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Antonio Franco
Sábado, 10 de Enero de 2026

Europa se queda sola

[Img #277366]La impunidad del gobierno de Estados Unidos para atacar Caracas, la capital de Venezuela, está asegurada. Con la excusa de que el presidente venezolano suponía un peligro para la integridad del país por ser el responsable del tráfico de cocaína hacia los Estados Unidos, decidieron por su cuenta secuestrarlo, atacando Venezuela, para juzgarlo en Nueva York. La violación del Derecho Internacional recogido en la Carta de las Naciones Unidas es palpable. Estados Unidos no será condenado por el Consejo de Seguridad dado el derecho a veto que posee dentro de él.


Donald Trump encontró un resquicio para atacar Venezuela. No había una declaración  de guerra previa, por lo que no tenía por qué elevar la propuesta al Senado. Aplicó la norma de que las actuaciones del gobierno venezolano iban en contra de la seguridad  de los Estados Unidos. Los mismos argumentos que defiende Vladimir Putin para anexionarse las regiones del Dombás.


Preocupante sería que China actuase del mismo modo con la isla de Taiwán a la que considera parte de su territorio.


Hay que recordar que finalizada la Segunda Guerra Mundial, los países firmaron la Carta de las Naciones Unidas en la que se condenaba a los que tuviesen pretensiones expansionistas para evitar otro conflicto como el que provocó la Segunda Guerra Mundial. Geoffrey Robertson, presidente de la ONU para los crímenes de guerra, afirmó estos días en la prensa que “el ataque dirigido por el gobierno de Donald Trump es contrario al artículo 2.4 de la Carta de la Naciones Unidas”. “La realidad-afirmó- es que ha cometido el crimen de agresión que el tribunal de Nuremberg calificó como el crimen supremo, el peor de todos”.


La excusa para negar este ataque ha sido la negación en un principio por parte de Donald Trump de considerar a la oposición venezolana como alternativa, desde ya, del gobierno de Venezuela. Supongo que su declaración ha causado cierto estupor en la diáspora venezolana y entre los dirigentes venezolanos de los partidos de la derecha ideológica. Ha quedado claro que a Donald Trump los derechos de los venezolanos contrarios al gobierno de Nicolás Maduro les importa más bien poco, o nada. Para Donald Trump, el control de Venezuela es sólo un negocio.


Necesitaba la liberación del petroleo venezolano y el presidente Maduro le daba la excusa perfecta para conseguirlo. Su equipo de consejeros le ofrecieron la coartada perfecta para saltarse la Carta de las Naciones Unidas que su propio país abanderó en 1945.


Europa ante esta situación actúa de una manera timorata. A los países de la Unión Europea se les ha ninguneado toda propuesta de paz en la guerra de Ucrania. EEUU ha exigido más inversión en armamentos de la industria norteamericana y, casi todos los países de la OTAN han aceptado el mandato.


Que las empresas petroleras controlen el crudo venezolano ya lo ha conseguido.


Si la impunidad prevalece frente al Derecho Internacional por mor de los negocios del mandatario yanqui, el futuro se puede tornar oscuro.


La amenaza del aumento de aranceles provoca el efecto deseado en el resto de países. La dependencia del imperio es palpable. El Mundo girá hoy en torno a los intereses del imperio norteamericano, igual que giraba en los siglos XVI y XVII en torno a España.


Si, para más inri, ni siquiera en Consejo de Seguridad es capaz de tomar cartas en el asunto, el mandato de Donald Trump puede ser una pesadilla, no sólo un mal sueño pasajero.


Podemos estar asistiendo a un nuevo orden mundial o, tal vez, hace tiempo que este comenzó. Y, en ese nuevo orden, no parece que la vieja Europa vaya a tener mucho peso. El pesimismo es palpable, tristemente real.

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