En casa y con toda la familia, así nació en Rota, por sorpresa, Candela
El parto se produjo en el salón sin que diera tiempo al traslado hospitalario dejando un recuerdo inolvidable
Cuando Candela decidió nacer y abrirse paso a este mundo, al salir del útero de su madre en la madrugada del pasado sábado al domingo, solo vio caras que en pocos días le resultarían muy familiares: sus padres, sus abuelos, su tía y una amiga de la familia. Nació en Rota, en el salón del que hoy es su hogar y en un ambiente de miedo, emoción, caos contenido pero a la vez mágico. Así, asomó la cabeza.
A su madre Laura, no le dio tiempo a vestirse y montarse en el coche para dirigirse al Hospital Universitario de Puerto Real (Cádiz) donde estaba programado que diera a luz a su segundo hijo. Candela apenas avisó y entre las primeras contracciones, que se tornaron más intensas para la fase expulsiva en 20 minutos escasos, no dio tiempo a nada más que a dejar que el paso de la vida se abriera. Sin embargo, la concatenación de casualidades quiso esta vez, que pese al miedo, la incertidumbre y los nervios de lo inesperado del momento, esta fuera una experiencia para no olvidar jamás, probablemente, la mejor anécdota que todos los presentes podrán contar en sus vidas. Lo reconoce la propia madre, y Celia, matrona y amiga íntima de la familia a la que, ante la velocidad a la que Candela parecía venir, la abuela se decidió a llamarla pasada la 1.30 de la madrugada para explicarle la situación: Laura había pasado de tener leves molestias y suaves contracciones espaciadas, que imaginaba normales en su estado con 40 semanas de embarazo, a pasar a ser más constantes y en poco más de 15 minutos, no poder moverse del sofá con contracciones fuertes que la hacían sentir que en coche no llegarían a tiempo, "no podía ni hablar". La llamada a Celia fue una forma de pedir a una amiga, a una profesional, consejo sobre cómo actuar.
Celia, que vive a escasos metros y estaba dormida, se vistió rápidamente y salió sin más utensilios que unos guantes que tenía en casa, unas pinzas de cordón y gasas. Cuando vio el panorama valoró la situación y, expuso las dos opciones: o hacer un tacto para ver en qué fase del parto se podía estar -y con ello, correr el riesgo de acelerarlo todo-, o irse en coche con ella al lado por si en el camino se ponía de parto. Lo bueno en ese momento, es que Laura aún no había roto aguas, así que contaban con cierto margen para el bienestar del bebé. Duró poco, porque a los dos minutos, la bolsa se rompió así que no había marcha atrás, en la siguiente contracción es probable que la pequeña Candela ya asomara la cabeza. La llamada del abuelo a su otra hija, que es enfermera, y a la ambulancia, fue el paso previo a la orden de Celia de traer toallas, mantas y todo lo que fuera posible para cubrir suelo, sofá y poder empapar todo lo que estaba a punto de salir.
Ese salón en el que se hace vida cotidiana, se come, se reúnen amigos y familias o se juega -porque Candela tiene un hermano mayor de solo 22 meses-, se convirtió en un paritorio improvisado.
Entre caras de nervios, miedo y estrés por la situación, Celia, con la experiencia de ejercer como matrona desde 2019 muchos partos rápidos, sabía lo que había que hacer pero no por ello, dejaba de sentir una tremenda responsabilidad sobre sus hombros, porque el vínculo afectivo en este caso, mete una presión multiplicada. Pero la salvó como nadie.
Ella, que en ese caso, no sabía si pesaba más la condición de matrona o la de amiga, sintió pena porque Laura, Rubén, Clara, Charo y Cayetano, que estaban a punto de presenciar un momento inexplicable y mágico, que pocas veces se da, se lo perdieran por los nervios. Por eso, se impuso la matrona: se paró y pidió calma a todos, y vino a decir algo así como "vamos a disfrutarlo", Candela iba a llegar a este mundo y no estaba dispuesta a que lo hiciera estresada. Pidió tranquilidad, la que la madre demostró, ya que pese al miedo de que algo pudiera ir mal sin estar en un hospital para ser atendida, decidió escuchar su cuerpo, seguir lo que la naturaleza humana en el más puro sentido de la palabra estaba diciéndole y así lo hizo. Y así fluyó.
Como profesional, Celia sabía perfectamente lo que tenía que hacer y todas las fases que iban a venir, porque como ella misma cuenta a Rotaaldia.com, han sido muchos partos precipitados los que ha atendido, esos que en su argot llaman popularmente "partos del taxista", en los que la embarazada pasa de cero a cien en minutos y tiene al bebé prácticamente en el taxi que la traslada al hospital. La diferencia en este caso es que no se encontraba en un entorno hospitalario, con toda la asistencia necesaria para posibles complicaciones. En la madrugada del 8 de febrero estaba en el salón de casa de su amiga, con los futuros padres, la tía y abuelos de la pequeña y les pidió que vivieran el momento lo más tranquilos posible.
