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Carlos Roque Sánchez
Sábado, 17 de Enero de 2026

Cinco "malotes" de novela

[Img #277698]De mi adolescencia. Lo aclaro de entrada porque la Opinión de esta semana me surgió de una charla con mis nietos, ávidos lectores como su padre, y un posterior repaso visual a su biblioteca, unas acciones que le he de confesar me dejaron bien a las claras no ya cuan diferentes son sus preferencias con respecto a las mías -no en vano nos separan algo más de sesenta años, el signo de los tiempos que dicen algunos-, sino también qué distintos son sus ficticios “buenos” y “malos”. Precisamente de estos últimos le escribo, de una manita de “malos malotes”, antagonistas de otros tantos héroes en principio los protagonistas de la ficción novelera, y que les relaciono en orden inverso a su publicación literaria.

 

Profesor Moriarty. Solo aparece en unas pocas líneas de El problema final, uno de los 56 relatos cortos de Sherlock Holmes, escrito por el escocés Arthur Conan Doyle y publicado originalmente en 1893 en The Strand Magazine. Pocas líneas le decía, pero más que suficientes para convertirlo en el archienemigo por excelencia, quizás el más emblemático de la literatura, es por supuesto solo mi, más que prescindible, opinión. Y como todo buen “malote” Moriarty es un desalmado asesino, un villano calculador e inteligente servidor del mal, capaz de crear una extensa red de criminales indetectable por toda Europa. Le recuerdo que es el responsable, en la ficción, de la muerte del clarividente detective, algo que no le perdonarán a su autor, Conan Doyle, los millones de seguidores de las aventuras de Sherlock Holmes.

 

John Silver ‘el Largo’. Es el pirata de la pata de palo de la novela de aventuras La isla del tesoro, escrita por el escocés Robert Louis Stevenson y publicada en libro en 1883. Y poco más hay más que decir de quien se trata, sin lugar a dudas, del pirata más famoso de la literatura a quien su sagacidad, maldad, falta absoluta de moral, ambición y codicia convierten en un enemigo muy, muy, peligroso y sanguinario. Un enemigo con la pierna amputada por el muslo y acompañado siempre de su loro el Capitán Flint, otro que tal anda, que deambula por una novela pletórica de aventuras, barcos, piratas, tesoros escondidos en islas recónditas y mapas con una X dibujada en ellos; una señal gracias a la cual los adolescentes de mi quinta aprendimos que marcaba el lugar donde se hallaba oculto.

 

Inspector Javert. Quizás el más ambiguo de los malotes que le traigo, pertenece a la novela Los miserables del escritor francés Victor Hugo y fue publicada en 1862; ella, una de las más importantes del siglo XIX y él, uno de los más destacados en lengua francesa. Los miserables, más allá de las reflexiones morales y obligaciones cristianas, es la historia de un fugitivo, Jean Valjean, que intenta escapar de su carcelero el ambiguo inspector Javert que representa la ley, pero no la justicia. Un hombre recto, sin ánimo de venganza, estoico y obsesionado por hacer lo correcto, pero de una forma tan desconsiderada que le llevará a la perdición de su espíritu y la condena de su alma.

 

Conde de Rochefort. Por si no cae es el archienemigo de D’Artagnan (“el de los tres mosqueteros”), personaje de la inmortal novela del escritor francés Alexandre Dumas, padre (1802-1870) autor entre otras de Los tres mosqueteros publicada en 1844. Un calculador, frío, cruel, astuto asesino al servicio del Cardenal Richelieu y leal escudero de la siniestra Milady de Winter (también conocida por otros nombres) que, a pesar de ser un personaje literario secundario representa el arquetipo de villano que será replicado por la siguiente generación de escritores. Es el que aparece con una cicatriz de bala en la sien en el primer capítulo, burlándose del caballo de D’Artagnan y quien, para más inri le roba la carta de recomendación dirigida al señor de Tréville, lo que no fue una buena idea como bien sabe.

 

Claudio. Es el tío de Hamlet -asesino de su padre para usurpar el trono y casarse con Gertrudis, su madre- en la obra La tragedia de Hamlet, príncipe de Dinamarca del dramaturgo inglés William Shakespeare, que está ambientada en Dinamarca y nos narra los intentos del príncipe por vengarse de su tío Claudio. Una obra para la que su autor probablemente se basara en una leyenda y en una obra isabelina extraviada, y para la que no tenemos una fecha en concreto de creación, quizás a principios del siglo XVII ¿1603? Un personaje, Claudio, que ni decirle tengo ha pasado a la historia de la literatura como arquetipo de mal gobernante, rey traidor y asesino, todo en uno por así decirlo, un ser déspota, autoritario y sanguinario. “Algo huele a podrido en Dinamarca”, dice la consabida frase que utilizamos para referirnos a una situación que no está bien a pesar de que lo parece, y todo apunta a que tiene su origen en la podredumbre política de esa literaria corte danesa. Y hasta aquí mi manita de malos malotes que me molan, ¿coincide con la suya?

 

CONTACTO: [email protected]

FUENTE: Enroque de ciencia

 

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