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Redacción 1
Sábado, 28 de Marzo de 2026

Se apagó el último gran foco de la cultura europea (por Severiano Alonso)

 

Desde el día 14 de marzo que conocí la noticia llevo dándole vueltas a si merecía la pena escribir algo sobre el protagonista de la misma o reservar mi opinión y comentarla sólo con aquellos a los que, de antemano, estaba seguro que les podría interesar. Sin embargo, dada la situación no sólo de nuestro país, sino del mundo presuntamente “civilizado” en el que vivimos, me he decidido a compartir mi reflexión con los que tengan curiosidad por leer algo distinto en este diario en el que solemos bucear para ver lo que ocurre en nuestro entorno más inmediato.

 

El 14 de marzo del año en curso murió Jürgen Habermas  el pensador alemán perteneciente a la Escuela de Frankfurt, testigo directo de las atrocidades del nazismo, del desastre de la Segunda Guerra Mundial y de la construcción de la socialdemocracia alemana y vigía despierto para alertar de los peligros que esta forma de construcción política ha corrido a lo largo de estos años. 

 

En sus 96 años de vida buscó siempre soluciones prácticas para mantener viva la democracia, impulsando la comunicación, el diálogo, la argumentación, la palabra por encima del ruido, de la pasión del forofo, de los intereses, a veces inconfesables, que hay detrás de propuestas políticas, de la algarabía y la desinformación. Habermas pensaba que los humanos podíamos ponernos de acuerdo si hablábamos, si confrontábamos argumentos de manera limpia, sin intereses, sin pretensión de vencer, con la intención de buscar la verdad antes que salirnos con la nuestra.

 

Su aportación al pensamiento puede resumirse en dos expresiones. “La Teoría de la Acción Comunicativa”, una interacción social que tiene como fin el entendimiento mutuo, el consenso y la “Democracia deliberativa”, donde prima el diálogo, la argumentación razonada, la reflexión colectiva más allá del simple voto.

 

Habermas practicó sus ideas en encuentros, diálogos de todo tipo, sin restricciones, haciéndose presente en todos los foros donde puediese dialogar.

 

En 1984 dió una conferencia en el Congreso de los Diputados, en Madrid, después de la llegada al gobierno de Felipe González. ¿Sería algo así  posible en la actualidad?. ¿Aguantarían algunos sin dormirse, sin patear, sin interrumpir, sin abuchear?. ¡Cómo ha evolucionado nuestro parlamento! ¡Cómo se ha cambiado el argumento por el insulto, el enfrentamiento, la ridiculización del adversario, el ruido, la algarabía!

 

En 2004 tuvo lugar un diálogo en la Academia Católica de Baviera, en Múnich, entre un agnóstico (Habermas) y un creyente (el Cardenal Joseph Ratzinger elegido Papa un año después con el nombre de Benedicto XVI). El diálogo llevó a ambos a la necesidad de la colaboración, la complementalidad (y no el enfrentamiento) entre fe y razón para asentar unas bases morales firmes para el estado liberal y la fundamentación de la justicia.

 

Se puede llegar a acuerdos si hablamos con rigor y con honradez. Imposible el acuerdo si partimos del fanatismo, del dogma: imposible si nos convertimos en hooligans de nuestras convicciones políticas morales o religiosas.

 

Ha muerto Jürgen Habermas pero esperemos que su esfuerzo por difundir la necesidad del diálogo, de la argumentación razonada, de la comunicación no condicionada nos lleve a superar este momento de debilidad social y democrática en que nos encontramos.

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  • Al Viento

    Al Viento | Sábado, 28 de Marzo de 2026 a las 19:52:40 horas

    Muchas gracias, Severiano. Hoy en día es un acto de valentía, no ya argumentativa, sino física, apoyar incluso la defensa de la libertad de argumentación misma. Hay quien cree que está al mismo nivel defender su privilegiada opción a la fuerza, que admitir el intercambio de razones plurales para comprender cuál sería la mejor opción. En tiempos de asombroso desaprendizaje, se agradece el recordatorio.

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