Y ocurrió. Laura, que reconoce que pese a todo, estuvo manteniendo la calma, muy centrada en lo que su cuerpo le iba dictando y asumiendo que su hija había querido nacer en su casa, se colocó en la posición que más cómoda encontró, de rodillas apoyada sobre el sofá, con su madre a un lado y su hermana al otro, mientras el padre iba gestionando cualquier necesidad y el abuelo se ocupaba de que el pequeño de la casa hasta ese momento, el que hoy es el hermano mayor de Candela, no se despertara -porque en su mundo de niño, dormía plácidamente en la habitación de al lado-.
Laura parió de la forma más natural posible, "como una vaca", bromea mientras cuenta con todo detalle la que sabe que es la mayor anécdota que va a tener en su vida, sin epidural, sin oxitocina, sin monitorización, sin nada ni nadie, más que su familia arropándola.
Tras estos primeros días, recuerda en la conversación con Rotaladia.com, todas las sensaciones de esa noche, feliz, porque todo salió bien, pero reconociendo que hubo miedo, "tenía pánico a parir en mi casa". Como ella misma explica, apenas pasó todo en una hora: desde que sintió las primeras molestias leves y decidió despertar a su marido para avisar a sus padres y que se quedaran en casa con su otro hijo, a quedarse sentada en el sofá sin poder moverse porque Candela empujaba ya con fuerza, no llegaron a 20 minutos. Llamar a Celia, a la ambulancia, romper aguas y la primera contracción fuerte para la fase expulsiva con la que salió la cabeza, no más de otros 20 (aunque los tiempos son muy intensos en esa situación).
Afortunadamente, en la segunda contracción, el equipo del DECU del centro de salud de Rota ya subía hasta ese salón-paritorio y llegaron a ver cómo salía el cuerpo de la pequeña. Candela nació, y tener en ese momento al equipo médico presente, bajó la tensión del momento porque al menos, como cuenta Celia, ya había asistencia, materiales de los que hasta entonces no disponía y la seguridad de un traslado urgente en caso necesario.
En su relato alegre a este medio, Laura se emociona al recordar que su hija tardó en llorar -y es que a veces no es tan rápido como reflejan las películas-, pero viniendo de la experiencia que venía, tuvo miedo, "fueron unos minutos eternos". Ella reconoce mucha devoción en María Auxiliadora, como toda su familia, y en ese momento, mientras Candela decidía reaccionar ante la vida, recuerda emocionada mirar una imagen de la virgen que tenía cerquita pidiéndole que terminara con el milagro que acababa de vivir rodeada de su familia. Y Candela lloró.
Laura y su hija fueron trasladadas en ambulancia al hospital de El Puerto de Santa María para su reconocimiento y exploración protocolaria, y a los dos días le dieron el alta. Ya están en casa y han podido contar la anécdota del nacimiento cientos de veces. Su principal agradecimiento es a Celia, que en realidad es la mejor amiga de su hermana desde hace 30 años, y es parte de la familia. Sin ella, todo hubiera sido diferente, quiere dejar claro Laura sabiendo que su tranquilidad fue que ella estuviera al frente, como profesional y como amiga.
Momentos como ver a toda su familia en "un caos súper organizado", en el que sin hablar, cada uno asumió un rol, (su marido haciendo las gestiones con la ambulancia, su hermana enfermera con Celia, su madre dándole fuerza sin separarse ni un momento de ella, y su padre pendiente del pequeño) fue algo que no puede explicar; acabar cortándose ella misma el cordón umbilical con su hija en brazos, es algo que tampoco olvidará.
Candela pesó 3,900 kilos, está sana y llena de vida. Aunque Laura reconoce que en su embarazo se le ha echado poca cuenta, al estar pendiente de su otro hijo de apenas dos años, desde luego, asume que su llegada al mundo se ha hecho notar. El destino quiso que todos estuvieran presentes y sabe que va a ser la historia más llamativa que va a poder contar en su vida, se emociona de alegría y se ha contagiado de la fuerza arrolladora con la que ha llegado Candela.
También para Celia, la matrona, será "mi gran experiencia profesional", porque duda que vuelvan a reunirse tantas casualidades juntas: un parto extrahospitalario, en casa de su amiga, en su barrio, con una familia a la que siente como suya... "es lo mejor que voy a poder contar".
Laura ha querido dar las gracias al equipo del DECU del centro de salud porque llegaron rápido, aunque su hija lo fue más, y su presencia permitió finalizar el parto con todo lo necesario para el bienestar de ella y su pequeña.
Candela, si algún día lee este recorte de prensa, ya sabrá que fue la protagonista de una noche de muchas sensaciones, de mucho amor, de incertidumbre y de miedos, pero también de plena felicidad. Seguro que sus padres se hartarán de contarle que en medio de una cadena de muchas borrascas como no se recordaba, ella quiso salir, literalmente, como un rayo, pero en su caso, fue de luz.































El nacimiento | Viernes, 13 de Febrero de 2026 a las 11:41:07 horas
Enhorabuena, ahora Candela es una de las pocas nativas de Rota, porque aquí no nace ninguno, bueno los americanos sí son mas Roteños que los propios nacen aquí, antiguamente nacían aquí por doña Isabelita
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