Elogio del terraplanismo
La dulce conquista de Rota
Por Balsa Cirrito
Como saben, los americanos están que se salen; literalmente que se salen del mapa. Quieren conquistar Canadá. Groenlandia también. Igualmente, un par de senadores han dicho que tendrían que pillar Islandia por si acaso, que está cerquita. Y a Trump de vez en cuando se le escapa que como los mejicanos se pongan un poco Jaliscos les termina de quitar el territorio que les dejaron (en el siglo XIX ya les quitaron más de la mitad del país). Sin duda, Donald Trump quiere conseguir el Nobel de la Paz, y la mejor manera de que haya paz y no se declaren guerras entre países es que no haya países, sino que todos sean parte de los EEUU, y, oigan, es una idea estupenda (aunque las Olimpiadas iban a ser muy aburridas).
Sin embargo, me molesta, me molesta mucho que en este proceso los americanos se hayan olvidado de Rota. ¿Qué pasa con Rota? ¿No somos dignos de que nos invadan? ¿Por qué ese desprecio, eh, por qué? En Rota ya somos medio yanquis, y el que más y el que menos tiene una prima o una tía casada con estadounidense y ha comido helados en el Baskin Robbins de la Base Naval. Hace algún tiempo ya pedí en estas páginas que nos consideraran candidatos a formar parte de los Estados Unidos de América. Es verdad que no estamos en América, pero tampoco lo está Hawai y miren la fiesta que les hacen a los hawaianos.
Por ello, en la actual coyuntura histórica, deberían de mirar hacia nosotros. En Rota, señores yanquis, ya tenemos mucho adelantado para la causa. Por ejemplo, el traje regional de Rota es el chándal, acompañado de zapatos de deportes de colorines, igual que en Harlem. El plato local es la pizza, pero no la italiana, ca, sino la neoyorquina, con sus toppings, que aquí llamamos extras (pero, vamos, que tampoco tenemos problema en llamarlos toppings) y con su masa de consistencia acartonada. Sobre las hamburguesas no digo nada, porque se han vuelto más tradicionales que el gazpacho. Además, en los últimos tiempos hemos adoptado también las gorras de beisbol como tocado típico de la villa, y si bien es verdad que la mayoría de nosotros no tiene ni puñetera idea de baseball, también es cierto que podemos aprender, que los roteños somos le leche de listos.
Señores americanos, estamos dispuestos a ser invadidos, y con nosotros no habría problemas de ningún tipo como con los canadienses o groenlandeses, que no paran de protestar y de poner pegas por un quítame de allá esa bandera. Vamos, es que ni siquiera tendrían que mandar una flota, porque la flota ya la tienen aquí, y ahorrarían ni se sabe cuánta gasolina y cuantas dietas de viaje.
Solo hay una cosa que aclarar, queridos amigos americanos. Se está diciendo que a los groenlandeses, como son pocos, les van a soltar cosa de un millón de dólares a cada uno para que pongan buena cara a la invasión. Nosotros, oh insignes miembros de la gran república norteamericana, estamos dispuestos a dejarlo en setecientos cincuenta mil por cabeza. Y si quieren regatear lo dejamos en medio milloncito. Por medio millón nos hacemos yanquis y del partido republicano si hay que hacerse (calculen, roteños: matrimonio con dos hijos son dos millones; con eso en Rota casi da para comprar un piso de un dormitorio con cocina americana).
Así, estimados estadounidenses, nobles hijos de la patria de Lincoln, téngannos en cuenta, invadan nuestra hermosa población, compénsennos con la pasta y olvídense de Canadá, de Groenlandia y de Islandia, que por allí hace mucho frío y hay mucha corriente, con lo que se van a acatarrar cada dos por tres.
God save America! (but show me the money)































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