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Redacción
Domingo, 18 de Enero de 2026

Cuando la familia ocupa un lugar que no le corresponde (por Luis Estévez Tamariz-Martel)

Sobre los sistemas de apoyo pensados para la vulnerabilidad que, por su gestión, acaban generándola en todos los implicados

En nuestra sociedad existen mecanismos pensados para acompañar situaciones familiares complejas: servicios sociales, atención sanitaria, mediación y recursos judiciales. Sin embargo, en la práctica, estos apoyos llegan tarde, de forma fragmentada o, directamente, no llegan. El resultado es que muchas familias acaban afrontando solas problemas que desbordan claramente el ámbito privado.

 

Cuando no existe una respuesta institucional clara, coordinada y eficaz, la familia se convierte en el único espacio de contención. Se espera que resuelva conflictos, evalúe situaciones delicadas, tome decisiones complejas y gestione tensiones prolongadas sin el respaldo técnico necesario. Esta sobrecarga supera con frecuencia la capacidad real de las familias y resulta profundamente ineficaz.

 

El problema no es la falta de recursos sobre el papel, sino la incapacidad de los distintos agentes implicados para ofrecer una respuesta conjunta que evite la cronificación de los conflictos. Sanidad, servicios sociales, justicia y mediación actúan a menudo de manera aislada, sin una visión global del problema ni una intervención temprana que frene su deterioro.

 

Cuando las situaciones se alargan sin una evaluación técnica adecuada y sin una intervención coordinada, las consecuencias se multiplican. Los conflictos se enquistan, las relaciones familiares se deterioran y el impacto acaba extendiéndose al entorno social y vecinal. Lo que podría haberse abordado con apoyos a tiempo se transforma en un problema persistente de vulnerabilidad para todos los implicados.

 

Esta falta de eficacia no solo genera sufrimiento personal, sino también un uso ineficiente de los propios recursos públicos. Intervenciones tardías, procedimientos largos y respuestas parciales consumen más tiempo y más medios que una actuación temprana, clara y bien coordinada.

 

Aceptar que la familia no puede ni debe asumirlo todo no es una renuncia a la responsabilidad, sino una exigencia de madurez institucional. Los apoyos existen para prevenir, para ordenar y para proteger, no para llegar cuando el daño ya no se puede revertir.

 

Luis Estévez Tamariz-Martel.

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