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Antonio Franco 4
Sábado, 24 de Enero de 2026

Faltan razones

[Img #277899]A propósito del interés del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica por anexionarse Groenlandia y echando mano de la lógica aristotélica llego a la conclusión de que los argumentos para conseguir tal objetivo no es, ni mucho menos, el de su Seguridad Nacional.


Porque, a ver, si Groenlandia es parte de Dinamarca y este país pertenece a la OTAN, lo más sensato es que esta, la OTAN, refuerce esta zona ante futuras posibles amenazas. ¿O es qué va a estar más defendida si se considera parte del territorio yanqui? Si esa es la verdadera y central razón, llego a la conclusión de que la Organización del Tratado del Atlántico Norte está demás. ¡Cuándo se ha visto que un país aliado sea amenazado por otro país amigo por muy bravucón que sea el coligado! El estrecho de Bering casi comunica el territorio ruso con el estadounidense de Alaska. Poco más de ochenta kilómetros separan ambos países por esa zona. Otra razón para descartar que la pretendida adhesión de Groenlandia a EEUU sea por motivos de Seguridad Nacional.
Detrás de todo este asunto se esconde el interés por acaparar los recursos groenlandeses. Porque, al final, todas las guerras, las invasiones, las colonizaciones... han tenido el mismo objetivo.


El imperio yanqui nos tiene acostumbrado a este tipo de actuaciones. Publicitar ante la opinión pública estadounidense sus excusas para conseguir sus metas haciendo creíbles sus argumentos.


En 1898 los norteamericanos se inventaron el hundimiento de su acorazado Maine para declararnos la guerra. La excusa fue el ataque al Maine por parte de España que se encontraba anclado en la bahía de La Habana. En realidad el objetivo era quedarse en exclusiva con los intereses económicos de la isla. Para ello no dudó el Gabinete del entonces Presidente William McKiuley, ordenar incendiar y hundir su propia embarcación,  La guerra duró apenás nueve meses y supuso el final de los restos del Imperio español. Cuba, Puerto Rico y Filipinas (en Asia) pasaron a ser administradas por EEUU.


Tras la Segunda Guerra Mundial, en plena Guerra Fría, los diferentes gobiernos norteamericanos han metido sus manos en las economías de muchos países.


Pero este texto no pretende llegar a ser, ni mucho menos, una lección de Historia. Tampoco pretendo convertirlo en un listado de intervenciones norteamericanas a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.


Pero podemos recordar un acontecimiento más cercano en el tiempo para darse cuenta de que las excusas para invadir territorios y declarar guerras son variadas.


Para invadir Irak el pretexto era la tenencia de armas de destrucción masiva por parte del gobierno iraquí. No había armas de destrucción masiva, nunca las hubo, aunque lo sabían,  pero derrocaron al dictador, y otrora amigo,  Sadam Huseín, y la administración del petroleo iraquí pasó a manos de empresas norteamericanas.


De hace algunas semanas, para apropiarse con los recursos de Venezuela la excusa fue que el presidente venezolano era el dirigente de un cartel de la droga. En este caso, Donald Trump no se anduvo con tapujos. Lo explicó claramente. El objetivo era controlar el petroleo venezolano.


Volviendo al comienzo de este texto, la excusa para poseer Groenlandia no se sostiene. Aunque, la verdad es que eso al gobierno de Donald Trump le es indiferente.


Con permiso de Unamuno, se podría decir abiertamente al mandatario estadounidense que vencerá porque tiene sobrada fuerza armamentística, pero no convencerá porque para persuadir se necesita algo que a él le falta: razón y derecho.

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  • Hermano Lobo

    Hermano Lobo | Miércoles, 28 de Enero de 2026 a las 20:20:34 horas

    ¿Nada que decir acerca de la invasión.agresión a Ucrania?
    ¿Nada que decir acerca de las ansias imperialistas de Putin, nada?

