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Redacción
Miércoles, 18 de Febrero de 2026

Elogio del terraplanismo

De cómo los hermanos Graco adelantaron el futuro de España

Por Balsa Cirrito

[Img #279462]No sé cómo andarán ustedes de historia de Roma, pero les cuento. Los hermanos Graco, Cayo y Tiberio, eran dos nobles muy chachis de la República Romana en el siglo II a.C. Pese a sus orígenes aristocráticos, y pese a pertenecer a una familia extremadamente rica, se convirtieron en  representantes de lo que hoy llamaríamos izquierda radical (tampoco es tan extraño, los políticos radicales de izquierda con mucha frecuencia proceden de las clases acomodadas).

           

Ambos tuvieron una carrera política brillante, que no voy a contar para no extenderme demasiado, y lograron que se aprobaran varias medidas revolucionarias para favorecer a la plebe, entre ellas la del reparto gratuito de trigo. Eso significaba que cada ciudadano de la gran urbe tenía derecho mensualmente a una cantidad de trigo que el estado le facilitaba. Dado que el trigo y la harina eran la base de la alimentación de los romanos, la ley permitía a los pobres de Roma disfrutar de pan y de polenta. Algo similar – guardando las distancias – a lo que en la actualidad es el Ingreso Mínimo Vital (ese reparto de trigo, que era una medida excelente ante el desamparo de las clases bajas de Roma frente a los poderosos, supuso con el tiempo uno de las principales razones de la decadencia del Imperio).

           

La cuestión es que la plebe romana, que por supuesto era la mayoría de la ciudad, apoyó a los Gracos decididamente y los puso en situación de ser quienes repartían el bacalao en la urbe del Tíber. Sin embargo, a los Gracos se les calentó la lengua o la máquina de las leyes, como ustedes prefieran, pero el caso es que quisieron ir más lejos. Porque los plebeyos romanos vieron bien que en su ciudad se repartiera trigo y otras medidas similares, pero cuando Cayo Graco propuso que la ley se extendiera a otras partes del territorio de Italia, los plebeyos decidieron que, después de todo, la medida no era tan enrollada. Abreviando, retiraron su apoyo a Cayo Graco y los nobles aprovecharon para acabar con él, igual que unos años antes habían hecho con su hermano Tiberio. La moraleja es que todas las reformas de los fratelli Graco fueron derogadas, y los plebeyos al final quedaron peor de como estaban al principio.

           

Traslademos esto a España, porque se parece bastante. El gobierno de España desde hace tiempo ha promulgado una serie de medidas sociales que, aunque con algunas críticas menores, son en el fondo bien vistas por la mayor parte de los españoles. Hasta ahí estupendo. Pero el caso es que lo va extendiendo también a la muchedumbre de inmigrantes que ha arribado a nuestro país durante los últimos años, incluso intentando que lleguen más para que compartan nuestra sopa boba. Y en esto los españoles ya no están tan  de acuerdo. Digo más: la mayoría está en contra.

           

Hay mucha gente que piensa: “trabajamos los españoles para alimentar a los extranjeros”, pensamiento que derriba cualquier gobierno y que deja sentenciada cualquier consulta electoral. Y no se trata de que me parezca bien o mal, se trata de que es lo que piensa la inmensa mayoría de los españoles nacidos en España (los no nacidos son como un 20%, y seguramente pensarán otra cosa)

           

Ese lento descenso a los infiernos de los partidos del gobierno tiene, creo, una de sus principales razones en lo que estoy contando. Y es un descenso que aún no ha tocado fondo, entre otras cosas porque en el gobierno se han acabado creyendo sus pasteles ideológicos; entre eso y los equilibrios para contentar a sus apoyos independistas, están listos. No sé quién es el estratega del PSOE, pero como antiguo militante que soy del partido (ahora exmilitante), tengo que decir que ese señor (o señora) tiene el olfato político de alguien a quien le han extirpado la pituitaria. El gobierno, por mantenerse en poder, hace exactamente lo contrario de lo que quiere la mayoría de los ciudadanos, lo cual no deja de ser una paradoja cojonuda, caso único en la historia de las democracias.

           

Mientras escribo estas líneas se habla de la votación en el congreso sobre la prohibición de lucir Burka o Niqab en espacios públicos. El PSOE y con él toda la izquierda (y la derecha periférica) votarán en contra de que se prohíba. He visto esta mañana una encuesta entre los lectores de 20 minutos, que es un periódico bastante aséptico, sin tendencia política definida, y ¡el 90% de los lectores está a favor de la prohibición del burka! Repito, 90%. Por ello creo que si la izquierda mira con dolor su situación actual es porque son muy optimistas: dentro de un año estarán mucho peor. Pensemos que en las recientes elecciones de Aragón Podemos ha sacado 6.000 miserables votos en toda la comunidad autónoma. Solo en Rota, el PP y el PSOE han conseguido mayor número de sufragios en más de una ocasión en las elecciones municipales, con lo cual nos podemos dar cuenta del absoluto desastre de la izquierda.

           

No quiero ser malinterpretado. No estoy realizando ningún juicio moral. Simplemente expreso un diagnóstico, una predicción de lo que entiendo que será el futuro, y el futuro de la izquierda tiene menos luz que el fondo de una mina de carbón pintada de negro donde los mineros son todos nativos de Uganda. Pero, ya digo, siempre hay un consuelo: los Gracos acabaron mucho peor.

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