Elogio del terraplanismo
Hasta que vuelva el sentido común
Por Balsa Cirrito
Hace unos días escuché hablar en una de esas numerosas tertulias políticas que se suceden ahora en la televisión, como hace no mucho eran los programas de cotilleo, a una mujer llamada Paula Fraga. Su rostro me sonaba vagamente, aunque nunca le había prestado mucha atención. Debatía con Pablo Echenique y le daba para el pelo, algo que, la verdad sea dicha, tampoco tiene mucho mérito, porque Echenique es vapuleado dialécticamente siempre que se enfrenta con alguien. Me sorprendió Paula Fraga, sin embargo, porque rara vez se oyen argumentos inteligentes en este tipo de debates, sino gracietas, insultos y muchos y tú más, pero el caso es que esta mujer decía cosas muy notables.
Recriminaba a Echenique que la izquierda hubiera entregado a la derecha y a la extrema derecha, todas las banderas del sentido común. “¿Dónde? ¿Cuáles? ¿Cómo?”, balbuceaba el político. Y respondía miss Fraga con gallardía: “Todas. Las del feminismo, las de la ecología, la del racismo…”. Echenique seguía balbuceando, y contestaba irritado que ninguna bandera del feminismo había sido arrojada por la izquierda contra el sentido común. Y entonces Paula Fraga se elevó al cielo con su discurso.
La izquierda ha entrado - venía a decir - en una espiral absurda, en una cascada de disparates cada día mayor y que atenta contra la lógica más simple. Se refirió a la definición de mujer que se da en la izquierda: “mujer es cualquiera que se sienta mujer”, que ni es definición ni es nada sino pura tautología. Habló de la oposición a analizar siquiera las consecuencias negativas de la inmigración, encastillados estos radicales en la postura de que cualquier mención a que los inmigrantes puedan generar inseguridad es una postura racista. Habló de ecología, donde se obliga a los trabajadores a comprar coches más caros para evitar que los casquetes polares se derritan, como vienen amenazando desde hace décadas; luego los polos no se derriten, pero el coche ya está comprado.
Y es que, y ahora hablo yo, no la señora Fraga, la izquierda-izquierda delira. Sencillamente alucina y, efectivamente, desprecia cada día el sentido común y de paso la democracia. Realmente, es muy raro que cada vez que realiza una declaración Irene Montero, o Belarra o Pablo Iglesias no se me pase por la cabeza que están zumbados. El problema es que, de paso, arrastran a buena parte del PSOE que comparte esos delirios, y eso me cabrea más como antiguo militante. Sinceramente, muchas veces, escuchándolos, a los podemitas, tengo la sensación de encontrarme en una distopía. Podía pensarse que es cosa mía, pero viendo que acumulan batacazo electoral tras batacazo electoral, tiendo más bien a pensar que el sentimiento de alucinación ante las palabras de los izquierdistas-izquierdistas no es exclusivamente mío.
Pero, además, son unos bolcheviques. Unos totalitarios. Unos fascistas en el sentido estricto de la palabra. Y son cuatro gatos. El problema es que esos cuatro gatos han impuesto leyes que repugnan a la mayor parte de la sociedad y tenemos que tragárnoslas tan ternes y sin azúcar. Y son también peligrosos. Hace dos o tres semanas publicaron un manifiesto contra el odio. ¡Sus santos cataplines! Dicen que quieren exterminar a las derechas (lo han dicho literalmente numerosas veces) y acusan a los demás de ¡Propagadores del odio! ¿Cabe mayor desatino?
Reconozco que viendo a esta gente entiendo mejor la Guerra Civil Española. Por fortuna, hoy vivimos en una sociedad con la riqueza más repartida y con un estándar de vida incomparablemente más alto, y el nivel cultural es muy superior, de forma que no es probable que perdamos la cabeza como hace noventa años.
Sin embargo, hay algo bueno. Sin duda, esta gente va a desaparecer de la vida pública dentro de poco, ahogados en su propia memez. Y esa representación que tienen en los medios de comunicación - infinitamente superior a su representación en la sociedad - disminuirá. Aunque siempre tendrán ciertos huecos en las televisiones, porque, después de todo, ¿a quién no le gustan los bufones?
E igualmente deseo, y seguramente ocurrirá también dentro de poco, que desaparezca del escaparate Pedro Sanchez, y con él toda su caterva de palmeros y de inútiles, que le siguen el juego a los podemitas y que han convertido a un partido moderado de centroizquierda en un partido extremista. Hace poco Antonio Banderas, antiguo votante PSOE, pronunció la frase más terrible - y más justa - contra Pedro Sánchez: “La peor oposición que puede tener Sánchez es el PSOE… El PSOE de hace cuatro años”. El tío lo clavó. Pues sí, ojalá desaparezca Pedro Sánchez y pueda yo volver a votar al partido al que he votado toda mi vida y que ahora me estomaga hasta lo indecible. Entretanto…































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