    Saludos

    Accede para responder

  • José Luis Pineda Acosta

    José Luis Pineda Acosta | Lunes, 26 de Enero de 2026 a las 11:47:44 horas

    ¿Trump puede hacer todo esto solo? ¿Dónde está el resto del estado?
    No, ,Trump no puede hacer todo esto solo. Precisamente por ello, es lo que más me inquieta. En esta parte de nuestra época, lo que estamos viviendo no es la locura aislada de un individuo, es la degeneración progresiva de un Estado y de un orden mundial que decidió tolerar, normalizar y proteger la barbarie cuando esta sirve al poder y al capital.
    Trump es el rostro, no el cuerpo. Es la voz, no el coro. Detrás de él hay instituciones que cedieron, élites económicas que financiaron, aparatos de seguridad que obedecieron, tribunales que retrasaron, medios que han banalizado y sociedades que han sido y siguen siendo anestesiadas por los medios de comunicación, educación,religiones,el crimen, la violencia, el miedo, el odio o simplemente por el espectáculo. El Estado no desapareció: se reconfiguró para servir a intereses cada vez más concentrados y violentos.
    ¿Dónde está el resto del Estado? Está fragmentado, capturado y, en muchos casos, corrompido por diseño. El Congreso se volvió un campo de chantajes, miedo y parálisis; el sistema judicial, era lento, selectivo y ahora coersionado; los organismos de control, débiles frente al poder económico; y el aparato de seguridad, hipertrofiado y deshumanizado. Cuando un presidente acumula poder sin consecuencias reales, no es porque sea invencible, es porque las barreras que debían contenerlo fueron erosionadas y bien planeadas durante décadas.
    Este fenómeno no empieza con Trump. Él es el producto que padecemos hoy de un largo proceso: la conversión del Estado en empresa, la política en marketing, la guerra en negocio, el dolor en estadística. Cuando la rentabilidad sustituye a la ética, el resultado inevitable es la deshumanización. Por eso hoy vemos agentes con licencia para matar, niños convertidos en presas, en pretextos de secuestradores con uniformes federales y los llaman "daños colaterales", pueblos enteros tratados como obstáculos para proyectos económicos, y la paz reducida a un concepto administrativo.
    Existe un factor clave: la impunidad estructural de las élites. Trump ha sido juzgado, investigado, expuesto, y aun así protegido. No porque el sistema no sepa lo que hizo, lo hacen porque saben perfectamente lo que representa: un instrumento útil para deshumanizar, intimidar, dividir y finalmente quebrantar la voluntad. Es un nuevo campo experimental, donde se busca doblegar a los ciudadanos estadounidenses, ahora convertidos en las ratitas del laboratorio de sus propias élites, por primera vez en su historia, estos ciudadanos están sintiendo en carne propia, en su propia casa, lo que han sufrido y lo que les han hecho a lo largo de la historia a otras naciones. Cuando el poder económico encuentra a un líder sin escrúpulos, no lo detiene: lo impulsa.
    A esto súmale la complicidad internacional; gobiernos que callan, aliados cobardes que miran a otro lado, países que firman acuerdos por mediocridad o avaricia. La degradación moral se vuelve contagiosa. La barbarie se globaliza cuando nadie quiere ser el primero en decir: basta. Así, lo que antes era impensable hoy se vuelve "polémico", luego "discutible" y finalmente "normal". Y esto no podemos permitirlo.
    Por eso hablo de una degeneración de la humanidad, no como metáfora exagerada, lo hago como diagnóstico histórico. Degeneramos cuando aceptamos que la manipulación esté por encima de nuestra conciencia. Degeneramos cuando la vida vale menos que el capital. Degeneramos cuando el verdugo puede proclamarse pacificador sin que el mundo se levante indignado. No nos pueden romper, ni arrodillar, ni quebrar nuestra conciencia, nuestro instinto de supervivencia. Tenemos que entender que Trump no actúa solo. Actúa porque puede. Porque el sistema se lo permitió. Porque su mustia madre Inglaterra se beneficia. Porque otros tuvieron miedo. Porque muchos prefirieron el silencio cómodo a la confrontación ética
    La pregunta correcta, entonces, no es solo "¿dónde está el resto del Estado?", es ¿cuántos Estados están hoy dispuestos a convertirse en cómplices? Y esa es la pregunta que definirá a nuestro tiempo.
    Nombrar esto, escribirlo y denunciarlo no es exageración: es una forma mínima de resistencia frente a la normalización del horror. Porque cuando el poder se descompone, el silencio no es neutral: es parte del crimen. Y eso, hoy, el mundo entero tiene que asumirlo.

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  • Edgard Schmidt

    Edgard Schmidt | Sábado, 24 de Enero de 2026 a las 17:45:54 horas

    «Es vergonzoso que Europa se esté arrodillando ante un criminal convicto como Trump».

    «Es importante que los aliados de Estados Unidos de la Unión Europea le planten cara». «No pueden aceptar la complacencia y arrodillarse ante el gánster narcisista Trump. Es vergonzoso y es patético en el escenario mundial. Tienen que decidir sus acciones, pero no pueden hacer lo que han estado haciendo hasta ahora».

    «El machista y mentiroso compulsivo los está tomando por tontos y da vergüenza. La diplomacia no existe con el racista Donald Trump; es un tiranosaurio, le plantas cara o te devora. Los europeos tienen que mantenerse firmes y unidos en su contra.

    «Todos hemos visto lo que pasa en las calles de Estados Unidos. Vimos lo que pasó en el estado de California cuando mandó soldados a una ciudad estadounidense. Convirtió Mineápolis en un estado policial con agentes que parecen soldados de las SS. ¿Vimos lo que hace con ICE, personas asesinadas o que desaparecen?»

    «Esperemos que el mundo por fin se esté dando cuenta contra qué estamos lidiando. No está loco, todo lo que hace es intencional, pero está inestable. Su objetivo siempre es hacer todo lo que él quiera. Todos se ríen a su espalda, pero luego se la están ‘chupando’ en público; es vergonzoso. No es diplomacia, es estupidez».

    Y es evidente que en su política el déspota Trump tiene un gran aliado en la Rusia del nuevo zar Iósif Putin. Ambos están estableciendo un “sándwich” con Europa a propósito de la guerra de Ucrania. Ambos tienen una clara componente autoritaria y autócrata. Son dos claros representantes de una nueva política autoritaria y dictatorial de extrema derecha y con una total alergia a la democracia, tanto a nivel interno como en las relaciones internacionales, donde sus políticas son las de la “ley del más fuerte”.

    “Es tiempo de estar con la espalda recta y tener ovarios y huevos para enfrentarse al mayor esperpento político del siglo XXI". ¡Nuestra libertad va en ello!

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  • Dario

    Dario | Sábado, 24 de Enero de 2026 a las 14:44:10 horas

    Trump es un trum-oso y se le nota a siete leguas no hay mas que ver sus actos de abuson, pero de nuevo se te olvida su amiguito Putin que es un hijo de putin y hay un pique entre ambos a ver quien es el mas cabrito grande. **** a venilla rusófila Antonio... que se te nota bastante..

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