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Sábado, 15 de Mayo de 2010

El empleo público municipal

 

¿A que llamamos empleo público?  Para mi, como para la gran mayoría de las personas, el empleo público es todo aquel ofertado tanto por las administraciones públicas, como por aquellas empresas que aunque su consejo de administración  contiene una representación política, la gestión  y contratación  de personal se rige por  el derecho privado.

 


Efectivamente, la contratación en una empresa pública se rige por el derecho privado, se creó esta modalidad de empresas precisamente para escapar de la aplicación normativa del derecho administrativo. Es así, nos guste o no nos guste.
Entonces ¿dónde está el problema?
Posiblemente el problema radica en que tanto las administraciones locales,  como las empresas públicas son financiadas con los presupuestos municipales, con los recursos  económicos que a través de los impuestos  los ciudadanos aportan, para que su ayuntamiento les preste los servicios públicos  de su competencia. 
Por lo tanto me atrevo a decir que el empleo que se genera a través del ayuntamiento, como de la empresas municipales  es también patrimonio de todos, es un bien común, tangible como el mobiliario urbano.  Nadie debe apropiarse de él, ni desde el poder, ni desde intereses partidistas que tanto daño están haciendo a la credibilidad del sistema político democrático.


El uso del empleo público como una forma de comprar voluntades es también una forma de corrupción, llamada patronazgo, no lo digo yo, se define así en cualquier manual de derecho administrativo.

 

El ciudadano debe considerar su inactividad y no permitir que el empleo que procede de organismos e instituciones publicas sea arbitrariamente concedido, debe exigir ese porcentaje  que le pertenece, debe buscar fórmulas de asociación para reivindicar justicia en el reparto del empleo , en definitiva el ciudadano es también participe y cómplice de que estas situaciones se mantengan e incluso sean comprensibles para algunos, aunque el único responsable es el político que pone sus normas, en este caso la ausencia de estas, para algunos es la mejor norma, para mí no.


Desde hace un mes, un grupo de desempleados están concentrados en el Castillo de Luna, pidiendo una parte de  ese empleo público que vuelvo a repetir “es de todos”. A estos parados se les dice que sería injusto  reservar empleos para ellos, sería un trato de favor, acreditando como único merito  el pertenecer a una plataforma de parados.

¿Cuáles han sido los méritos exigidos para adjudicar  cientos de empleos,  tanto en el ayuntamiento como en las empresas municipales, la gran mayoría a dedo o como se suele decir ahora de libre designación? ¿Han existido  criterios  para su adjudicación? ¿Se ha dado publicidad para los cientos de contratos que se han efectuado?
Hemos llegado a tal situación que incluso existe lo que yo denomino la defensa de  lo  irracional.


"El Todos lo harían igual” no me vale, esto no es una cuestión de ideologías o de partidos, posiblemente tengamos ejemplos en todos los partidos a lo largo del territorio nacional de formas de administrar el empleo público muy parecido al roteño, pero esto no debe ser una excusa. Todas esas maneras dedidocráticas de adjudicar el empleo público son igual de repudiables procedan del lugar, del partido o coalición que las aplique.

Para mí, sin duda alguna, es el gran punto negro de la gestión de la actual coalición de gobierno y el aspecto más criticable y es extraño que dentro de estos partidos políticos locales, no hayan existido críticas contundentes para modificar estos comportamientos.
El tema del empleo público en Rota es incluso un tema tabú, en un pueblo pequeño como el nuestro donde todos nos conocemos , quien no tiene  un familiar,  un amigo o un vecino cercano que no se ha visto agraciado por la varita mágica de los que hoy nos gobiernan.

Callar es ser cómplice de una situación que debe ser cambiada cuanto antes, ese es el gran valor  que le atribuyo a la crítica, en cualquier ámbito de la vida, el querer cambiar las cosas, participar siempre proactivamente para intentar modificar las situaciones que no nos gustan o consideramos muy mejorables.
¿Qué mensaje estamos ofreciendo a los ciudadanos? Es realmente este sistema clientelista que logra doblegar a todos y que además produce tensiones  y desafección hacia lo político  el que queremos que hereden  nuestros hijos. 
En definitiva, nos queda la critica contundente, nos queda exigir que el empleo público sea administrado con criterios de igualdad de oportunidades, de transparencia, de justicia, de honradez, de merito y capacidad.

Esta cuestión y no me cansare de decirlo hay que abordarla “desde el  consenso político”.

 

 

Francisco Sánchez Alonso

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