Elogio del terraplanismo
El fin de la Base de Rota
Por Balsa Cirrito
Dentro de diez años, quizás menos, habrá quién diga: “¿Os acordáis de cuando aquí estaban los americanos?”. Porque una cosa es segura: dentro de diez años los americanos que quedarán en Rota serán jubilados a los que les gustó esta zona, pero militares no me parece que vaya a quedar ninguno. Y se entiende, porque, ¿de qué vale una base que no se puede utilizar? Ya antes de la negativa del gobierno español a que despegaran aviones guiris se hablaba seriamente de trasladar todo el tinglado a Marruecos; ahora imagino que se habrán disipado todas las dudas que había
En fin, yo podría entender la postura española si al final se pudiera decir: “hemos salvado tantas vidas y hemos ahorrado tanto sufrimiento”. Pero el hecho de no autorizar las bases no va a tener efectos positivos para nadie, y no va a salvar la vida ni siquiera de un gato callejero. Vale, de acuerdo, se podrá objetar, pero, ¿y la legalidad internacional? ¿Qué pasa con ella? ¿Eh, díganme, señores?
La legalidad internacional, de acuerdo. Bueno, pues solo hay que recordar que en el asunto del Sáhara Occidental nuestro gobierno se pasó la dicha legalidad por el Arco de Regla, y en la cuestión sahariana España es un actor fundamental, no como en la cuestión iraní donde ni pinchamos ni cortamos ni figuramos. Pero, además, ¿qué puñetas es eso de la “legalidad internacional”? Cada vez que escucho la frase me descojono. La legalidad internacional no existe, y si existiera no estaría representada por la ONU, sino por instituciones como el Tribunal Internacional de La Haya. Pero la ONU… ¡Por Dios! La ONU es un tinglado donde cinco países tienen derecho a veto, y donde la Asamblea General es una merienda de caníbales. La ONU no soluciona problemas como el de Irán. En sus 80 años de existencia nada más ha autorizado dos intervenciones, y la primera solo se produjo porque el representante ruso cometió un error. ¿De qué legalidad hablamos entonces?
Hay un argumento que me parece especialmente patético, y es el argumento humanitario. La experiencia me dice que las víctimas de países lejanos nos importan un carajo. Repito, un carajo. Los palestinos o los iraníes se les dan una higa a todos los que los defienden. Quizás los venezolanos un poco más por los muchos lazos de España con el país, pero, cuidado, sin abusar. Y sé de lo que hablo.
Cuando estalló la Guerra de Irak todos los que tienen edad para recordarlo sabrán que se produjo en España un movimiento especialmente poderoso de NO A LA GUERRA. De hecho, hubo una plataforma local contra el conflicto (a Rota, por aquello de la Base, los medios nacionales le daban cierto protagonismo). En aquella plataforma yo era el representante del PSOE, y lo que más me sorprendía del ambiente entre los plataformers era que lo único que les preocupaba era cómo fastidiar al PP. Una cosa muy extraña, porque quienes más énfasis ponían en chinchar a los peperos eran los partidos más izquierdistas, esto es, Izquierda Unida, Verdes, Ecologistas… que, en realidad, pese a que su cálculo era exclusivamente político, no iban a sacar ningún beneficio electoral, como después se vio. Sin embargo, a esta peña, cuando teníamos reuniones solo les interesaba lo que pudiera jorobar a Aznar, que aunque Aznar fuera un tipo que se mereciera ser jorobado hasta cuando jugaba al golf, no era lo importante del caso. Fue hace mucho tiempo y no me acuerdo muy bien, pero juraría que terminaron expulsándome de la plataforma, con lo cual el PSOE se quedó sin representante. Desde entonces tengo muy claro lo que importan en España las víctimas.
A nadie les gustan las guerras, creo, pero el panfilismo termina siendo peor que el militarismo en muchas ocasiones. Si algún ataque militar está justificado es este contra Irán. Y no me refiero solo a que los clérigos barbudos (clérigos barbudos; hum, me pregunto si Gillete patrocinará el ataque, que con estos tíos no hacen negocio) machacan a su propio pueblo como si todavía estuviera gobernado por sátrapas, sino porque es el país más perturbador del mundo. Recordemos que Irán mantiene con su dinero a buena parte del terrorismo internacional (y no hablo de que soltaran pasta a Pablo Iglesias para su programa de televisión). De hecho, si los ayatolás desaparecieran probablemente el Oriente Medio, que es la piedra más molesta del zapato del mundo, dejaría de ser un problema tan enquistado, y es posible, incluso, que se lograra una solución aceptable. Pero es que además Irán está buscando la bomba atómica. Causa sonrojo escuchar a algunas almas bienintencionadas negar que los ayatolás estén tratando de armarse nuclearmente, porque las pruebas son infinitas, empezando por la mera construcción de centrales nucleares en un país que rezuma petróleo. Ningún país petrolífero levanta plantas nucleares, porque no las necesitan.
He dicho que el ataque a Irán está muy justificado (el hecho de bloquear el estrecho de Ormuz, por sí solo, es un casus belli), pero para ello debe existir una condición, y es que los americanos sepan exactamente lo que quieren hacer, que casi me temo que no, y es posible que nos veamos en otra como la Guerra de Irak, donde los yanquis se tiraron a la piscina sin estar muy seguros de que hubiera agua, con las consecuencias que todos sabemos.
Por último, Pedro Sánchez... Pedro Sánchez (que no sé si es Pedro Sánchez o Largo Caballero)…, no, no voy a decir nada de Pedro Sánchez, casi mejor que lo diga Von der Leyen, que lo califica como problema para la UE por buscar “solo los votos”. ¡Vaya descubrimiento, señora Von der Leyen!
En fin, como decía al principio, la Base de Rota es asunto liquidado. Pero véanlo de una manera positiva. Fíjense en todo el terreno que quedará libre para construir centros de la mujer y edificios resilientes e inclusivos y mezquitas y residencias para Menas... Va a ser nuestra edad de oro, se lo digo yo.































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