencias simbólicas que excluyen y oprimen a grupos por su condición de género, nacional, cultural.
Sería este un buen momento, después de tantos fracasos, para estimular una potente batalla de ideas, más allá de los tics anti debates sobre la 'unidad' y la vocación de gobernar.Un cordial saludo
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