Luis Miguel Quintana ofrece el pregón de un cofrade por vocación propia para abrir la Semana Santa de Rota
El pregonero reivindicó la devoción como una llama viva que trasciende la herencia familiar y se convierte en compromiso personal
La llegada de la Semana Santa ha comenzado su cuenta atrás final y ayer sábado, 21 de marzo, el joven roteño Luis Miguel Quintana Sánchez-Romero fue el encargado de hacer el anuncio oficial de una celebración que para los cofrades es mucho más que días de procesiones, es un periodo para dar muestras de fe en la calle con unos titulares a los que se profesa devoción por lo que representan.
En un concurrido auditorio municipal "Alcalde Felipe Benítez", con el acompañamiento de la banda municipal de música "Maestro Enrique Galán" y una presidencia en la que destacaba la figura del obispo de la Diócesis de Asidonia Jerez, José Rico Pavés, junto al alcalde de Rota, Javier Ruiz Arana, el párroco de la O, Santiago Gassín, y el presidente del Consejo Local de Hermandades y Cofradías, José Manuel Sánchez Peña, el pregonero tuvo la oportunidad de compartir sus sentimientos como cofrade y creyente.
El de Luis Miguel Quintana Sánchez-Romero fue un pregón que nacía del interior de una persona muy vinculada a la iglesia, a las hermandades y a la fe desde pequeño. En estos días de preparación para la gran cita que suponía para él ser el pregonero de la Semana Santa de su pueblo, ha querido hacer un ejercicio de acompañamiento acudiendo a muchos de los cultos que las hermandades han celebrado en esta Cuaresma que llega a su recta final. Eso le ha permitido conocer aún más a las cofradías, con las que ya tiene vinculación de sobra, y compartir momentos de rezo y reflexión.
Desde aquella llamada un 8 de septiembre para comunicarle que había sido propuesto como pregonero de la Semana Santa de Rota, Luis Miguel Quintana reconoció la incertidumbre y el miedo propio que invaden cuando llegan este tipo de encargos. Como él mismo relató, la duda que se le presentó la despejó en la penumbra de la iglesia de Nuestra Señora de la O, que frecuenta a menudo, frente a Jesús Sacramentado, y en el silencio de las sillas del coro de Diego Roldán, invocando a la patrona, Nuestra Señora del Rosario, a la que tiene por bandera.
Aceptó aquella responsabilidad con la claridad de la llamada que supo entender y anoche se vio ante un auditorio con ganas de escucharlo. Entre prosa y poesía, el LXI Pregón de la Semana Santa de Rota que ofreció este joven pregonero fue de forma temporal pasando por cada uno de los días importantes de la celebración, desde el Domingo de Ramos al Domingo de Resurrección, salpicando cada pasaje dedicado a los titulares que realizan su estación de penitencia de versos y alabanzas junto a anécdotas y recuerdos personales. El pregonero quiso que la patrona le ayudara en esta encomienda para que sus palabras fueran puente entre la fe interior y las vivencias de la próxima Semana Santa, "puente y nunca frontera" abriéndose ante una Rota que en breve, empezará a oler diferente.
Su amigo Abel Beltrán, con quien comparte muchas de las horas de vida diaria en la parroquia, fue el encargado de presentarlo como una persona que desde pequeño ha vivido la fe buscando su propio camino, encendiendo los cirios de hermanos, de acólito, nazareno y costalero de su hermandad del Jueves Santo. Luis Miguel cultiva su fe en la intimidad de la parroquia, decía su presentador, recordando que desde su labor callada en el día a día de la iglesia, o sirviendo en la eucaristía, ha forjado su forma de creer y su propia vida, porque como luego reconocería, ser creyente es parte de su experiencia vital. Como amigo, sabía que la de ayer era una noche importante para el pregonero, el sueño de un niño que se cumple y que le permitió compartir con serenidad sus sentimientos de fe.
Si algo quedó claro en el pregón de este roteño, fue su reivindicación de una identidad cofrade construida desde la voluntad individual. "El cofrade que soy no nació de tradiciones familiares ni de enseñanzas heredadas", aseguró con firmeza recordando que, mientras que en muchas casas la túnica de penitente se heredaba como un apellido, en su caso, fue una infancia de fascinación solitaria: desde las fotografías con cámaras de juguete al paso del Cristo Yacente en la calle Charco hasta los ensayos de costaleros del paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno a los que acudía con su tío Luis, fueron dejando las primeras huellas en él, sin olvidar ir de la mano de su abuela a ver el viacrucis del Cristo del Amor antes de ser titular de la que luego sería hermandad.
Esta "bendita vocación", como la definió, se presentó como un lazo divino que fue modelando su espíritu poco a poco, demostrando que la Semana Santa de Rota es un organismo vivo que sabe atraer a nuevas sangres como le pasó a él.
El LXI Pregón de la Semana Santa de Rota avanzó por un recorrido en el que el Domingo de Ramos fue descrito como un "despertar del alma" que tiene su epicentro en la capilla de San Roque. Allí, donde la primavera se anuncia en la mirada de los niños que apenas saben domar su capirote, el pregonero rescató una imagen cargada de simbolismo y amistad: el relevo en el martillo de Antonio Florido a su hijo, su amigo, asumiendo el peso frente al padre como una lección de que "la fe no se explica, se hereda".
El pregonero fue haciendo un repaso por cada uno de los días principales de la Semana Santa con pasajes de gran fuerza lírica, describiendo desde sus ojos lo que significa cada conjunto escultórico en la villa, convirtiendo las calles de Rota en un templo sin paredes donde el pueblo no solo mira, sino que se entrega. Paso a paso, titular a titular, parroquia a parroquia y ermita a ermita, momentos de fe, recogimiento, reflexión, intensidad, devoción y amor fueron marcaron desde sus ojos de cofrade el devenir de una Semana Santa que siempre es igual y siempre distinta. La fuerza de lo que representan las imágenes más destacadas de cada hermandad, el esfuerzo de los costaleros, la mirada ingenua de los niños y el ambiente que rodea estos días de recuerdo de la pasión, muerte y resurrección de Jesús marcaron la parte central de un pregón en la que el pregonero abrió su corazón.
Luis Miguel Quintana transmitió el mensaje claro de un cofrade hecho a sí mismo, convencido de que la Semana Santa no es un evento efímero, sino una "llama que permanece viva en cada corazón" y que él conoce bien porque es parte eterna en su vida.








































































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