Elogio del terraplanismo
Probablemente voy a molestar con esta chirigota
Por Balsa Cirrito
Sí, es muy posible que lo que voy a decir ofenda o irrite a algunas personas, pero, ¿saben? Que se fastidien (podría haber dicho “que se jodan”, pero soy una persona muy fina). La cuestión es que hemos llevado el miedo a ofender a la categoría de dogma universal, y la persona ofendida es siempre como la madre de Bambi, un ser inocente masacrado por los malos. Cierto que a veces - muchas veces - resulta así, pero es lo que hay.
Digo esto a cuenta de la chirigota Los Stephen Hawking, cuyo nombre real, que nadie pronunciará, es “Una chirigota en teoría”, chirigota que este año se presenta en el Carnaval de Cádiz. La repercusión de la agrupación ha sido alucinante, porque no solo se ha visto reflejada en toda la prensa española, sino también en la extranjera, particularmente en la británica.
En principio, las reacciones - sobre todo las foráneas - han sido de perplejidad. Un, ¿pero qué puñetas es esto? Aunque, luego, la mayor parte de los comentarios han sido positivos, o, al menos, no negativos, entre otras cosas porque la chirigota en cuestión se ha hartado de decir que es un homenaje a Hawking y que la asociación de enfermos de ese mal les apoya, y que van a donar las sillas de ruedas que utilizan en el tipo a no sé qué entidad. Pos vale.
Reconozco que no he escuchado las letras, pero todo ese rollo de mostrarse como una agrupación solidaria y respetuosa me parece una shit, gran shit, qué quieren que les diga, y esa primera impresión positiva que me causaron se ha visto bastante aminorada. Tíos, si os tiráis, tiraos a matar, sin parches ni excusas. ¿Por qué no cachondearse de Stephen Hawking? Sé que esto suena regular, pero no existe nada que no sea cachondeificable. Especialmente en el ámbito carnavalesco.
Se supone que el Carnaval es un momento para atentar contra todos los principios, todas las normas, todos los tabúes, todos los reparos, todos los dogmas. ¿Qué chorrada es esa de un carnaval “correcto”? Lo digo con otras palabras: el carnaval no existe para hacer críticas o comentarios justos o razonables, sino todo lo contrario. Está ahí para ser injusto e irracional. Para soltar barbaridades y estupideces.
Es una catarsis, una liberación de tanto tener que callarnos cosas durante el resto del año. Burlarse de Stephen Hawking (cuando estaba vivo, claro) por su enfermedad y hacerlo en su cara habría resultado un acto miserable, no cabe duda. Pero hacerlo en el carnaval y en el teatro Falla es un elemento para la salud pública.
Seguramente, muchos de ustedes conocen a Ricky Gervais, que es un humorista que se columpia con todo lo que se menea. Su idea básica viene a ser que si alguien se ofende por algo de lo que él dice en su espectáculo no significa que el ofendido tenga razón. Con no mirar sus actuaciones le llega. Y pone un ejemplo. Recibió - cuenta - muchos ataques en redes sociales por una serie de chistes que hizo sobre las personas que padecen alergias o intolerancias alimenticias. Y citó a una madre que le escribía diciéndole que su hija de nueve años tenía no sé qué problema de ese tipo y que sus chistes sobre intolerancias le resultaban repulsivos. Gervais respondió con el siguiente ejemplo: “Imaginen que vamos a cenar y tenemos un asiento libre, por lo que necesitamos un último invitado. ¿A quién invitarían ustedes antes, a Adolfo Hitler o a esa niñita de nueve años que nos va a amargar la cena diciendo que no puede comer esto y no puede comer lo otro. (Pausa). A Hitler, desde luego”.
A lo que voy. Respetar a las personas está bien, es estupendo, sin duda. Pero tenemos que conservar una vía de escape. No podemos ser todo el tiempo comedidos y ponderados y resilientes e inclusivos, tratando de no ofender con un chiste, porque siempre, siempre, siempre, habrá alguien que se sienta ofendido por algo. En ciertas ocasiones hay que ofender incluso cuando quien se mosquea tiene buenas razones para mosquearse. Personalmente solo creo que debe existir un límite. Si vas a hacer un chiste incorrecto, el chiste debe ser bueno. Si no, no lo hagas.
PD- Hace cosa de un mes escribí en estas mismas páginas un artículo quejándome del espantoso estado del servicio de ferrocarril en España. Y no es que yo sea muy agudo, es que resulta muy evidente. Y ahí andamos.

































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